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Mumen

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Su vigilancia matutina había sido tranquila, y estaba agradecido por eso. Estuvo andando en su bicicleta por ciudad Z, la última parada de su patrullaje. La brisa se ​​sentía junto con el sol del verano. Dobló en una esquina y vio un puesto de helados a su izquierda. De repente se le antojaba un helado de vainilla.

Detuvo su bicicleta y notó que había alguien a su lado.

-"¿Saitama?"

El héroe al notar su presencia, se puso de pie a su lado, pues estaba descansando en la pared de una tienda. En una mano, cargaba dos bolsas de supermercado y en la otra un helado de vainilla como el que él estaba pensando comprar.

-"Ah, Mumen Rider, ¿no?"

Aparcó su bicicleta para luego acercarse a Saitama.

-"Sólo llámame Mumen."

-"Ah"- Fue lo único que dijo, para luego lamer una gota dulce que caía del cono.

-"Y... ¿Qué haces aquí?"

-"Bueno, habían descuentos de vegetales."- Dijo mostrando las bolsas que había visto con anterioridad.-"Hacia mucho calor allí adentro, así que paré por un helado."

En realidad ni había notado el calor cuando andaba en su bicicleta. Se percató de la gota de sudor corriendo por el rostro de Saitama, y la forma en que sus ojos se hallaban entrecerrados por los rayos del sol sobre su rostro.

-"¿No te gusta mucho el calor, verdad?

-"Prefiero mucho más el frío."- Admitió con un leve encogimiento de hombros.

No se le escapó esa leve expresión de dolor en el rostro normalmente estoico de Saitama.

Estuvieron hablando todo el camino a casa con ese calor sofocante. No podía creerlo. No había visto ninguna emergencia a la que él debiera acudir, y pudo tomar un helado tranquilo de regreso. Su mente se hizo un lío. Él era Mumen Rider, el cliclista de la justicia. ¡No podía andar con alguien tan cool como Saitama!

-"Saitama, ¿Quieres que te lleve?"

-"¿Eh? ¿En tu bicicleta?"

Asintió. -"Sí, ¡Así no tendrás que caminar a casa con este calor! Mi patrullaje fue tranquilo el día de hoy, ¡Así que no hay problema!"

-"Bueno, si insistes..."

Dejó que su compañero se subiera a su bicicleta, mientras colocaba ambas bolsas en la cesta de su bicicleta. Saitama se agarró con una mano de su hombro, mientras que con la otra llevaba su helado a medio terminar.

-"Trataré de no dejar caer mi helado en tu cabeza"- Le dijo, y así, se pusieron en marcha.

Mantenía un ritmo de velocidad normal, tratando de no ir demasiado rápido por el bien de Saitama. Él sabía la ruta para el apartamento de éste, ya que una vez lo acompañó luego de su sesión de udon.

Se deleitaba con el hecho de que estaba ayudando a uno de los héroes más fuertes que había conocido.

Alguien más pasó a su lado con inmensa rapidez y debido a esto fueron propulsados hacia una cuesta abajo. El viento en sus mejillas se sentía bien, y sabía que Saitama se sentía igual. Sintió que el agarre de su compañero se hizo un poco más fuerte, y luego, sus oídos escucharon la mejor melodía angelical. Su amigo emitía un canto seductor, acompañado de una suave melodía.

Un pequeño bache en la carretera hizo que casi perdieran el equilibrio debido a la velocidad a la que iban, pero aun así su voz no se alteró. Él no dijo nada, pues temía de que su propia voz sacara a Saitama de su trance. No quería que el héroe parara.

De repente, subiendo en una colina, la voz de Saitama aumentó, alcanzando un punto álgido. No pudo evitar la sonrisa que apareció en su rostro. La melodía, sin saber por qué, lo hacia feliz. Su cuerpo entero se sentía ligero mientras pasaba los eficios y lo único que su mente registraba eran las palabras entonadas que salían de la boca de su acompañante. ¡Hacia mucho que no se sentía así de bien! Giraron de forma un tanto peligrosa, pero no se percató, estaba perdido en esa melodía.

Se sentía mareado, debido a la emoción del momento. Pedaleó más rápido de lo que tenía planeado. A lo lejos vio el apartamento de Saitama. Volviendo a sus sentidos, paró de forma brusca a unos pasos del edificio. Exhaló fuerte una vez que dejaron de moverse. No sabía qué le había pasado.

-"Oh, lo siento, Mumen. Parece que derrame un poco de helado sobre tu cabeza."

Se dio cuenta de que esas ganas de andar rápido que antes sentía se habían esfumado, y ahora se encontraba increíblemente cansado. Y el viaje que no quería que terminara llegó a su fin.

Se quitó el casco para ver la mancha que había dejado Saitama. Tenía unas cuantas gotas de helado de vainilla, pero no eran tan grandes. Las limpio con el brazo.

Saitama bajó las bolsas de la canasta-"Gracias por el paseo. Fue divertido."

Detuvo sus acciones al ver sonreír al otro.-"¡No fue nada! ¡Estaría encantado de llevarte cuando quieras!"

Y lo decía en serio.

Hanafubuki ReflectHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora