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-Madison deberíamos parar.
Lo que esta chica ejercía sobre
mi era sobrehumano, estaba enamorada de ella desde los seis años y después de convertirme en el quarterback del equipo y ser el chico más popular del instituto había aceptado, y es que Madison South era la chica que todo tío querría para pasar el resto de su vida.

Su cuerpo estaba trabajado debido a que era la capitana del equipo de animadoras, sus facciones eran casi perfectas y su pelo pelirrojo pero en perfectas capas no dejaba indiferente a nadie, a parte de esos ojos verde esmeralda que eran la envidia de todas las chicas y el deseo de muchos tíos, pero finalmente ella era mia.

-Tienes razón-y puso las manos en mi pecho para recuperar el aliento, estábamos enrollándonos en el cuarto de baño y las clases empezaban dentro de cinco minutos, bueno eso, y que como alguien nos pillase nos caería un castigo después de clase, la presencia de tíos en el cuarto de baño femenino no estaba bien visto.

Madison se arreglo su miniscula falda tambié mientras yo me ponía mi camiseta blanca, ambos sonreímos cuando ya estábamos decentes.

-Te veré a la hora de comer-y me besó.

-Sí, está bien-y volví a besarla pero esta vez con más ímpetu.

-Daw, tengo que ir a clase-y rió al ver que yo intentaba seguir con lo de antes.

***

-Sabemos que has pasado un año duro, Jamie, no queremos presionarte pero...

Aquí estaba de nuevo, escuchando ese discursito psicológico sobre la pobre y huérfana Jamie Clarckson, sí, mis padres habían muerto en un accidente de coche y el día de mi cumpleaños y sí, odiaba al mundo entero y estaba enfadada conmigo misma pero eso yo ya lo sabía y no hacia falta que ninguna directora entrometida me diera un discurso sobre ello.

Mi tía Spencer supo de mi hará unos meses, no se llevaba muy bien con mi padre pero en cuanto supo que estaba en un orfanato y que no tenía hogar alguno se compadeció de la pobre Jamie y ahora vivo en su casa, para ser exactos en Redmond, un pueblo a las afueras de Seattle de gente rica y que viven de las apariencias.

-Así que puedes empezar otro día, no hace falta que sea h...-¿esta mujer no pensaba callarse?.

-Tranquila señora Maxwell, lo de mis padres está más que superado, no voy a cortarme las venas en el baño o a matar a un compañero que me hable sobre sus maravillosos padres.

-¡Jamie!-grito mi tía en tono de reproche, estaba pasando vergüenza y lo sabía por su mirada fulminadora y sus mejillas que se iban tiñendo de un rojo intenso.

-Está bien-parecía realmente confundida-puedes irte a clase-asentí y cogí mi mochila del suelo, no quería estar en ese impecable despacho ni un segundo más-Spencer, necesita ayuda...-fue lo último que escuche antes de salir de aquel habitáculo infernal.

Ahora lo siguiente sería entrar en clase y pasar todo lo desapercibida que pudiese, durante los últimos meses había subido algo de peso y aparte de odiar al mundo entero también me odiaba a mi misma, así que prefería pasar lo más desapercibida posible, no quería ni miradas de pena y a los que me las echaran de asco deberían estar preparados para la ira de Jamie.

-Buenos días-un profesor muy joven entro en la sala, yo estaba al final de esta intentando concentrarme en el libro que había empezado a leer "Cómo sobrevivir a la adolescencia no siendo popular".

-¡Atención chicos!-el profesor hizo callar a todos y llamo mi atención que enseguida cerré mi libro y mire a donde él escribía algo en la pizarra.
"¿Quién soy?" algún gracioso de turno grito "el profesor" y el resto de la clase reían, incluso el señor Grant esbozo una medio curva en sus labios.

Emocional.Stories to obsess over. Discover now