Me desperté sofocada por el calor que sentía, mi cuerpo quemaba y lo sentía pesado, me di cuenta que estaba recostada sobre arena y con algo de dificultad me incorporé. Veía todo borroso, así que tuve que abrir y cerrar los ojos un par de veces para acostumbrarlos a la luz del sol. Cuando logré ver con claridad observé que todo el suelo a mí al rededor era arena y solo se escuchaba el sonido del viento que se desplazaba sobre él por lo que deduje que me encontraba en un desierto. En mi cabeza empezaron a surgir preguntas, ¿por qué estoy en un desierto? ¿Cómo llegué aquí? ¿Para qué? ¿Quién me mandó? ¿Vine solo o con alguien más? ¿Me habré separado del grupo? ¿Acaso estoy perdida?, cuando intenté responder a esas preguntas supe que no podía porque no recordaba nada, tenía la mente en blanco y eso me aterró. ¿Cómo no podía recordar nada? quizá me había dado un golpe muy fuerte en la cabeza, lo que ocasionó mi pérdida de memoria. Mi nombre, pensé, ¿Cuál es mi nombre? traté de recordarlo, pero tampoco pude, estaba molesta y quería llorar, me sentía en la nada y eso empezó a causarme frustración.
Caí de rodillas contra la arena y de mis ojos empezaron a salir lágrimas, no podía controlarlo así que no intenté pelear contra mi llanto. Mientras lloraba pensaba en que me encontraba sola en un desierto con muchas preguntas sin respuesta, quizá alguien está buscándome, pero cómo saberlo si ni siquiera recordaba si tenía familia o no.
No tenía idea de cuánto tiempo había estado llorando, los rayos del sol se fueron intensificando, cada minuto que pasaba se sentía más fuerte el calor y no sabía qué hora era exactamente, pero al parecer ya era medio día pues el sol estaba en su punto más alto. Comencé a sentirme cansada entonces me recosté sobre la arena, mi llanto ya había cesado y poco a poco fui quedándome dormida.
De pronto pude escuchar los susurros de unas personas, al parecer estaban a mi alrededor, sin embargo, no entendía lo que decían porque hablaban todos a la vez. Tal vez creen que estoy muerta, pensé.
- Miriam- dijo la voz de una mujer usando un tono de mandato.
Abrí los ojos y vi que a mí al rededor no había nadie eso me entristeció pues había creído que alguien me había encontrado y que todo iba a estar bien.
- un sueño, solo fue un sueño- me dije a mi misma, bajando la mirada - o ¿no lo fue? -
Y recordé lo que había dicho aquella voz femenina. Ella pronunció un nombre y no era un nombre cualquiera, era el de una mujer, por lo que el sueño pudo haber sido un recuerdo mío.
-Miriam, ese debe ser mi nombre. Ella no pudo referirse a otra persona, porque su voz sonaba como si estuviera por ordenarme algo. Sí, ese es mi nombre - me dije mientras en mis labios se dibujaba una sonrisa.
Comencé a creer en que todo iba a estar bien.
- ella debe ser una de las personas que conozco, tal vez sea mi madre. De repente solo necesito algo de tiempo para poder recordar todo - dije levantándome.
De pronto ya no sentí tanto calor, el sol había dejado de quemar, el cielo se estaba tornado de distintas tonalidades de naranja y violeta. Era un hermoso atardecer. El viento fresco soplaba y sentía como acariciaba mis mejillas. Miré hacia delante y empecé a caminar sin un rumbo fijo, todo a mi alrededor era arena, no podía distinguir dónde estaba el norte, pero eso no me importo solo pensaba en que tenía que encontrar a alguien para pedirle ayuda.
El tiempo fue trascurriendo lentamente, cada paso que daba parecía no llevarme a ningún lado. Miré a mí al rededor y todo se veía igual que antes. No debo darme por vencida, pensé. Y seguí caminando, empezaba a sentir frío así que me froté los brazos con las manos para abrigarlos un poco. Estaba vestida con un polo gris manga corta, unos jeans oscuros, medias y unas zapatillas marrones.
Pasado un tiempo, tal vez una media hora, la sed se manifestó, pero traté de no darle importancia ya que me encontraba en medio de un arenal y las probabilidades de encontrar agua eran muy escasas. Seguí caminando, viendo siempre al frente. Debo caminar en línea recta, así no estaré yendo en círculos, pensé.
