Mi vida, un infierno

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Nací en la capital de México, en un hogar millonario, tenía todas las comodidades que podrían imaginar, vivía con mis padres. Mi madre desde que nací estaba enferma, podía ver como ella fingía estar feliz, cuando me veía. Mi padre sólo se caso con ella por su dinero, era mujeriego, traía diario una o dos golfas con quienes se revolcaba en su oficina.
Estaba en la prepa, en tercer año, estudiaba en la Reina Victoria, tenía una de las mejores calificaciones de toda la prepa.

Una tarde, después de salir del colegio, me dirigí hacia mi casa, mi madre estaba discutiendo con mi padre, me recoste contra la puerta y escuche.

-Te vi, te vi revolcandote con esa mujer, te vi -Gritaba mi mama desesperada.
-Estas loca, loca, te estas imaginando cosas, loca. -Le respondía mi papa con sinismo.
De un momento a otro, deje de escuchar gritos y mi padre decía.
-Que te pasa?, estas bien?.
Sonaba preocupado así que entre al cuarto, cuando vi que mi madre estaba blanqueando los ojos, estaba demasiado pálida, casi verde y sus manos no paraban de temblar.
- Papa ayuda la -Grite mientras me recostaba junto a mi madre.

Después llegó el doctor, la examinó y de un momento a otro mi mama dejó de respirar.
-lo siento , esta muerta -Dijo el doctor preocupado.
-No, no, no -Grite como loca mientras le suplicaba a mama que no me dejara sola -Mami regresa te necesitó, regresa.
Pero era imposible , había muerto.

*****
Pocos días después volví a estudiar, estaba triste y descuide los estudios.
Estaba sentada en el salón, contra una pared cuando escuche que alguien entró al salón.
-Jessica, estas bien? - me preguntó el profe Luis Felipe, mi profe de literatura.
-No, no estoy bien mi madre murió , se fue -Le dije mientras el me abrazaba.
-Tranquila Jessica yo y mi esposa te vamos a ayudar, lo prometo.
Se me aceleró el corazón a mil, no sabía lo que pasaba, sentía como rabia cuando mencionaba a su súper esposa.

*****
Estaba en mi habitación cuando descubrí que amaba a Luis Felipe, tenía que ser mío, y lo que yo proponía siempre lo cumplía.
Me senté frente al espejo, pude ver mis enormes ojeras y me pase la mano con rabia, casi aruñandome la cara.
-Tiene que ser mío, lo tiene que ser - le dije al espejo mientras sonreía.

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