Quinto día

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Sé que soy egoísta,

que me gustaría que fueses feliz

y no me mostraras tu sonrisa.

Y perdóname,

por no poder evitar ahogarme en los recuerdos,

aquellos que firmaron el papel

con sangre y tinta.

Me gustaría decir que lloro tu pérdida,

que ensucio el papel con llantos,

que manipulo mi mente

para pintar sobre mi memoria

un mejor final:

tu y yo, besándonos bajo la lluvia.

Y a decir verdad, porque no lo negaré,

estoy aquí sentada sin nada que hacer,

con gruñidos provenientes de mis entrañas,

hambre y sueño,

con música que llena el silencio

marcado por las agujas del reloj.

Así es, me gustaría extrañarte y decir que no hago otra cosa.

Pero lucho por olvidarte,

escribo para, de algún modo, poder llorarte.

Me siento tan grande y a la vez tan sumisa,

incapaz de sentirte, de sentirme ni a mí misma.

Ahora bajaré a comer,

a hacer mi vida en un hogar desastroso,

olvidando lo sellado con tu mirada.

Porque para problemas,

no hace falta que me acompañes hasta aquí.

Gracias cariño, ojala tuviese razones para odiarte,

para menospreciarte como me lo hago a mí.

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