Su luna de miel fíe un largo escalofrío. Rubia, angelical y tímida, el carácter duro de su marido heló sus soñadas niñerias de novia. Ella lo quería mucho, sin embargo, a veces con un ligero estremecimiento cuando volviendo de noche juntos por la calle, echaba una furtiva mirada a la alta estatura de Sebastián, mudo desde hacía una hora. Él, por su parte, la amaba profundamente, sin darlo a conocer.
Durante tres meses reunieron casados, se casaron en abril, vivieron una dicha especial.
Sin duda hubiera ella deseado menos severidad en ese rígido cielo de amor, más expansiva e incauta ternura; pero el impasible semblante de su marido la contenía siempre.
La casa en que vivían influía no poco en sus estremecimientos . La blancura del patio silencioso, frisos, columnas, y estatuas de mármol, producía una otoñal impresión de Palacio encantado.
Dentro, el brillo glacial del estuco, sin el mas leve rasguño en las altas paredes, afirmaba aquella sensación de desapacible frío.
Al cruzar dure una pieza a otra, los pasos hallaban eco en toda la casa, como si un largo abandono hubiera sensibilizado su resonancia.
En ese extraño nido de amor, ______ pasó todo el otoño.
Había concluido, no obstante, por echar un vuelo sobre sus antiguos sueños, y aún vivía dormida en la casa hostil.
Sin querer pensar en nada hasta que llegaba su marido. No es raro que adelgazara.
Tubo un ligero ataque de influenza que se arrastró insidiosamente días y días; _______ no se reponía nunca.
Al fin una tarde pudo salir al jardín apoyada en el brazo de su marido. Miraba indiferente a uno y otro lado. De pronto Sebastián, con Honda ternura, le pasó muy lento la mano por la cabeza, y ________ rompió enseguida en sollozos, echándole los brazos al cuello.
Lloró largamente, todo su espanto callado, redoblando el llanto a la menor caricia de Sebastián. Luego los sollozos fueron retardándose, y aún quedó largo rato escondida en su cuello, sin moverse ni pronunciar una palabra.
Fue ése el último día que ______ estuvo levantada. Al día siguiente amaneció desvencida. El médico de Sebastián la examinó con suma atención, ordenándole calma y descanso absolutos.
-No sé.-le dijo a Sebastián en la puerta de la calle-. Tiene una gran debilidad que no me explico. Sin vómitos, sin nada......
Al día siguiente _______ amanecía peor. Hubo consulta.
Constatóse una anemia de marcha agudísima, completamente inexplicable . __________ no tubo más desmallos, pero se iba visiblemente a la muerte.
Todo el día el dormitorio estaba con las luces prendidas y en pleno silencio. Pasábanse horas sin que se oyera el menor ruido.
_____ dormitaba. Sebastián vivía casi en la sala, también con toda la luz encendida. Paseábase sin cesar de un extremo a otro, con incansable obstinación.
La alfombra ahogaba sus pasos. A ratos entraba en el dormitorio y proseguía su mudo vaivén a lo largo de la cama, deteniéndose un instante en cada extremo a mirar a su mujer.
Pronto _____ comenzó a tener alucinaciones, confusas y flotantes al principio, y que decendieron luego a ras del suelo.
La joven, con los ojos desmesuradamente abiertos, no hacía si no mirar la alfombra a uno y otro lado del respaldo de la cama. Una noche se quedó de repente con los ojos fijos. Al rato abrió la boca para gritar, y sus narices y labios se pelearon del sudor.
-¡Sebastián!, ¡Sebastián!-clamó, rígida de espanto, sin dejar de mirar la alfombra.
Sebastián corrió al dormitorio, y al verlo aparecer ____ dio un alarido de horror.
-¡Soy yo, _____, soy yo!
_______ lo miró con extravío, miró la alfombra, volvió a mirarlo, y después de largo rato estupefacta confrontación, volvió en sí. Sonrió y tomó entre las suyas la mano de su marido, acariciándola por media hora templado. Entre sus alucinaciones más porfiadas, hubo un atropoide, apoyado en la alfombra sobre sus dedos, que tenía en ella los ojos.
