Federico POV
Di vuelta por milésima vez en la cama, no podía dejar de recordar lo preciosa que se veía en ese vestido negro, mis sentimientos hacía mi ex novia de la juventud volvían a estar a flote y era un problema gigante porque había hecho su vida y yo no estaba en ella.
Su sonrisa deambulaba mi mente aun intentando reorganizar los papeles de la empresa y era un desastre. La forma en que me abrazó, o en la forma que murmuró que le alegraba verme de nuevo, había olvidado su dulce voz. Era ingrato encontrarme pensando en una mujer casada con tres hijos y uno en camino pero no podía detenerme. Intenté volver a ponerme en contacto de nuevo con Sofía pero era en vano, no tenía red social. Pleno siglo XIX, era sorprendente. No alcanzaba con verla una vez, me hizo saber que pronto de mudarían a Colombia; es curioso porque la encontré en la pórtico del cementerio, iba a visitar a mi padre cuando me saludó, al principio no podía creerlo, más de 15 años sin contacto alguno. Luego de allí fuimos a un café junto a su hermanita menor, que supongo tendría la edad en que nos conocimos.
Me senté sobre el respaldo de la cama, removiendo las sábanas lejos de mí y trayendo la computadora portátil frente mis piernas. Hice memoria entre mis recuerdos dónde aparecía la hermana pequeña de Sofía, entré al buscador y tecleé su nombre rápidamente. Al segundo de encontrar su perfil, di clic a iniciar conversación, y para mi suerte estaba en línea.
Federico Benjamín
Hola, pequeña. Quería saber cómo está tu hermana.
Leah Fiori
Vuelves a decirme pequeña y juro que te golpearé tan fuerte que olvidarás hasta tu propio nombre. Ella está arreglándose en este momento, iremos a bailar.
Federico Benjamín
Genial, pequeña. ¿A dónde?
Leah Fiori
Al único bar decente. ¿Quién crees que eres para referirte a mí como 'pequeña', señor con mucho dinero?
Federico Benjamín
Ok, lo de "señor con mucho dinero" me ha hecho gracia, no te enojes tanto que te saldrán arrugas. ;)
No esperé respuesta y cerré el portátil, me levanté para tomar una ducha rápida y vestirme con una camisa negra y pantalones negros. Conduje hasta el bar del gordo Gómez y a pesar de ser las dos y media de la madrugada recién iniciaba a colmarse, mientras buscaba con la mirada encontrar a Sofía subí mis mangas hasta mi antebrazo, caminé entre la gente hasta que la vi, en una de las mesas a lo lejos. Vestía un vestido rosado que sobresalía su figura, su cabello marrón oscuro estaba ligado en una coleta alta dejando visible su espalda descubierta. Hizo un ademán que me sentará junto a ella, y no la hice esperar, la música estaba demasiada alta como para hablar normalmente a lo que se acercó para saludarme. Pasamos casi toda la madrugada riéndonos de nuestros recuerdos juntos, desde que nos conocimos hasta la última vez que nos vimos, hasta que con su coctel sin alcohol jugueteó con su cabello, habrá pasado mucho tiempo que no estuve cerca de ella pero ese tipo de cosas nunca cambian, solía hacerlo cuando estaba nerviosa o inquieta, me miró y distinguí sus ojos contrariados.
- Federico, fuiste mi primer amor y te aprecio mucho. Fue lindo volver a verte pero hoy viajaré de nuevo a Colombia, mi esposo y mi vida allí, me esperan -murmuró cerca de mi oído, lentamente. Y parecía como si dos dagas cruzaban mi pecho una, y otra vez- adiós. Cuida a Leah hasta que venga su novio, por favor.
Dijo y se fue, sostuve mi cabeza por unos segundos tratando de sentirme menos patético pero no estaba funcionando, cuando Leah finalmente apareció en frente mío, acomodó su vestido ajustado negro y se sentó junto a mí, colocando su mano en mi hombro y mi nivel de patético aumentó a 100.
- Lamento como sucedió todo Fede, pero llegaste tarde -levanté la mirada que antes veía el vaso medio lleno que dejé y la miré, tenía razón- tres hijos tarde -comentó haciéndome reír. ¿Qué más iba a hacer? Sofía estaba felizmente casada. La castaña pareció aliviarse al verme cambiar de humor.
- Gracias por tus palabras de aliento, pequeña -hablé, noté como se puso roja de la rabia y sonreí aún más.
- ¿Crees que alcanzará tu dinero para reconstruir tu lindo rostro cuando termine de golpearte? -comentó, levantando su ceja.
- ¿Crees que tengo un lindo rostro, pequeña? Me halagas -le guiñé el ojo, su rostro parecía un tomate. Y era adorable- de niña también solías decírmelo, oh, eras todo una ternurita con tu cachetes inflados, ¿por qué tuviste que crecer? -coloqué mis manos en las extremidades de su rostro moviéndolas a lo que ella las apartó y cruzó los brazos.
- Oh, cállese -habló intentado estar seria pero falló y soltó una risita tímida. Serví un poco de cerveza en un vaso, y otro poco en mi vaso, coloqué el vaso frente a ella, Leah lo analizó y lo agarró, hice lo mismo.
- Brindemos, pequeña.
- Bien, ¿pero por qué? -con ambos vaso levantados, sonreí levemente.
- Porque el amor es una mierda -soltó otra risita y ambos juntamos nuestros vasos provocando un chin al tocar los vidrios, y seguido, tomamos el líquido. Nos miramos y reímos.
YOU ARE READING
Unexpected
Romance- Me importas, pequeña -confesó, temiendo ser rechazado una vez más por ella, y si fuera así, temía desmoronarse, no podría seguir conteniéndose. Aprovechó que la castaña se encontraba frente a él para rodear su cintura con sus manos, cortando más e...
