Capítulo 1 Noviembre

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Despierto por el peso de mi gata, Kira, sobre mi estómago. Voy hacia la ventana y corro las cortinas. Me quedo allí de pie hasta que mis ojos se acostumbran a la luz otoñal de la mañana que acaba de inundar mi habitación. Abro mi armario para escoger la ropa que me pondré, elegí unos vaqueros azules y un jersey rojo. Hago la cama con Kira siguiéndome a todos lados, cuando entro en el baño, ella se acurruca junto al lavabo. Encojo los dedos de los pies al notar el frío de las baldosas. Me echo agua en la cara para despertarme y al levantar la vista veo lo de siempre, una pared azul y delante una chica flacucha, con los ojos marrones y el pelo castaño rebelde como de costumbre. No importa lo que haga, siempre está despeinado. Con un suspiro salgo del baño para coger mi mochila y bajar a desayunar. En la cocina encuentro a papá, esperando para sacar las tostadas.

-Buenos días Evangelin.-Saluda.

Me sonríe, pero no porque esté contento, más bien para decirme que está bien. Tiene la mirada triste y cansada, aunque no se nota en su aspecto. Es un hombre normal: moreno, alto, ojos marrones, vestido con su traje negro de abogado perfectamente planchado. Cojo el plato con las tostadas y me siento en la mesa. Sentada a mi lado se encuentra mi hermana mayor, Emma. Todo en ella es perfecto: su pelo dorado impecablemente cortado por encima de sus hombros, grandes ojos marrones enmarcados por unas largas pestañas y con el reflejo de la ventana en ellos. Lleva una camiseta blanca, una chaqueta marrón a juego con sus tacones, una falda vaquera por las rodillas y unas medias negras.

Me mira y vuelve la mirada a su desayuno: un vaso de zumo de naranja y una tostada con mermelada. Empiezo untando mantequilla a la mía mientras bebo a grandes sorbos mi cola-cao.

-Así vas a acabar engordando.-Me dice Emma.

-Así vas a acabar engordando.-repito burlonamente.

-Eres muy infantil.

Me encojo de hombros, serlo no es tan malo. Justo en el momento en que le voy a sacar la lengua sin que se dé cuenta, llega papá. Nos da un beso a cada una y se va a trabajar. Antes le gustaba estar aquí, cuando aún vivía mamá, pero después de su muerte a causa de La Marca, nuestro mundo, y sobre todo el suyo, se derrumbó. Termino rápidamente de desayunar y mientras lo recojo suena el timbre.

-¡Ya voy yo!-grita Emma. Abre la puerta.-Es Christopher.

Chris, mi mejor amigo desde hace años. Entra con su característica sonrisa en la sala. Tiene los ojos verdes y el pelo castaño, más corto por los lados que por el centro. Es más alto que yo y como va vestido completamente de negro (con una sudadera y unos vaqueros) intimidaría a mucha gente, a no ser que le conozcas de verdad.

-Hola, ¿todavía no estás preparada?-Dice sonriendo y mirando mis pies descalzos.

-Ya voy- Corro a mi habitación para coger mis zapatos, el abrigo y la mochila.

-Debería adelantarte el reloj para que estuvieses más o menos a tiempo.

-Aún así conseguiría llegar tarde.-Respondo.

-No me sorprendería.

Salimos de casa y cierro la puerta. Chris y yo vamos juntos y mi hermana va sola hasta que llega a casa de su amiga Zoey. Camino por el bordillo haciendo equilibrio, con ayuda de mi ayudante. En cierto momento mira a mi hermana y menea la cabeza. Ellos dos serían como una pareja de serie de Disney Channel: guapos, populares, sonrisas perfectas.... Desecho esa idea, él y Emma nunca se han llevado bien y no creo que llegue a pasar nunca.

Llegamos al instituto. Chris me acompaña a la taquilla y resopla al ver que todavía dudo al coger mis libros, ya que él se lo sabe entero. Caminamos por los pasillos evitando a los deportistas creídos y a las animadoras tontas que van por el centro y no te dejan pasar. La mayoría de los alumnos tienen la vista clavada en sus móviles o en sus parejas, yo miro mis pies y al levantar la cabeza veo a todas las chicas a las que se les salen los ojos de las órbitas cuando pasa Chris, luego sonríen y cuchichean con sus amigas. Él no las ve, tiene la mirada puesta al frente, camina seguro, como si este fuese su territorio, aunque no es su sitio favorito. De vez en cuando saluda a algunos chicos del equipo de fútbol que le felicitan por el partido del otro día, no lo vi, eso no me interesa demasiado.

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