Los médicos volvieron inútilmente. Había allí delante de ellos una vida que se acababa, desangrándose día a día, hora a hora, sin saber absolutamente como.
En la última consulta _____ yacía en estupor mientras ellos la pulsaban, pasándose de uno a otro la muñeca inerte. La observaron largo rato en silencio y siguieron al comedor.
-Pst...-se encogió de hombros desalentado el médico de cabecera-Es un caso inexplicable...poco hay que hacer...
-¡Sólo eso me faltaba!-recopiló Sebastián.
Y tamborileó bruscamente sobre la mesa.
_____ fue extingiéndose en su delirio de anemia, agravado de tarde, pero que remitía siempre en las primeras horas. Durante el día no avanzaba su enfermedad, pero cada mañana amanecía lívida, en síncope casi.
Parecía que únicamente de noche se le fuera la vida en nuevas oleadas de sangre.
Tenía siempre al despertar la sensación de estar desplomada en la cama con un millón de kilos encima.
Desde el tercer día este hundimiento no la abandonó más. Apenas podía mover la cabeza. No quiso que le tocar la cama, ni que le arreglarán el almohadón.
Sus terrores crepusculares avanzaron en forma de monstruos que se arrastraban hasta la cama y trepaban dificultosamente por la colcha.
Perdió el conocimiento. Los dos días finales delirió sin cesar a media voz. Las luces continuaban fúnebremente encendidas en el dormitorio y la sala. En el silencio agónico de la casa, no se oía más que el delirió monótono que salía de la cama, y el sordo retumbo de los eternos pasos de Sebastián.
_____ murió, por fin......
La sirvienta, Mey-Rin, cuando entró después a deshacer la cama, sola ya, miró un rato extrañada el almohadon.
-¡Señor!-llamó a Sebastián-En la almohada hay manchas que parecen sangre.
Sebastián se acercó rápidamente y se dobló sobre aquel.
Efectivamente, sobre la funda, a ambos lados del hueco que había dejado la cabeza de _____ habían manchas obscuras.
-Parecen picaduras-murmuró Mey-Rin después de un rato de inmóvil observación.
-Levantelo a la luz-le dijo Sebastián.
Mey-Rin lo levantó; pero enseguida lo dejo caer.
A Sebastián se le erisaron los cabellos.
-¿Qué hay?-murmuró con voz ronca.
-Pesa mucho.
Sebastián lo levantó, pesaba extraordinariamente.
Salieron con el, y sobre la mesa del comedor Sebastián cortó funda y envoltura de tajo.
Las plumas superiores volaron, y Mey-Rin dio un grito de horror con toda la boca abierta, llevándose las manos crispadas a los bandós. Sobre el fondo, entre las plumas, moviéndose lentamente las patas velludas, había un animal monstruoso, una bola viviente y viscosa. Estaba tan hinchada que apenas se le pronunciaba la boca.
Noche a noche, desde que ______ había caído en la cama. Había aplicado sigilosamente su boca, trompa mejor dicho. Chupandole la sangre. La picadura era casi imperceptible. La remoción diaria del almohadon había impedido su desarrollo; Pero desde que la joven no pudo moverse, la succión fue vertiginosa. En cinco días, en cinco noches, había el monstruo vaciado a _____.
Estos parásitos de las aves, diminutos en el medio habitual, llegan a adquirir en ciertas condiciones proporciones enormes.
La sangre humana parece hacerles favorable, y no es raro hallarlos en los almohadones de plumas......
[…]
Hola, este es mi primer one-shot.
El texto no es mío :(
Es de el célebre escritor: Horacio Quiroga.
Me luci, con 1200 palabras :3
Y más.... Bueno adiós. Hasta pronto :3
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Almohadon De Plumas [Sebastián X Lectora]
Fanfic_______ y Sebastián tan sólo llevaban 3 mes de casados. Cuando una tragedia ocurre..... One-Shot. By:HannahAnafeloz- © El texto originalmente es el el célebre escritor: Horacio Quiroga. Simplemente fue editado en los personajes. ©
![Almohadon De Plumas [Sebastián X Lectora]](https://img.wattpad.com/cover/60762283-64-k776314.jpg)