-¡Santiago! ¡Santiago, ya levántate! - escuché más dormido que despierto a mi madre que gritaba exagerada, como siempre.
-¿Qué hora es? - Pregunté adormilado.
-¡Son las 5:40 a.m.! ¡De nuevo es tarde! ¡Cómo de costumbre, se te hizo tarde! - gritó mi mamá.
Con poco entusiasmo, abrí los ojos, retiré las sábanas de mi cuerpo, con todas mis fuerzas, como si estuvieran pegadas a mí. Me levanté pude sentarme en la orilla de mi cama, y puse mis pies descalzos sobre el suelo frío. ¡Y lo logré! Por fin estaba de pie, dando pasos lentos hacia la puerta de mi habitación, en ese momento me sentía más un muerto viviente que un humano (¡Qué ironía!).
Tardé mucho, como ya era normal, en estar listo para salir hacia a la escuela. Veinte minutos bañándome, mientras mi cabeza seguía soñando, otros diez minutos en pedirle permiso a mis piernas si podía ponerme los jeans azules, otros diez más en lo que mis brazos se dignaban a ponerme mi camisa favorita de color rojo, y la peor fase de mi trayectoria matutina para ir a la escuela ¡Arreglar mi cabello! Tardaba unos treinta minutos (O quizá solo 5 minutos, como sea, a mi parecer era una eternidad, eternidad, que curiosa palabra).
Después de desayunar, cepillarme los dientes, revisar que mi cabello estuviera en orden, al fin, a las 6:30 a.m. estaba preparado para que mi madre me llevara a la preparatoria (Quiero aclarar que mis clases comenzaban a las 7:00 a.m. y el camino de mi casa a la preparatoria era de 40 minutos).
Si así es, llegué tarde, otra vez, a mi clase de Matemáticas, el profesor Rosas, aunque yo le agradaba, desaprobaba mi total impuntualidad.
-Señor Ferreira, de nuevo tarde, pase y siéntese, le pondré retardo, veamos cuantos junta para final de año - dijo el profesor Rosas.
Apenado, caminé hacia la banca vacía más cercana, obviamente todos mis compañeros de clase me veían como si hubiera cometido un delito.
Y ahí estaba yo, Santiago Ferreira, el chico de piel canela, ojos grandes color café oscuro, alto de 1.75 metros y con un abdomen que parecía de embarazado, fingiendo poner atención a la clase que más odiaba en el mundo.
Revisaba mi celular cada cinco minutos, esperando ansiosamente que marcará el reloj, las 8:40 a.m. para poder salir huyendo después de esas horribles dos horas seguidas de funciones, límites y derivadas, de sumas, restas y multiplicaciones, de números, raíces cuadradas y divisiones.
¡8:40 a.m.! ¡Ya era hora! Continuaba mi clase favorita, biología. Al salir del salón, afuera estaban esperándome mis amigos del salón, Eric, Krysto, Sofía e Ilen. Ilen había estado junto conmigo los tres años de preparatoria, aunque parecía más hombre que mujer, no físicamente, físicamente era bonita, pero su carácter era como un verdadero hombre, creo que yo parecía una linda niña a su lado, ella me agradaba.
Caminamos juntos hacia el laboratorio de Biología donde nos impartirían clase, no sin antes atacarme con sus comentarios acerca de mi nada extraña impuntualidad.
Mi viernes fue normal, como cualquier otro, esperaba con ansias que acabara mi clase de Literatura, para poder salir corriendo, tomar el bus, y llegar a mi casa para continuar durmiendo.
ESTÁS LEYENDO
Inmortal
VampireVampiros, toda mi infancia escuche historias tenebrosas acerca de los vampiros, en mi adolescencia vi películas y leí novelas con vampiros como protagonistas. Jamás pensé que mi vida se convertiría en una historia más de estos seres que hasta ahora...
