empezando a amar.

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Todo comenzó en una tarde de otoño,  caminaba solitario por un viejo parqué, mirando como las hojas eran elevadas por el viento, como la brisa se robaba la belleza de los arboles, arrancando sus hojas secas, como la tarde se tornaba de colores maravillosos, admirando como las personas eran felices, corriendo, saltando, gritando etc...
Pensaba que este frío otoño sería igual a todos aquellos que antes vinieron,  a traer algo de alegría a este parqué,  pero una sensación en mi decía lo contrario.
Casi todos los días venía al este viejo parqué,  le tenía un valor sentimental muy grande, pues aquí me había enamorado por primera vez.

Solía sentarme bajo el mismo viejo árbol todos los días,  esperando un motivo por el cual llenar de poesía mi día,  escribir sobre todo, ese era mi pasatiempo.

Yo no era como todos los jóvenes de mi edad, yo solía escribir y leer historias ficticias, tal vez por esa razón no era bien visto por las hermosas mujeres que caminaban acompañadas,  luciendo finos y hermosos vestidos que las hacían ver como mariposas al soplar el viento, yo solo las miraba y pensaba en cuanta belleza habitaba en aquél viejo parqué,  cuando pasaban delante de mi, me miraban y sonreían,  y una sensación extraña recorría mi cuerpo haciendo que todo en mi  temblara y mi rostro cambiara de colores como piel de camaleón.

Siempre salía con una libreta y un viejo bolígrafo a aquél viejo parqué,  para mi todo era poesía, desde las hojas secas, hasta las mariposas.

Un día, sentado bajo aquel árbol,  recuerdo que me sentí acobijado por la  naturaleza de ese parqué,  derrepente paso una joven muy hermosa, tan hermosa que hasta la sangre se me quedo helada mientras la veía caminar delante de mi, su pelo bailaba al ritmo de la brisa que azotaba el parqué en ese día,  su cuerpo era tan perfecto que no pude dejar de imaginar su silueta plasmada en un papel en forma de verso, sería el poema mas hermoso del mundo, en su rostro habitaban unos hermosos ojos cafés claros, que al confundirse con el resplandor del sol, daba una sensación de brillo y tranquilidad; diferente al resto de los hombres que la miraban yo no quería hacerla mía,  yo solo quería hacerla poesía,  así que cogí mi bolígrafo viejo y mi libreta y escribí:

Viernes 3 julio 1998

Sentado entre rosas, girasoles, y otras flores muy bellas, vi a lo lejos  aquella mujer hermosa, que comparada con las rosas, su labial rojo la hacía ver aún mas hermosa, con su pelo riso bailando al son del la ventisca que habita en este corazón,  esta mujer divina me ha dejado sin razón,  con un cuerpo tan perfecto, que solo se compara con una fina y delicada guitarra, que interpreta notas tan melodiosas así como debe ser su voz cantando entre rosas, hermosa como el mismo otoño de hojas secas, es una maravilla de mujer, mas que mujer es un verso que quisiera leer en mis días grises, ella es esa coma que separa lo bueno de lo malo, aunque no conozco su ser, pero imagino su alma y si es así tan perfecta como ella, escribiré un texto aún más poético para ver si así logro sacarle una sonrisa que ilumine este viejo  parqué, así como lo ilumina la luna en estas frías noches de otoño.

No tenía mas palabras que pudieran expresar cuan admirado estaba con esta bella dama, aún sin saber su nombre.

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