Antes de.

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La lluvia azota la ventana del apartamento. En el suelo, a un lado de la cama mal acomodada, se encuentra una hoja con letras grandes de color rojo "notificación de desalojo".

Suspiro, una y otra vez. ¿Cómo pudo hacerme eso? Giro mi rostro nuevamente al buró de madera que adorna la habitación, está vacío... condenadamente vacío. Cierro los ojos y vuelvo a suspirar, me remonto a momentos más alegres que este, quizá cuando me gradué de la universidad como licenciada en ciencias de la comunicación, o aquel momento cuando encontré este pequeño y acogedor apartamento cerca de la ciudad... no tan lejos, esta tarde mientras regresaba a casa en un taxi:

- ¿Usted cree en el amor, señorita? –me pregunta el conductor del taxi; le sonrío y respondo:

- Así es. ¿Quién no lo haría?

- Es verdad –sonríe mientras me ve por el retrovisor- pero, ¿acaso usted sabe los tipos de amor que existen?

Sonrío nuevamente y le respondo que no. Alegre, comienza una breve explicación sobre los griegos y sus formas de catalogar el amor, según palabras del conductor, eran cuatro, de los cuales solo logré recordar el amor filial el cual es el amor entre parientes, el amor a la familia, y el amor eros, ese amor de pareja, la atracción sexual, el desear ser parte de otro, de alguien que te complemente en esos aspectos que te fallan.

Yo creía en el amor. Creía en él. Creía en esos ojos grises que me miraban cada mañana al despertar. Estaba segura de sus promesas, de los planes, de todas las metas que nos habíamos escrito desde que decidimos vivir juntos. Yo tenía 23 en ese entonces... habían pasado cinco años, cinco años de sueños y propósitos, cinco años de trabajar sin descanso para ahorrar lo suficiente y abrir mi propia agencia de publicidad... cinco años que al abrir la puerta de mi apartamento se fueron a la basura.

En la puerta se encontraba una breve nota que decía:

"Lamento esto, pero no tengo otra opción. Cuídate".

¿Cuidarme? ¿Era acaso una nota de despedida?

Si, si lo era.

Abro los ojos y me giro nuevamente al mueble vacío. No me había dejado nada, ninguna tarjeta de débito o crédito, ni la chequera, ni los ahorros de mis cinco años de trabajo. Estaba quebrada, sola y todo a causa del amor.

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Cuatro ParedesWhere stories live. Discover now