Hola, aunque nunca vayas a leerme. Jamás sabrás que me dedico a escribirte a la 1:10 A.M. de un simple domingo, ni que lo hago porque llevo rato pensando en ti. Tampoco te imaginarás que escucho canciones cuyas letras parecen hablar de ti. Ni que te he visto con ella, de la mano. Ni que me escondí; porque no quería que lo supieras. Del mismo modo que tampoco quiero que me leas. Me tomarías por loca si te enteraras de que sigo pidiendo el mismo deseo a las 00:00 día tras día desde que te fuiste. Y probablemente no me creerías si te dijera que aún te quiero, o algo así.
Sé que no me despedí, ni voy a hacerlo ahora.
Qué chorrada escribir pensándote si nunca te llegará esto.
O sí.
Pero quizás dentro de mucho tiempo. Tanto, que probablemente estas palabras ya carezcan de significado.
Siento tener que esconderme cada vez que te veo de lejos. O cambiar de acera si coincidimos en la misma. Supongo que no se me da del todo bien fingir. Fingir que yo ya estoy curada ante tus cicatrices.
Tampoco sabrás que he fijado una canción como nuestra, aunque tú no lo sepas. Ni que tengo aún regalos sin entregarte. Ni que te extraño como un niño extrañaría a su peluche si no durmiera con él. Ni mucho menos, que sigo con el insomnio del que solo tú me liberabas. No me gustaría que supieras, tampoco, que aún no he encontrado con qué -o con quién- compararte. Nada se asemeja a ti. Y no sé si lo prefiero.
Así que, para no fallar a mi palabra, no voy a despedirme de ti.
Es por eso por lo que prefiero decirte 'hola', aunque no acabes de llegar; a decirte 'adiós', aunque ya te hayas ido.
