Hay cosas que nos pasan sin ningún aviso. De repente te pones a recoger flores y un lobo te va vigilando hasta atacarte. Eso le pasó a Maira, iba por la vida recogiendo rosas y al final el lobo la consumió sin piedad.
Empezaron las clases, nada emocionante. Las mismas caras de siempre con los problemas de siempre.
Vivimos en un pueblo pequeño, solo habitan alrededor de 1500 habitantes. Todos se conocen entre sí, los chismes se encargan de eso.
El colegio no es increíble.
Gira siempre tarde. La espero siempre leyendo porque sé que vendrá por detrás de mí e intentará asustarme. Lo raro es que solo llegó y tiró su mochila en la carpeta. Creo que no se percató que estaba allí.
- Oye Gira... ¿No me recuerdas? Soy tu mejor amiga...- le dije en tono burlón mientras le sacudía los rulos negros.
- Ahora no, Laïa. No estoy de buenas- me dijo mientras me apartaba las manos de su cabello. Parecía un poco fastidiada.
La dejé y volví a mi carpeta, empezaba la clase. Como de costumbre la nueva profesora nos dice su nombre y luego nos da la introducción al tema que vamos a ver hoy. Fueron dos horas de aburrimiento hasta la llegada de la salvación, la campana.
Todos salen apurados, unos se van a la cafetería a pelearse por una bolsa de papitas y otros se van a elegir el lugar donde pasarán los recreos de todo el año. Cada quien a lo suyo y ahora nos toca.
-Emmm, Girita ¿Nos vamos?- le dije parada a su lado.
-No quiero salir, sólo quiero quedarme y descansar un rato acá- me respondió bajando la cabeza a la altura de sus brazos cruzados y reposados en la carpeta.
-Oyee, ¡vamos! Es el primer día, quiero ver cómo está todo- le decía mientras iba tratando de levantarle la cabeza.
-Enserio Laïa, no tengo ganas. No quiero toparme con el sol...-dijo volviendo a poner su cabeza a lo anterior de manera rápida y tosca.
-¿Qué? ¿Ahora eres un vampiro? Creo que muchas vacaciones te afectaron el cerebro- le dije acompañada de una risita y volviéndole a coger los pelos.
-¡Dios! ¡Sólo vete! ¡¿No entiendes que no tengo ganas de nada?!-gritó sacándome las manos de sus pelos violentamente y dándome la espalda.
-Okey...- le respondí extrañada por su comportamiento agresivo.
Después de un minuto incómodo le dije: "Yo solamente quería que hablemos, pero veo que la Gira que conocí cambió un poco este verano, ¿No crees?". Salí del aula medio molesta, con dirección a la cafetería y la muchedumbre.
Gira fue nueva hace dos años. Las chicas rumoreaban un sinfín de falsos sobre ella, los chicos en cambio, sólo decían que estaba "buena". Con el tiempo logramos integrarla al salón, es un poco tímida. Pero conmigo hubo una conexión, como de hermanas. Somos mejores amigas, eso es lo que todavía creo.
En el patio hay un montón de personas. Las chicas del salón estaban sentadas en el pasto hablando. Me invitaron a unírmeles.
-¡Laïa! ¡Ven!- me llamó Thamara con su típica voz fingida.
Fui y me senté junto a ellas.
-Layis, Layis, no te he visto en todo el verano ehh...- me dijo Thamara.
-Es que me fui con mis papás todo el verano a España- le respondí tratando de acomodarme bien en el suelo.
-Ahh ¡Qué bueno!- dijo mirándome envidiada.
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La que tiñó las rosas de rojo
RastgeleTratar de hallarse así misma es un reto gigante que te pone la ADOLESCENCIA. Laïa y Gira saben de eso. Pero al querer vivir la vida de frente y evitar etapas, originan sin querer grandes complicaciones. Teñir la inocencia de rojo es tan fácil como...
