Transcurría el año cuarenta y dos desde la revelación de los Hezagried.
Zirien, el mayor de todos los hermanos, es el sumo monarca en Hyvaxia. Los setenta y siete reyes acuden a tierra sagrada para recibir consejo constantemente.
Periódicamente los miembros de la familia Hezagried viajan a diferentes reinos, para certificar que las nuevas de paz eran ciertas. Sería en uno de esos viajes, que un abrumador descubrimiento cambiaría el mundo.
Argae, una de las hermanas con menor lazo con los elementos, regresó anunciando que había descubierto a varios hombres que habían logrado entrar en comunión con los elementos muy lejos de Hyvaxia.
La noticia sorprendió a muchos. A otros les alertó pensar en las posibles consecuencias de aquello. El sumo monarca se encerró por un mes para meditar y pedir consejo a los elementos antes de tomar decisión alguna. Pero el retiro de Zirien no lo condujo a una decisión propia de un rey.
Tras su encierro se reunió en privado con Karlem y Corth. Estos serían los únicos que conocerían todas las conclusiones a las que había llegado Zirien en su encierro.
- Como bien sabéis, hermanos mios- realmente ninguno de ellos era familia de Zirien, pero su amistad era mayor que la de algunos hermanos de sangre-, Argae descubrió de la existencia de hombres, que sin formar parte de nuestra familia, conocen el camino hacia la comunión con los elementos.
- Los hemos hecho llamar, para conocer el medio que utilizaron- indicó Karlem sonriente, creyendo que habían tomado una buena decisión.
- ¿Cómo creéis que reaccionarán los reyes cuando sepan que pueden tener súbditos propios con la capacidad de utilizar los elementos?- la cuestión sorprendió a los dos dejándoles sin palabras-. Yo os lo diré. Creerán que no necesitan de la protección de nuestra familia, buscarán a más gente que pueda utilizar los elementos y los utilizarán como arma para expandir sus fronteras sin que nadie pueda detenerles.
- Los reyes acuden por sabiduría, para preservar la paz- replicó Corth.
- ¿Sabeis por qué?- los dos enmudecieron nuevamente-. Porque temen nuestros vínculos con los elementos. Si ellos no nos temieran, nos habrían aniquilado tiempo atrás. Cuando tengan en sus manos gente con el poder de los elementos ¡creedme! No dudarán en saciar su sed de sangre, empezando por aquellos que los hemos retenido todos estos años.
- ¿Qué recomendais sumo monarca?
- Acabad con todos ellos- inquirió Zirien-. Nadie fuera de esta tierra sagrada debe conocer los caminos hacia los elementos.
- Estaríamos rompiendo nuestro propio pacto de no hacer daño a gente de otros reinos- replicó Corth.
- Entonces dejemos que los demás reyes alcen sus armas contra nosotros y aniquilen a nuestra familia.
- Debe haber otra solución- indicó Karlem sorprendido por las palabras de Zirien-. Cuando lleguen, podemos conocer sus intenciones y tal vez conseguir que se unan a nuestra familia como acólitos.
- ¿Cómo sabes que su intención no es la de exterminar a nuestra familia a su llegada?
- Eso es imposible de saber mi señor- respondió Karlem.
- ¡Acabad con ellos y con todo aquel que suponga una amenaza para la paz!- ordenó Zirien.
- Pero...- Karlem fue interrumpido antes de poder decir nada.
- Los elementos han hablado y no hay más que decir al respecto- las palabras de Zirien eran frías y provocaban un dolor muy agudo en aquellos dos.
- Nos haremos cargo- indicó sin ninguna convicción Karlem.
Karlem y Corth salieron al encuentro de aquellos que de algún modo habían descubierto el secreto de los Hezagried. Después de tres días de viaje, encontraron al grupo que buscaban. Indicaron que habían salido a su encuentro para garantizar su llegada a la ciudad sagrada.
Aquella misma noche, mientras los quince hombres que formaban el grupo dormían, hicieron tal como les había ordenado el sumo monarca. Por la mañana, el único rastro que había de aquel grupo, eran las manchas de sangre en las ropas de estos dos hombres. Enterraron a los quince, junto con todo lo que portaban. Limpiaron sus cuerpos de sangre e hicieron lo mismo con sus ropas, pero hay cosas que el agua no puede limpiar.
A su regreso fueron directos al cuarto del sumo monarca para informarle del éxito de su misión. No se detuvieron, ni dirigieron la palabra a nadie. En su camino se encontraron con Eleohr, que se sorprendió de no recibir respuesta, siquiera a su saludo. Este sería el único que se daría cuenta de las pequeñas manchas de sangre en sus ropas y decidió seguirlos.
Eleohr se sorprendió al ver que entraban donde estaba Zirion sin avisar y sin esperar a ser llamados. Se acercó sigilosamente e hizo uso del elemento que más dominaba para poder escuchar lo que se hablaba en aquella habitación.
- Podríais lavaros antes de entrar en mi cuarto, descontando que suele ser educado llamar y esperar a que te permitan entrar.
- Pensamos que le alegraría saber de la muerte de aquellos que conocían la comunión con los elementos.
Zirien sonrió al escuchar a Karlem. Eleohr se horrorizó al escuchar aquello, soltando un leve suspiró de dolor. De todos era bien sabido que Zirien era uno de los cinco con un vínculo mayor a todos los elementos y por ello pudo escuchar el suspiro tras la puerta.
- No comprendo porque venís a mí con tal atrocidad- replicó el sumo monarca con la mirada puesta en la puerta.
- Pero señor, solo hemos cumplido con nuestro cometido- dijo Karlem sin entender aquel cambio de actitud.
- ¿Cometido? ¡Atrocidad diría yo! Habéis manchado el nombre de esta familia- el tono de Zirien aumentaba a medida que hablaba- ¡Fuera de mi cuarto! ¡Ya pensaré un castigo para vosotros por lo que habéis hecho!
Eleohr se alejó y se escondió al escuchar pasos acercándose a la puerta. Karlem y Corth salieron cabizbajos, sin comprender nada de lo que ocurría.
Una vez sintió que estaba fuera de peligro, fue en busca del único de sus hermanos que le escucharía sin prejuzgar nada de lo que le fuese a contar. Si las conclusiones a las que había llegado después de escuchar aquella conversación eran ciertas, el mundo volvería a cambiar. Aunque esta vez de forma perjudicial para la familia Hezagried.
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The Line Law (linea de ley)
FantasyPrácticamente nadie recuerda exactamente cual es su origen, ni los motivos por los cuales se creó. Pero todos los reyes, los setenta y siete, sabían que nadie debía jugar con las leyes elementales, ni con la sangre que emana de las mismas. El mundo...
