El clan del cuchillo : Janna La Sádica

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Casi al mismo tiempo que la gente corría a su alrededor, comenzó a gritar. El caos total se presentaba a su alrededor, y en el aire se percibía el olor a humo, sangre y muerte. Sus gritos se revolvieron entre el ruido de la ciudad, y ella veía como un edificio caía, y mataba a varios de los pocos sobrevivientes. ¿Qué más quedaba? La muerte, ese día, era más grande que la vida. Se preguntaba si eso era obra alguna del demonio. Y no lo era. Era obra de un ser humano. No de uno si no de varios. Los rebeldes, asesinos, corruptos, psicópatas y demás estaban por fin en la cima del mundo. Ya no había aire que respirar, y Janna lo sabía. Sus pulmones se llenaban de humo, cual vaso se llena de agua. Janna hacia parte de todas esas cosas que nombro, pero no se arrepentía. Había gritado por el simple hecho de que tenía rabia. Rabia de no poder estar en la cima de mundo como los otros, rabia de no poder hacer, lo que en tanto tiempo le causaba felicidad. Ella era sádica, y se sentía bien con eso. Y nunca dejaría de hacerlo

3 años atrás...

—...Y agarro su cuchillo y echaron a correr...

Janna contaba con felicidad la historia que su hermana había leído, y luego le había contado. Mientras que su hermana fruncía el entrecejo con la historia tan... Bizarra, ella sonreía. Le producía felicidad. No era el tipo de felicidad momentánea que sientes cuando estas en el parque de diversiones. Si no más bien es la felicidad que sientes cuando sientes placer. El placer cuando comes chocolate, o tu comida favorita.

Lo más extraño fue que al ver que su hermana se clavó las tijeras "accidentalmente" sonrió y sintió la misma felicidad.

—No más—susurro Sara cuando Janna contó la parte de los órganos. Janna hizo caso omiso y siguió.

—Y entonces los comió con delicia y placer, y sintió como la gente aterrorizada corría. ¿Quién era aquel monstruo? Pero no era un monstruo. Era de la misma raza: humano. Mucha gente lo llamaba caníbal él se llamaba así mismo: Rafael.

— ¿Sin tilde?—pregunto Fernanda, interesada, con una sonrisa en la cara. Pero la sonrisa era de puro interés, más las de Janna eran de felicidad.

—Sin tilde—afirmo y siguió con la historia que, aunque no tenia de donde leerla, la recitaba como si no fuera necesario.

—Dime que no hay más—murmuro Sara, meciéndose de un lado a otro en posición fetal. "¿Por qué no le causa felicidad?" se preguntó Janna mirando a sus dos amigas.

—No hay más—dijo Janna, cumpliendo la petición de su amiga. Esta suspiro—Aunque no sea cierto.

Sara miro a Janna con el entrecejo fruncido. Se levantó del piso y se dispuso a irse. Janna levanto los hombros, y antes de seguir, volvió a mirar la cara de Fernanda. Era más bien de curiosidad.

—No había más, solo quería que se fuera—dijo cerrando el libro en su mente, pero no literalmente. Fernanda fue la que frunció el entrecejo esta vez.

— ¿Por qué? — pregunto curiosa, pero sin la típica sonrisa que tenía cuando lo era.

—Tengo un secreto, y confió más en ti—mintió. En realidad era porque esa chica, que era todo lo contraria a Janna, la sacaba de quicio.

— ¿Qué secreto? —susurro como si alguien las pudiera escuchar.

Janna estuvo investigando sobre esa sensación de felicidad cuando alguien sufría. La llamaban sadismo. Y aunque no le gustaba mucho que llamaran de forma tan fea a esa sensación tan placentera se proclamó a si misma sádica. Le contó esto a su amiga, cuya expresión de felicidad iba disminuyendo con cada palabra que decía su amiga.

—Te lo demostrare—dice levantándose de la silla y pidiéndole lo mismo a su amiga. Esta hizo caso. Un gran error.

Janna azoto a su amiga contra la pared, y esta la miro sorprendida. Puso las manos en su cara en modo de defensa, pero no evito que Janna la agarrara del cabello y rompiera la nariz de su amiga con su mesa de noche. Su amiga lloraba y sangraba como una llave abierta, mientras Janna se reía.

No conforme con el daño hecho, saco un pedazo de cristal de su bolsillo y empezó a cortar la piel de su amiga, quien gritaba, pero sus gritos eran absorbidos por las paredes.

— ¡Basta! — dijo entre lágrimas, sangre y gritos. Y por parte de Janna gritos— ¡Suficiente!

Fernanda agarro la lámpara de su mesa de noche, y la azoto contra la cabeza de Janna dejándola inconsciente. Fernanda levanto el cuerpo inconsciente de su amiga y lo puso en su hombro derecho. Mientras en el otro cargaba su bolso.

— ¡Sara! —grito Fernanda, y su amiga subió corriendo las escaleras. Miro a su amiga sin pizca de sorpresa—Lo ha confesado.

—Pues que esperamos—Y luego de esas palabras la llevaron a aquel donde se reunían los psicópatas, como los llamaban aquellos que no comprendían sus propósitos.

— ¿Qué pasa?—Janna despertó en una cama que no era la suya, en una casa que no era la suya, y con ropa que no era de ella.

—Janna ¿Te molesta que te diga así?—pregunta un muchacho sentado al lado de su cama, acariciándole la cara.

—No ¿Cómo te llamas?—dijo sabiendo que la pregunta correcta era "¿Quién eres?".

—Rafael—respondió con una sonrisa— ¿No me recuerdas? El chico que te saco miles de sonrisas.

Janna recordó la historia, y se sentó en la cama asustada. El chico lo noto y la tranquilizo acariciándole el brazo.

—Nunca comería a alguien que sea parte del clan del cuchillo— Janna sintió como algo dentro suyo se rompió dentro de ella. ¿Qué era su corazón? ¿Su miedo? ¿Su...Cordura? Aunque el último lo había perdido hace mucho tiempo. Rafael noto la cara de confusión.

—Somos el clan del cuchillo, aquellos psicópatas que no son aceptados por la sociedad—explico y la cara de confusión paso a una sonrisa—.Y no queremos ser entendidos por la sociedad. Queremos ser la sociedad.

— ¿Quién más?—pregunto Janna con una sonrisa en su cara. Eso le hacía muy feliz.

—Tus amigas.

— ¿Fernanda y Sara?—Sonrió al recordar lo que le había hecho ayer a Fernanda.

—Si—respondió con una sonrisa igual de grande—Ellas fueron a conseguir algo de comer.

Janna sintió su estómago rugir, Y asintió al ver como su "amigo" le preguntaba con la mirada.

—Bien, a trabajar—dijo Rafael parándose de la cama. Y Janna sabía a qué trabajo se refería.

Y no había un trabajo que le gustara masque ese que le  tocaba a ella



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