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0_ La fiesta de los espíritus.

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Ella era una madre soltera. No soltaba la mirada del volante, iba en un viejo auto, el de su hermano para ser precisos, le había dejado en la hoja de muerte, como un testamento, eso y que cuidara de la niña que más quería, la misma que viajaba a un lado de ella, dormida en el asiento del pasajero.
-Puede estar en frente de la PC por más de seis horas, pero no aguanta unas dos horas y media de viaje, ni que estuviera lejos la casa de su tío.- Suspiraba.
-Hambre... -Susurraba la niña a la respuesta de su madre
-Sí, siempre la tienes.- Sonríe- Pequeña Lucy.

Lucy tiene diecisiete años, aunque lleve encima poca edad y una estatura media a las demás chicas de su instituto, es una chica fuerte y madura, a menos para alguien de su edad. Su Madre, treinta y siete años, soltera y con títulos en derecho y márquetin, las dos iban a la casa de un ser querido, la casa del tío de Lucy.
El viejo Toyota se estaciona después de un par de horas pasando campos y arboladas de pinos, la joven se baja y observa la gran cabaña hecha de troncos, poco asombro le genera verla por primera vez, a esto sacude su vestido azulado con motas blancas en los bordes de la falda.
-Bueno pequeña, llegamos.- Se estiraba la mujer bajando del auto y poniéndose a un lado de la niña-¿Quieres que te enseñe la cabaña o lo descubrirás por ti misma?
Karen tiene unos jeans azules y una camisa blanca floja, recostándose por el auto cruza los pies, como si de una bailarina se tratase y apoya su espalda por la puerta para así, hacer sonar su espalda.
-Das miedo cuando haces eso.- Ríe Lucy- Lo haces apropósito.
-¿Y bien?
-Bueno, para algo me quitaste de mi cueva.- Cruza sus brazos para ir a dirección de la cabaña
-Bajare el equipaje, no te alejes mucho.- Exclamaba Karen
La cabaña era totalmente de troncos, aun estando en un país tropical, el dueño lo había levantada con la mentalidad de que sea un lugar cálido, hogareño y espacioso. La zona en donde estaba era casi aislada, algunos cientos de metros de ahí habían otras casas más humildes, el de los agricultores, pero casi nadie pasa por aquel lugar tan apartado de la vista de Dios, era un lugar tranquilo donde el silencio de uno era su paz, y eso era suficiente... A sí, la casa más cercana esta a cincuenta metros.

