— Te quiero, somos hermanas después de todo.— Ella dijo esas palabras con su característica sonrisa radiante e incluso molesta a mi parecer.
¿Por qué tiene que ser tan insoportable mente perfecta en todo? calificaciones perfectas, rostro perfecto, amigos perfectos...
—¡Ah! — Solté un grito mientras tomaba una almohada y la sujetaba contra mi rostro, con algo de suerte mis padres no me abran oído, de lo contrario una mano estará siendo golpeada contra mi cabeza y como de costumbre, una hermana dejando salir una que otra risa. Apenas terminé con la descarga de ira devolví aquel objeto suave a su lugar, el suelo; y enfoqué la vista en esa familiar que tanto me molestaba incluso sin siquiera hablarme; esta había formado una expresión de confusión mientras ladeaba ligeramente su cabeza.
Por supuesto, después de pasar casi tres años con ella, el adivinar lo que pensaba no era tan difícil, era demasiado predecible. "Está loca", estoy segura de que ese era su pensamiento.
— Te odio, idiota.— Fue lo único que pude decir; mi típica frase, en ese momento los insultos eran demasiados, que flojera el intentar decir cada uno de ellos.
Escuché una risa por su parte, que molesta, nunca deja de sonreír; se supone que las hermanas deben llevarse bien, o al menos eso me dijo el vecino. Sin embargo, ella y yo somos hermanastras, por lo tanto puedo insultarla y golpearla tanto como lo desee, o eso había dicho el vagabundo de la esquina.
Dejando de lado a esa tonta, nuevamente me centré en mi actividad posterior a ser interrumpida, según tengo entendido la familia de mamá y papá es bastante grande; sin embargo, siempre que pregunto por alguno de ellos insinúan no saber nada, ¿Qué clase de personas no conocen siquiera como se encuentran sus hermanos, tíos o primos? Claramente, me ocultaban algo.
<<Me siento como una espía, me gusta>>
Tomé la laptop perteneciente a mi madre y comencé a revisar cada uno de sus archivos, si bien sabía que podría acabar castigada por tomarla sin previo aviso, soy una cabeza hueca, no lo negaré, por eso mismo no voy a detenerme.
Cuando finalmente encontré una carpeta con el nombre "Mi familia", sorpresa, tenía contraseña. Debía admitirlo, mamá me conocía bien en esos casos.
Formé un puño en mi mano y golpeé la pared con fuerza, para así dejar salir un suspiro mientras una divertida hermanastra solo reía suavemente.