Ya llevaba caminando muchas horas, el viento seguía soplando, entonces me abracé a mí misma porque cada vez hacía mucho más frío. Miré hacia el cielo y vi a la luna llena que alumbraba mi camino. Estaba cansada, temblando y hambrienta, volví a mirar hacia el frente y solo vi más arena. Entonces decidí pasar la noche en ese lugar, me recosté sobre la arena que ya no estaba caliente. Tenía muchas ganas de dormir entonces cerré mis ojos y los mantuve así por un buen rato, pero era inútil, a pesar de que estaba cansada no conseguía dormir. Estaba segura de que jamás había sentido tanto frío en toda mi vida, en el desierto se sentía tanto frío por la noche como calor por el día. No estaba segura de si iba a soportarlo, me di cuenta de que sería una larga noche.
Unos minutos después se me ocurrió que si me enterraba en la arena tal vez no sentiría tanto frío entonces me incorporé y comencé a cavar un hoyo, me senté dentro del pequeño agujero que había logrado hacer con mis manos y empecé a patear la arena con mis pies así fui logrando que el agujero se hiciera más grande. Cuando ya había cavado lo suficiente y me estaba echando la arena sobre el cuerpo, vino a mi cabeza un pensamiento. Y si hay animales aquí, puede haber escorpiones o serpientes. Entonces automáticamente miré hacia todas partes buscando alguno de esos animales, pero gracias a Dios no vi a ninguno y ahora que lo recordaba, no había visto a esos animales durante mi caminata. Probablemente no hay animales en este desierto. Me atreví a pensar. Continué lanzando la arena sobre mí y poco a poco fui enterrándome, trate de acomodarme para poder descansar y de un momento a otro me quede dormida.
A la mañana siguiente de no ser por el sol que me daba en la cara, no habría despertado. Me froté los ojos con las yemas de los dedos, tenía todo el cuerpo adolorido y no quería levantarme, pero sabía que tenía que continuar mi camino así que como pude me puse de pie. Cuando ya estuve más despierta comencé a caminar, pero me detuve de golpe al darme cuenta de que no sabía exactamente a dónde ir, no sabía cuál había sido la dirección que estaba siguiendo ayer, pero qué era lo pero que podía pasar, volver al lugar en el que me había despertado ayer y cómo saberlo, si a donde miraba me encontraba con arena. Continué caminando hacia delante ya no quería pensar más, minutos después vi a lo lejos a un grupo de gente que parecían sacar algo de la arena. Me alegré mucho al verlos.
- ¡Ayuda ... ! - grité.
- Ayúdenme por favor, me he perdido - agregué mientras volvía a caminar hacia ello. Al parecer no me habían escuchado porque ninguno de ellos dejo de realizar su actividad.
Comencé a acelerar el paso - ¡ayuda... ! - volví a gritar, pero esta vez mucho más fuerte casi desgarrándome la garganta, pero ellos seguían haciendo su labor. Me detuve, bajé la mirada y suspiré, cuando me volví para verlos de nuevo ya no estaban. Miré a todos lados y nada solo la maldita arena que no parecía tener un fin en ese momento quise llorar, pero no me lo permití sabía que si lo hacía después tendría sed y ya era suficiente con la que sentía en esos instantes. Continué con mi camino, no iba a darme por vencida.
Mientras caminaba divisé a lo lejos una silueta de una persona, sonreí pensando que era otra alucinación, ¿acaso nunca acabaría?, estaba demasiado cansada, sentía mis mejillas calientes, tenía sed. Ya no puedo más, voy a morir. Pensé. De pronto caí de bruces sobre la arena. Había estado dos días en el desierto, sin agua ni comida y sentía que ya no podía más. Con lo poco de energía que tenía giré mi cabeza para ver la silueta de esa persona una vez más, me di cuenta de que se acercaba cada vez más, sonreí y luego cerré mis ojos porque no podía más. Este es el final, pensé. Entonces sentí como alguien me levantaba y me llevaba a algún lugar en sus brazos.
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PESADILLA EN EL DESIERTO
Science Fiction¿Qué es lo peor de despertar en un desierto y encontrarte sola? ¿La falta de agua? ¿La terrible insolación? ¿El hecho de encontrarte sola? O saber que en ese lugar hay un secreto.
