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Intro.

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[...]

Salgo de allí lo más rápido que puedo. Siento adrenalina pura correr por todas mis venas. No quiero mirar atrás, algo me dice que lo que he hecho estuvo bien, valdrá la pena, estoy segura.

Una gran sonrisa se apodera de mi rostro, esto es realmente emocionante.

Logro salir del lugar, miro a todas partes, hay mucha gente observándome, pero no importa.

Hago una señal para detener un taxi. Lo consigo y subo de inmediato. Mi corazón bombea veloz, todas mis pulsaciones nerviosas palpitan y la sangre arde recorriendo todo mi circuito interno.

—Residencia McWell —digo al chofer. Él me mira por el espejo retrovisor, frunce el ceño, sé que el verme así lo desconcierta pero de igual manera hace caso a lo que le he pedido.

El auto se pone en marcha lentamente. Una voz me hace sobresaltar. Me incorporo para ver de quién se trata. Miro por la ventanilla, es él... Su cara es inexplicable... Mil sentimientos pasan por su mirar; furia, tristeza, decepción, sorpresa...

Sé que le he hecho daño, quizá de una de las peores formas posibles... pero a veces en la vida hay que tomar decisiones, aunque rompan corazones. A veces hay que pensar en ti primero y no en los otros, aunque causes dolor y dejes sentimientos rotos.

Me siento nuevamente. Sé que soy una mala persona pero tenía que hacerlo, por mí, por mi felicidad... por él.

El camino se me hace eterno, hay mucho tráfico y para mi infortunio la avenida principal está cerrada. ¡Ya no lo soporto más! Tengo que llegar cuánto antes y decirle lo que he hecho, lo que siento...

Estamos varados en la avenida Weetmen, es larga y hay demasiados automóviles frente y detrás sonando los claxons insistentemente. Una idea pasa por mi mente... No lo pienso ni dos segundos y bajo del auto.

—¡Lo lamento! —le grito al conductor.

Empiezo a correr lo más rápido posible entre la gran fila de coches. Escucho murmullos a mi alrededor, incluso algunos silbidos pícaros. No importa nada, no importa estar haciendo el ridículo, sólo quiero llegar.

Por fin termino de cruzar esa gran avenida, aún faltan varios kilómetros para mi destino. Me detengo un momento, mi respiración es agitada y mi cabello comienza a soltarse. Tomo una gran bocanada de aire y sigo la marcha. En este momento desearía tener unas zapatillas deportivas, mis pies duelen.

Avanzo un par de metros más y ya no puedo soportarlo, me detengo y me quito los tacones, los tomo por donde puedo y sigo corriendo.

Cuando estoy a casi cuatro cuadras de llegar, el cielo se torna gris y las nubes se hacen presentes.

—Por favor que no llueva, por favor, por favor —digo en voz alta, cruzando los dedos.

Estoy descalza, no sería agradable caminar sobre el pavimento mojado.

Tal parece que hoy, justo hoy, el destino está totalmente en mi contra, pues comienzan a caer pequeñas gotas de agua.

—¡Mierda! —grito haciendo pucheros.

—No hay de otra Jenna —dice mi subconsciente burlándose de mí.

Tiene razón.

Tomo el mayor valor que puedo y me echo a correr. La sensación es extraña, hay lodo y polvo sobre el suelo. Agggh, mis pies quedarán hechos un desastre.

De pronto las pequeñas gotas aumentan de tamaño. Estoy empapada.

Me detengo en un cruce, del otro lado está mi destino, estoy a punto de lograrlo.

Mientras espero el color verde, un auto pasa a toda velocidad y antes de que pueda percatarme, salpica agua sucia en todo mi vestido, incluso algunas gotas caen sobre mi rostro.

Aprieto los ojos y la boca lo más que puedo. Es asqueroso. Con la mano que tengo libre me limpio lo mejor posible. Me miro, estoy hecha un asco y por alguna inexplicable razón rompo a carcajadas tan sólo de imaginar mi apariencia justo ahora.

Por fin logro cruzar la calle, salpico agua con mis pisadas, me siento como una niña.

Y después de todo lo que me ha pasado llego a la casa. Estoy de pie frente a esa imponente puerta de cedro, se siente igual que la primera vez que estuve aquí. Tengo miedo, miedo de que algo pueda salir mal.

En ese instante, todas las imágenes de lo que ha ocurrido con él pasan cual película por mi cabeza, todas las señales apuntan al buen camino.

—Sé que él siente lo mismo por mí —me digo para animarme y terminar de convencerme.

Levanto la mano y antes de que pueda tocar el timbre la puerta se abre.

Siento millones de mariposas revolotear en mi estómago, podría ser él.

Cuando la puerta deja ver al interior noto que se trata de una de las mucamas.

—¡Con permiso! —digo sin dar explicación alguna. Entro casi corriendo golpeando el hombro de la chica con el mío. Ella no dice nada, me conoce, seguro piensa que vengo buscando a Jess o algo parecido.

Cuando estoy dentro voy a todas partes tratando de encontrarle. Al no conseguirlo, se me ocurre subir hasta su habitación.

Sé que así no debería ser, quizá él debió haber llegado a mí diciéndome 'no puedo perderte', 'te necesito' o alguna frase cursi. Quizá debería estar hermosa pero soy un cerdo. Rio para mis adentros. Tengo el maquillaje corrido, estoy empapada, mi cabello se ve horrible y estoy manchada de agua sucia... Pero no importa, no importa la forma en que suceda. Además, dentro de unos minutos ambos reiremos de esto y será una gran historia que contar a nuestros hijos.

Por fin llego a su puerta, siento el corazón debajo de la lengua. Tomo despacio y sin hacer ruido la perilla.

—Aquí vamos, uno... dos... ¡tres! —me digo mentalmente.

Abro la puerta de un moviento. Cerré los ojos antes de hacerlo, estoy realmente nerviosa, incluso estoy temblando y ya no sé si es de emoción o frío.

Mis párpados se elevan esperando encontrarlo allí dentro, pero cuando levanto la mirada me llevo una ingrata sorpresa.

No puedo creer lo que estoy viendo. Esto no puede estar pasando. Cómo pudo...

Me quedo paralizada... No puedo mover ninguna extremidad de mi cuerpo, ni siquiera gesticular alguna palabra.

Todos los vellos de mi piel se erizan, siento cómo mi corazón se encoge y un gran nudo se forma en mi garganta.

Dylan; el papá de mi mejor amiga. [TERMINADA]Stories to obsess over. Discover now