Un pasillo abarrotado de gente, cerrando y abriendo casilleros, buscando los libros e interactuando entre ellos. Y ahí estaba ella, con su buzo grande, el flequillo cayéndole de costado, abrazando sus libros como si su vida dependiera de ello.
-¡ Ve con más cuidado mudita! – gritó Rocco chocando contra la chica.
Sus libros se esparcieron por todo el piso y las risas no tardaron en llegar. Con sus manos temblando y apretando los dientes, alzó los libros lo más rápido que pudo y se dirigió a la salida sin levantar la vista.
Al llegar a su casa, subió con una rapidez abismal a su cuarto, cerró la puerta y se fue al baño. Levantó la vista y vio su reflejo. Tenia unos hermosos ojos color miel, unos labios finos y delicados y, lo que la hacia más llamativa era la cicatriz que tenia al costado de la ceja. Ella decía que era horrible y la hacia ver como un fenómeno, por eso se la tapaba con el flequillo. Se quedó observando su reflejo y sus ojos se inundaron en lagrimas. Quería ser normal, quería actuar como una chica de su edad, no quería estar atada a ese autismo que no la dejaba desenvolverse con facilidad y solo hacia que su vida social empeore. Habia ido a Psicólogos, Psiquiatras, grupos de apoyo, etc; pero todo lo que se había logrado era que pudiera comunicarse para pedir las cosas básicas y para hacerse entender en caso que las señas no bastasen.
-Mila? Pequeña, estás ahí?
Se acomodó el flequillo y salió del baño para abrir la puerta del cuarto y encontrarse con su madre, una mujer alta, delgada, con el cabello corto y castaño. Mila sonrió al verla y le dio un beso en la mejilla.
-Como te ha ido hoy? Estuvieron interesante las clases?
Mils asintió, no quiso acordarse del episodio que tuvo con el chico al final de la clase.
-Abajo está la merienda. Quiero que merendemos juntas, más tarde debo irme a solucionar un problema que hubo en la oficina.- dijo la mujer acariciando la mejilla de su hija – vamos.
Ambas bajaron y Mila se sentó en la punta de la mesa mientras su madre le llevaba el licuado de frutilla y las tostadas con mermelada de durazno.
-Gra-gracias.
-De nada, Cielo.
Merendaron tranquilas, en silencio, a veces se dirigían una que otra mirada, pero no hablaban. Sarah habían entendido a respetar los silencios de su hija, ya no le molestaban, ni le resultaban irritantes. Al cabo de unos minutos se levantaron, dejaron las cosas en el fregadero y Sarah se despidió de su hija con un beso en la frente.
-Estaré aquí antes de las 8, bueno?
Mila solo asintió y vio como su madre cerraba la puerta y encendía el auto para irse hacia la oficina.
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Just Breathe
Romance"Just Breathe", "Breathe, Just Breathe". Esas palabras pasaban por la mente de Mila cada vez que se acercaba un ataque. Las tenia escritas en todos lados. En sus cuadernos, en papeles que colgaba en la pared, en la heladera, de fondo de pantalla de...
