- Esto es tan cliché - dijo Gabriel Rodando los ojos con una sonrisa en el rostro.
- No lo es - Respondió Sarah ofendida.
- Chico malo se enamora de chica buena, es un total y absoluto CLICHÉ.
- ¿Se enamora? - preguntó Sarah picarona con una sonrisa de satisfacción.
- Quiero decir... Eh... - Gabriel empezó a tartamudear y se sonrojo levemente - siente... Algo... Talvez...
Sarah se puso de puntitas y se acercó al rostro de Gabriel para plantarle en los labios un tierno beso, tan dulce, suave y mágico como ella misma. Gabriel la tomó de la cintura y respondió con un beso firme, intenso, fuerte y apasionado, pero sobre todo, lleno de amor, tal y como el.
Separaron sus labios y abrieron los ojos para encontrar sus miradas, sonrieron simultáneamente, ambos debían admitir que se amaban con locura. No habían pasado ni quince minutos desde que Gabriel le pidió a Sarah que sea su novia y para muchos sería una locura hablar de amor tan pronto, pero su historia había empezado muchísimo antes, ellos se amaron en silencio durante un largo tiempo, anhelaron ese beso con desesperación y ahora que se tenían el uno al otro se sentían invencibles.
El tenía razón, su historia era un cliché...
Sarah era la típica chica buena, dulce, pacífica y obediente, era una alumna ejemplar y un orgullo para sus padres, jamás rompía las reglas, todos a su alrededor le tenían cariño y aprecio, siempre tenía lo que quería, había nacido en cuna de oro, su vida era fácil y aburrida... Hasta qué llegó el.
Gabriel era el típico chico malo, rebelde, desobediente y rudo, buscando conflictos todo el tiempo, nadie se atrevería a meterse con el, rompecorazones por naturaleza, lleno de heridas en su interior, enojado con el mundo, sin un poco de luz en su vida... Hasta qué llegó ella.
Cuando se conocieron parecía que las estrellas se alinearon, algo se encendió en ambos, claro que al principio decidieron ignorarlo. Pasaron los días, semanas y meses, el fue el primero en caer, había explorado tantos cuerpos y destruido tantos corazones que parecía increíble que perdiera la cabeza por una simple sonrisa, esa sonrisa que le daba la paz que siempre había buscado y que pensó que nunca encontraría. Luego fue el turno de ella, la que nunca hacia algo incorrecto, se sentía intimidada y ofendida por la indisciplina del muchacho pero al entenderlo, al conocerlo, empezó a sentir algo más, quería cuidarlo y alejarlo de los problemas sin embargo no quería cambiarlo, el era perfecto.
Ambos se hacían felices desde el primer momento , ella le dio alegría, paz y color a la gris vida de Gabriel, el puso amor, adrenalina y energía en la aburrida vida de Sarah, ellos no eran almas gemelas pero eran el uno para el otro, el complemento perfecto... como el día para la noche.
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CLICHÉ
RandomMicrorelato: Sin descripción, son menos de 500 palabras, no sean vagos, lean la historia ;)
