-¡Espérame! -troté por la calle Brooklyn St. presionando el celular contra mi oreja-. ¡Estaré allí en cinco minutos!
La suela de sus zapatos apenas tocaban los adoquines mientras evitaba el tráfico, con su mochila golpeando su espalda. Subí a la acera y corrí entre la multitud.
-Esta es la exposición mas importante -dijo la voz al otro lado de la línea-. ¡La nota de todo el trimestre está en juego Aida!
-¡Ok, ok! Ya estoy muy nerviosa y tu no ayudas en nada diciéndome ésto, Luke.
Oí una risa en el altavoz.
-Lo se pero ¡Rayos! De todos los días que tienes para llegar tarde eliges este.
-Gracias señor "No siempre llego tarde"
-Fue solo un día -se defendió-. ¿Qué excusa le darás al profesor?
-No. Lo. Se -prácticamente deletree la palabra. Sentía como mi cabello largo y castaño golpeaba mi espalda.
Realmente tengo que cortarlo, pensé.
Un olor a grasa y cerveza inundó mi nariz. Tengo que estar cerca del centro dónde cada tres metros hay un pub. Sentí como mi corazon latía rapidamente: si falto a esta exposición, no tengo beca para la universidad y sin beca para la universidad no tendré un buen futuro.
Sobre las cabezas de la multitud pude distinguir un cartel negro con letras blancas: Cafetería Miss Pasteles. Estaba a cinco cuadras de la escuela y con la rapidez con la qué avanzo llegaré para el recreo de las cinco.
-Bueno -continuó Luke-. La presentación no te esperará.
-Te juro Luke Fert apenas llegue a la escuela pateó tu trasero -gruñí al teléfono.
Por un momento pensé qué no iba a llegar a tiempo y consideré bajarme de la acera y buscar la causa de tanto tráfico. Al hacerlo crucé mi mirada con un hombre.
Su pelo era gris y llevaba un traje completamente negro. Al igual que sus ojos.
Un escalofrío recorrió mi espalda. El hombre al notar que lo había visto desaparecio entre la multitud, como si fuera un truco de magia. Sentí ganas de gritar pero quedé inmovil.
Entonces me asaltó el recuerdo de mi madre. Ella solía hablar con "espíritus" y "demonios". Aunque la traté de convencer en que no existía tal cosa, ella decía que cada noche los veía.
-Cre-creo que alguien me está siguiendo -admití por mi celular luego de un momento de silencio.
-Aida, tu siempre crees cosas. Seguramente fue una alucinación o los genes de tu madre -lo último lo susurro aunque logre oírlo-. No es para ofenderte, tu madre me caía genial pero ya sabes... Ella hablaba con sus amigos imaginarios y sus supuestos "fantasmas de la noche"
Traté de distraerme leyendo el cartel de la cafetería y antes de qué pudiera hablar, ya me encontraba a una cuadra. Pude ver a Luke apoyado en el cristal del último piso de la escuela, mirando impaciente a la calle.
-¡Ya te vi! -grité por mi teléfono.
Luke inmediatamente sacó su celular de su oreja y giró un poco buscandome.
-¡Ya está comenzando! Daté prisa.
Caminé mas rápido y en el intento mi celular resbaló de mis manos y dio contra el pavimento.
-¡Diablos! -me agache para agarrar mi teléfono-. Estúpido celular
Sentí como algo se movía detras mío.
-¡CUIDADO! -gritó alguien.
Me levanté y lo vi: un gran autobús se dirigía en mi dirección. Quedé paralizada.
Y entonces, el golpe.
Trece toneladas de metal frío contra mi apenas desarrollado cuerpo. No sentí ningún dolor, nada en absoluto.
Solo vi como todo se volvía negro...
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Aida: La predicción de la muerte
FantasyAida Dedler tiene dieciséis años, no es popular, es rara y definitivamente ordinaria hasta que un día es succionada hacia un mundo sobrenatural donde los chimpancé operan los elevadores, las personas son divididas en dos y los demonios pueden meter...
