Capitulo 1

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Un pasillo abarrotado de gente, cerrando y abriendo casilleros, buscando los libros e interactuando entre ellos. Y ahí estaba ella, con su buzo grande, el flequillo cayéndole de costado, abrazando sus libros como si su vida dependiera de ello.

-¡ Ve con más cuidado mudita! – gritó Rocco chocando contra la chica.

Sus libros se esparcieron por todo el piso y las risas no tardaron en llegar. Con sus manos temblando y apretando los dientes, alzó los libros lo más rápido que pudo y se dirigió a la salida sin levantar la vista.

Al llegar a su casa, subió con una rapidez abismal a su cuarto, cerró la puerta y se fue al baño. Levantó la vista y vio su reflejo. Tenia unos hermosos ojos color miel, unos labios finos y delicados y, lo que la hacia más llamativa era la cicatriz que tenia al costado de la ceja. Ella decía que era horrible y la hacia ver como un fenómeno, por eso se la tapaba con el flequillo. Se quedó observando su reflejo y sus ojos se inundaron en lagrimas. Quería ser normal, quería actuar como una chica de su edad, no quería estar atada a ese autismo que no la dejaba desenvolverse con facilidad y solo hacia que su vida social empeore. Habia ido a Psicólogos, Psiquiatras, grupos de apoyo, etc; pero todo lo que se había logrado era que pudiera comunicarse para pedir las cosas básicas y para hacerse entender en caso que las señas no bastasen.

-Mila? Pequeña, estás ahí?

Se acomodó el flequillo y salió del baño para abrir la puerta del cuarto y encontrarse con su madre, una mujer alta, delgada, con el cabello corto y castaño. Mila sonrió al verla y le dio un beso en la mejilla.

-Como te ha ido hoy? Estuvieron interesante las clases?

Mils asintió, no quiso acordarse del episodio que tuvo con el chico al final de la clase.

-Abajo está la merienda. Quiero que merendemos juntas, más tarde debo irme a solucionar un problema que hubo en la oficina.- dijo la mujer acariciando la mejilla de su hija – vamos.

Ambas bajaron y Mila se sentó en la punta de la mesa mientras su madre le llevaba el licuado de frutilla y las tostadas con mermelada de durazno.

-Gra-gracias.

-De nada, Cielo.

Merendaron tranquilas, en silencio, a veces se dirigían una que otra mirada, pero no hablaban. Sarah habían entendido a respetar los silencios de su hija, ya no le molestaban, ni le resultaban irritantes. Al cabo de unos minutos se levantaron, dejaron las cosas en el fregadero y Sarah se despidió de su hija con un beso en la frente.

-Estaré aquí antes de las 8, bueno?

Mila solo asintió y vio como su madre cerraba la puerta y encendía el auto para irse hacia la oficina.

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Just BreatheWhere stories live. Discover now