Las grandes plagas como los insectos y los arbustos se estaban a punto de apoderar del lugar, un sin contar de hierba se levantaba por las escaleras que llevan a la puerta principal, ¡Un ejército de plantas!¨ Pensó Lucy ¨Quieren tomar el lugar como suyo, ¡Insectos!¨ Con un palo cerca suyo e imaginando que era una espada, empieza a abrirse paso hacia la puerta golpeando todo pequeño arbusto o hierba que se atravesara. Una vez abierto el camino lo levanta en señal de triunfo ¨45 puntos de experiencias ganado¨.
-¡Lu! ¡No vayas a romper nada!- Gritaba Karen sacando las llaves del auto para abrir el capot.
-Ni que fuera una niña.- Murmura Lucy cruzando los brazos
Sin poder abrir la puerta decide rodear la casa, hiendo a la parte de atrás de la misma se haya con un gran granero hecho de chapas.
-Vaya castillo.- Ponía lo que ella creía su espada de madera al hombro-Aquí edificare el mayor fuerte anti hombres del país...
¨Estoy tan aburrida que solo me queda pensar como niña... Necesito salir más¨ Piensa acercándose al mismo.
Abriendo las grandes puertas del granero encuentra una gran losa cubriendo, lo que parece un auto.
-Quizás era de tío.- Murmura Lucy
Adentrándose, observa pilares de leña cortada en una esquina, cubierta por plantas trepadoras, en realidad, todas las paredes la tenían y en esa época del año, les crecía unas flores de un color hermoso, amarrillas con un degradado lineal desde el borde hasta el centro de las mismas.
-Estrellas de la mañana.- Murmura Lucy al observarlas- Una de ellas me hace intocable ante las tortugas del Rey verde.- Haciendo referencia a sus vídeos juegos.
Recorriendo toda la planta baja, solo ve que hay muchas herramientas sin uso, marchitadas en el oxido que las hace inútiles de volver a usar.
-Triste... ¿He?- Susurraba Lucy al escuchar un sollozo.
Venía del segundo piso del lugar, ahí donde guardan el salvado y la paja. Lucy paso el tacto por la escalera de madera que se encontraba frente suyo, esperando ser escalada.
-¡Lucy! ¡Ayúdame un momento!- Se escuchaba a Karen en lo lejos
La niña suelta la escalera y gira a ver la entrada, de nuevo la escalera e ignorando lo que escucho se larga sin ver atrás.
-Hable ya con el granjero de por aquí, mañana nos prestara herramientas para limpiar el lugar.-Abría una botella de refresco mientras le servía a su hija- Serán las mejores vacaciones cuando, este lugar quede limpio de toda estas hierbas-Se acomoda en la silla mientras observa a su hija
-En lo más alto del castillo un joven aventurero lloraba su destino, jugando, encontró un doloroso final.- Escribía Lucy en su celular.
La sala se limpio en el día, así que los muebles de madera ya no estaban cubiertos por el polvo, como solo había luz en cierta parte de la cabaña, las mujeres prendieron velas, la mesa fue un tronco que fue revestido para parecer decorativo y conminaba bien con la decoración.
-¿Estaba buena la carne?- Pregunta Karen
-Ya sabes la respuesta, siempre esta buena.
Un silencio invadió el lugar...
-MA- Exalta Lucy
-S... ¿Sí?
-Carol me dijo que los hombres lobos son inmunes a cierto tipo de plata, ya que no tienen el mismo material que el que es cien por ciento plata.- Tomaba Lucy su copa de refresco.
-Interesante... ¿Quién es Carol?- Ríe la madre
-¿Mi mejor amiga desde segundo grado?- Señala Lucy
-¡Ha! ¡Sí! ¡Si la gordita! ¡La rubia!- Exclama Karen sonriendo
-No mamá, esa es Luisa, ella va un año menos que yo.- Reacciona Lucy
Karen casi se ahoga con la bebida que se sirvió.
-¿En, enserio? -Se servía un poco más de la comida.
-Siempre te cuento de ella en las noches.- Señala Lucy
-¿Cuándo yo estoy babas? -Señala mientras se come un gran pedazo de carne.
Mira a su hija, esta niega con la cabeza y vuelve al celular, a esto Karen intenta defenderse pero se da cuenta que aun tiene comida en la boca, la traga y...
-Es gracioso.-Ríe un poco-Me pasaba lo mismo a mí y a mi hermano.- Señalaba Karen
-¿Enserio? ¿Qué cosa?- Preguntaba Lucy levantando la mirada de nuevo
-Mamá era distraída de esta manera, era una mujer muy ocupada en su trabajo, y siempre confundía nombres.
-No creo, la abuela siempre se acordó de mi nombre, no como otras que suelen cambiarles los nombres a sus nietas.
-Pero mamá lo hacía, se sabía el nombre de más de mil clientes, pero no recordaba con quien salíamos o quienes eran nuestros amigos, y eso que éramos muy poco sociables, no teníamos muchos amigos, mi hermano llego a tener solo dos y yo unas, quince.-Dejo de comer- Uf, ya estoy satisfecha.-Subía sus pies en la silla y los cruza, mientras tomaba otro trago de refresco.
-¿Solo quince? ¿No son ya muchas amigas?- Señala Lucy
-No para una mujer.- Le guiñe.
-¿A mi edad no estabas experimentando con eso?- Preguntaba Lucy
Karen suelta mucho de su refresco por el suelo por el comentario.
-¡Niña!- Exclama Karen
-Digo, ya sabes, la típicas tonterías con la gaseosa y el refresco de cola, cuando los mezclas y ¡Pum! Explota.- Reía
-Las macanadas eran cosas de tu tío.- Callaba al notar que había tocado un tema algo sensible...
Aplaude fuerte y se levanta.
-¿Estas llena como yo?- Pregunto Karen a su hija
-Estoy por reventar.
-Entonces no hay postre.
-¡No! O sea, sí, quiero mi postre.- Sonreía Lucy en tanto Karen iba a la cocina riendo.

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