Hm. Hola, no soy buena en los comienzos... o finales, pero supongo que "hola" puede funcionar ¿no es cierto?. Me llamo Sandra y tengo dieciséis años, un padre, una madre, un hermano mayor y un gato llamado Pirujo, lindo, lo sé. Acabo de mudarme a la ciudad y en consecuencia tengo un nuevo colegio mas conozco gente de por acá puesto que me la paso demasiado en el internet así que algunos asisten a este colegio. En fin, ¡este es mi primer día y por nada del mundo dejaré que se arruine!.
— ¿Qué? — Grité por décimo tercera vez.
— Cariño lo lamento pero esto se llevará un rato — Respondió la señorita del otro lado del mostrador.
Bien, bien, ¿recuerdan que dije "nada del mundo," pues probablemente si fue algo o alguien, es decir mi hermano mayor al despertar tarde.
¡Engendró del mal!
— ¿Cómo es posible que una simple cosa como imprimir un horario se lleve dos horas? — Cuestione ya un poco impaciente, nótese el sarcasmo.
— Escucha, no eres la única en querer entrar a la secundaria entonces tienes que esperar. — Respondió. Bruja de cabello bonito.
— Bien — Finalice mientras me sentaba en la pequeña sala caoba del centro.
Debí al menos traer mi libreta de dibujo para entretenerme, aunque mínimo traje mi teléfono, así que lo tomé al igual que mis auriculares y puse la canción "I love you" de OMFG, sinceramente no tengo un género musical definido pero esas son las cosas buenas de la vida, no tener que seguir una moda regular y poder disfrutar de cada género, comida, vestuario, etc.
Dos horas después.
— Bueno, he de suponer que ya pasó el tiempo necesario, ¿verdad? — Pregunté exasperada.
— Sí, justamente ahora salió tu horario — Revisó una carpeta amarillenta llena de papeles — Aquí tienes, le diré a alguien que te guíe.
— Gracias — Sonreí sincera.
Un chico de altura mediana y piel pálida me guió hasta mi segundo período pero en el trayecto me hacia preguntas y decía cosas graciosas, se llamaba Josh y se me hizo un chico con el que me gustaría tener otra charla.
Una vez que sonó la campana todos salieron de sus clases como chivos descarriados más no pude evitar mirar a un chico alto de cabello negro con mechón rubio, el era de piel morena, podía casi jurar que era latino pero realmente atractivo, aunque se me hizo muy familiar. Él giró y me miró, al igual que yo me miró por un momento y entre cerro los ojos como pensando, sonrió y caminó hacia mi.
— Hola pequeñita — ¡Momento!.
— ¿Dan? — Cuestioné.
— El mismo que viste y calza.
Una sonrisa de oreja a oreja apareció en mi rostro y como resorte brinque a sus brazos rodeándole por el cuello, él a su vez rodeo mi cintura con los mismos e inundó su cabeza entre mi cuello y hombro.
— No puedo creer que al fin te conocí — Dije entre risas.
— Eres más pequeña de lo que dijiste — Río en broma.
