1. La pequeña mentirosa.

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Anne deseaba tener una vida feliz. Rodeada de personas que en verdad la aman y se preocupan por ella y su bienestar, por saber si estaba bien o no y, por qué no, conocer la razón de ello. Deseaba tanto vivir en el centro de la ciudad, con una casa nueva y grande, muy grande. Y para cumplir su deseo Anne necesitaba dinero.

Pero ni Anne ni su madre, Margie, tenían dinero. Lo cual arruinada el deseo de Anne.

Cuando Anne tenía alrededor de siete años su padre murió, o al menos eso le conto su madre. Desde entonces su madre tuvo que empezar a trabajar para poder sobrevivir, aunque sea por poco más de tiempo. Pero, al no tener estudios ni haber intentado trabajar alguna vez en su vida es muy difícil conseguir trabajo. Por lo cual terminó trabajando como prostituta o bailarina exótica, como ellas preferían llamarle.

Así que Anne no tenía a su papá y le daba mucha pena que sus compañeros de la escuela se dieran cuenta del trabajo de su madre, aunque ella a su corta edad no lo entendia muy bien. Por lo que optó por las mentiras. Son mentiras blancas, pensó, no dañarán a nadie.

Al principio le fue muy bien, era muy fácil eso de mentir. Solamente lo planeas bien y lo cuentas con seguridad. Y aún más fácil de que creyeran la mentira.

—¿Dónde trabaja tu mamá? — le preguntó uno de sus compañeros, Joseph.

—En un banco.

Pero lo que Anne no sabía era que en la escuela hay un día para que lleven a los papás y estos se presenten frente a toda la clase. ¿Ahora qué voy a hacer?

—Señorita Morgan...

—¿Qué sucede Anne? — preguntó su profesora a la pequeña niña de tan solo ocho años.

—¿Qué pasa si mi papá no puede venir?

—Bueno, pues traes a tu mamá—dijo la sonriente señorita Morgan.

Anne no sabía que hacer, no le iba a mentir a la Señorita Morgan, ¡era su profesora! Pero a veces hay que tomar unos cuantos riesgos en tu vida.

—Mi mamá está muy ocupada, no creo que pueda venir— mintió.

La Señorita Morgan se quedó pensativa. Buscando una solución, como acostumbraba a hacer muchas personas. Buscar solución a algo que no tiene solución. Pero de pronto, la señorita Morgan tomó una hoja y su pluma; una muy elegante pluma que decía que ella tenía dinero.

—Bueno, yo le escribiré una nota a tu mamá— dijo mientras escribía en el papel.— Seguro que puede hacer un espacio para su pequeña hija.

Y vaya que lo hizo, Margie amaba a su hija, por ello se enojó cuando se dio cuenta; un día después, de que su hija no la llevó a la escuela. Pero no le dijo nada, decidió que tratar mal a su hija no iba a arreglar algo que ya pasó.

Margie se aguantó tanto tiempo de los desprecios de su hija, pero lo hizo porque la amaba y tenía la filosofía de nada gano si la trato mal. Así que decidió seguir en su trabajo para tener el dinero para que su hija no tuviera su mala suerte.

Sin embargo, Anne no quería entender y cuando entró en el colegio decidió decirle a su madre todo. Todo por lo que había sufrido a lo largo de su vida. Tal vez me entienda, pensó esperanzada, se lo diré por la mañana cuando regrese.

—¿Mamá...? —susurro Anne al día siguiente.

—¿Si hija? — contestó su ya cansada madre.

El corazón de Anne latía tanto y tan fuerte que ella aseguraba que en el otro lado del mundo podían escuchar su latido. Tomó aire y dejó salir todo.

—¿Por qué no puedes ser una mamá normal?

Margie se quedó en silencio. ¿Mamá normal?

—Cariño, ¿a qué te refieres?

Tan estúpida es mi madre, pensó Anne.

—Ya sabes, dejar de avergonzarme...— dijo, pero al ver la cara de su madre agregó: — Dejar de prostituirte y conseguir un trabajo normal. ¡Me avergüenzas! Tú y tu trabajo de... de prostituta. Me das asco. No sabes cuánto desearía tener una mamá normal con un trabajo decente.

La cara de Margie al escuchar todas esas palabras salir de la boca de su amada hija Anne, era indescriptible. No lo podía creer, era como si todos los puñales del mundo le hubiesen pasado por el corazón una infinidad de veces. Sintió un vacío increíble luego de soportar todos los maltratos para que Anne no pasara lo mismo que ella. Y entonces lloró.

—Hija...— Margie se acercó a su hija— no sabes que todo esto lo hago por ti. Para que no sufras como yo...

—¡No mientas mamá! — gritó Anne.

Y algo cambió dentro de Margie, vio que todo su esfuerzo por ser buena con su hija no valió la pena. Si ser buena madre no funcionó, pensó llena de maldad, seré una mala madre.

—Dijo la pequeña mentirosa— escupió  Margie.

Y entonces levantó su mano y le abofeteó. 

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⏰ Last updated: Apr 22, 2017 ⏰

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