Prólogo

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Math sentía sus piernas flaquear con cada paso que daba. Su pecho le apretaba, estaba oprimido. Se hacía paso entre las ramas del parque. La respiración le costaba, llevaba bastante tiempo corriendo, algo a lo que no estaba acostumbrado y no podía respirar. Una puntada le vino al pecho. Estaba adolorido, cansado, nervioso y con miedo, necesitaba parar pero no lo hacía, sabía que si se detenía a descansar sería la última vez que lo haga. No sabía si aún lo seguían pero aún así no quiso detenerse a mirar, lo único que estaba en su mente en ese momento era vivir. 

Una nueva puntada. Sintió como si le clavaran agujas en el pecho, pero aún así no quiso detenerse. Sabía que su casa estaba al salir del parque, pero no estaba seguro de cuanto le quedaba para seguir. Estaba muy oscuro, nunca había entrado a ese cementerio de árboles en la noche y no lograba reconocer nada. Punzada en el pecho y con ella se cortó la respiración. Math finalmente se detuvo. Con su brazo derecho se descansó en el viejo roble que tenía a su lado y con su mano izquierda se secó el sudor. Estaba agitado e intentaba recuperar el aire, le costaba mucho. Con su mano izquierda se tocó el pecho y se lo empezó a masajear pero el dolor no sanaba. Sus piernas le temblaban, una gelatina era más sólida que ellas en ese instante. Math se recostó en el roble con su espalda.

- "¡Puedo olerlo! ¡El infeliz está cerca!" - Una voz ronca hizo estruendo en los oídos del chico.

Math sintió como esa voz le destruía todo pensamiento de lograr sobrevivir esa noche. Sabía que si lo alcanzaba no volvería a ver la luz del sol y sin pensarlo dos veces, se levantó y comenzó a correr. «¡Soy un estúpido! ¿Por qué le hice caso?» Pensaba. Su pecho le dolía, sus piernas a penas le respondían y sus pulmones no recibían oxígeno, pero aún así no dejaba de correr.

A lo lejos notó la primera luz, una nueva esperanza de poder vivir llegó y dibujó una leve mueca alegre en su rostro. Corrió sin parar hasta que finalmente pudo salir del bosque. Sentía que iba a desmayarse, la luz le hirió los ojos y tuvo que concentrarse para divisar la que era su casa.

Se detuvo unos segundos y sonrió estupefacto al lograr ver su hogar. Se detuvo a respirar pero algo derrumbó sus esperanzas nuevamente. Agudizó el oído y notó un trote ágil proviniendo desde el Bosque muy cerca de él. Sabía muy bien que esa cosa lo seguía y no faltaba mucho para que estuviera sobre él.

Corrió. Nuevamente corrió. El chico de suéter rayado de celeste y azul corrió débilmente hacia el otro lado de la calle. Su energía era tan leve que cayó golpeándose contra la cerca de la primer casa que había en la vereda al no poder levantar uno de sus pies. Haciendo acopio de fuerza se levantó agarrándose con su brazo derecho de la madera blanca que cercaba la casa. Sabía que no tenía que hacerlo, pero aún así lo hizo. Giró sobre su hombro izquierdo y vio aquello que tanto miedo le daba.

Una grotesca figura salió de la inmensa arboleda. Era alto, por lo menos llegaba a los dos metros o tal vez tres, no lo sabía con exactitud, su vista estaba muy nublada como para notarlo. Pero si vio lo que le erizó la piel. La bestia que lo seguía lo había localizado y había clavado sus grandes ojos carmesí en los de él. El atemorizado adolescente sintió como si sus ojos le arrebataran cada trozo de su alma.

Math miró para ambos lados de la calle, no podía creer que no hubiera nadie viendo eso más que él. Todo parecía un sueño, pero no, él sabía que era real, sabía muy bien que si dejaba que esa cosa lo alcanzara no viviría otro día. Había sido un error encontrarse con ello y tenía la esperanza de que si llegaba a su casa podría encontrar ayuda. Algo en su cabeza le hacía creer que la encontraría.

Una vez más. Movió sus pies una última vez, necesitaba llegar a su casa, a su dormitorio y ese era el momento crucial para hacerlo, un segundo más sin correr y podría ser el último.

La bestia había anticipado lo que el chico haría ya que antes de que este se moviera, había comenzado a correr hacia él.

Estaba cerca, veía su casa, era la siguiente. Finalmente la salvación a todo el sufrimiento que acaparaba a Math en ese momento estaba a solo unos pasos. Una lágrima resbaló por su mejilla, en ella se iba todo el miedo y los dolores que había sentido.

Con una sonrisa tenue dibujada en su lado derecho, estiró su brazo para alcanzar la puerta de su hogar, pero algo lo había alcanzado.

El aullido estremeció los oídos de Math al instante que giró su cabeza y vio abalanzándose sobre su cuerpo esa enorme bestia parda cubierta de pelo y ojos carmesí que con las fauces abiertas y su aliento a muerte intentaba robarle cada gota de vida. Math cerró los ojos entregándose por completo.


El despertador sonó. Math abrió los ojos exaltado al darse cuenta que todo había sido una pesadilla.



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