La poesía no hay que leerla,
hay que respirarla,
sentir las palabras
fluir por tus venas,
escribirla con el alma
y transmitirla en susurros.
Hacer que
en un país de sordos,
las mente se despliegue
con todo su alboroto,
que los párpados pegados
vuelvan a admirar la belleza,
y las miradas
no solo se dediquen a una pantalla.
Hemos olvidado
lo hermoso que es oír
y ser escuchado,
observar
y que se aprecie,
amar
y que se sienta.
Pero yo no te he olvidado lo más mínimo.
