introducción

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Y me llena de orgullo y satisfacción nombrarle a usted, Jesús Oviedo Morilla, sargento del Ejército del Aire de España. Enhorabuena.

El capitán general de las fuerzas aéreas, el señor Acevedo, me colocó en el uniforme de gala la medalla que simboliza que había ascendido a sargento. No podía estar más feliz.
Miro a los que acudieron aquel día al evento y busco entre los presentes a mi familia, los cuales me miran con emoción y satisfacción.
Desvío la vista hacia la silla que se encuentra junto a mi madre y allí está ella, mi chica, mi Maia. Su mirada se cruza con la mía e intercambiamos una ligera sonrisa, sé que está orgullosa de mí.
El capitán Acevedo se situó frente a mí y me saludó, llevándose la mano derecha con los dedos juntos a la sien; lo que se conoce como saludo militar. Le miré a los ojos, cosa que no puedo hacer normalmente y repetí el saludo.
Todos los que presenciaban el acto se levantaron de sus asientos y aplaudieron, acompañando así mi descenso del escenario.
Mi familia me esperaba abajo. Lo primero que hice al apoyar los pies en el suelo fue abrazar a mi madre, luego a mi padre, a mis hermanos y cuñadas y a Marcos, mi sobrino.
Gran familia, sí.

-Enhorabuena, hijo.
-Gracias, mamá.
-Estamos orgullosos de ti.
-Gracias, papá.

'Dejadlo ya, no es para tanto. Y quiero abrazar a Maia.'

Entre emoción y emoción se dieron cuenta de a quién estaba buscando, así que se alejaron ligeramente de mí para darle paso a ella y permitirme, por fin, abrazar a mi novia.

-Enhorabuena, amor.
-Gracias, cariño.

Me aparté unos centímetros de ella para darle un corto y discreto beso en los labios, a lo que ella respondió con una sonrisa y ese pestañeo suyo que me vuelve loco.
Soy afortunado, lo tengo todo.

-¿Nos vamos ya? -pregunté-
-Sí. -me respondieron todos-

Cogimos nuestros coches y emprendimos el camino hacia el restaurante en el que cenamos.

-Mañana hablamos, que durmáis bien.
-Igualmente, buenas noches.

Después de cenar, nos despedimos en la puerta del restaurante y cada uno se dirigió a su casa. Cogí a Maia de la mano y tiré de ella hacia mí, haciendo que apoyase la cabeza sobre mi hombro mientras caminábamos hacia el coche.

-Estás guapísimo.

Sonreí y besé su sien.

-Tú también. -dije, observándola de arriba abajo-

Nos montamos en el coche y conduje hasta casa, nuestra casa.
Hacía apenas dos meses que nos habíamos ido a vivir juntos, alquilamos un pequeño piso en el centro de Málaga y nos instalamos en él. Era suficiente para los dos, no necesitábamos nada más. Ella y yo.

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Att: black rose

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⏰ Última actualización: Jan 12, 2016 ⏰

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