—¡Entonces vete,no me esperaba esto de ti- hizo una breve pausa mirando al suelo— No vuelvas nunca mas- dijo mirándome con rabia.
Esas palabras simplemente me rompieron, me hicieron saber que no valgo nada, eso es lo que soy, nada.
Acepté con toda la culpa que debía marcharme, era lo mejor para los tres, no quería causar más problemas de los que había, estarán mejor sin mí.
Caminé hacía mí habitación, saqué toda la poca ropa que tenía en mis cajones y la metí en mi gran mochila que tenía desde pequeña.
Antes de salir por la puerta me quedé mirando mi habitación, las paredes estaban con el mismo ladrillo que tuvieron siempre, el techo de paja, inservible, que solía mojar toda mi habitación las veces que llovía, las ventanas se movían con el fuerte viento. Las cerré, tantos recuerdos, que no se podrán repetir jamás, sin nada más, salí de mí habitación y caminé por el largo pasillo hasta llegar a la habitación de mi hermano.
—Te voy a extrañar— digo en un susurro, a punto de derramar las miles de lágrimas que amenazaban con salir, deslizando mi brazo por el marco de la puerta.
—Quiero que te lleves esto— dijo dándome un fajo de dinero, que parecía bastante, al parecer ya sabía que debía irme.
—No puedo aceptarlo, es demasiado— aparté su mano y le devolví el dinero.
—Por favor, es lo último que puedes hacer por mí— volvió a darme el fajo de dinero.
—Gracias— susurré y lo abracé, las lágrimas salieron de mis ojos mojando su remera— lo siento —reí avergonzada— te quiero, vendré a visitarte, te lo prometo.
Me desenvolví de sus brazos y camine hacía la puerta, no sin antes hacer un gesto con la mano y decirle cuanto lo quiero y cuanto lo voy a extrañar.
Salí del pasillo, ahora viene la parte difícil, pensé. Hablar con mi madre iba a ser un completo desastre, si bien no necesitaba plata, pero lo último que quería era abrazarla, después de todo es mi madre, y dio todo por mí.
Me acerqué a la cocina, allí estaba mi madre, cocinando algo, mientras sollozaba, y se limpiaba con el pañuelo que siempre traía consigo. Pase por su lado y antes de llegar a la puerta, suspiré, me di la vuelta y la abracé, no me correspondió el abrazo, por lo que supuse que seguía enojada.
Me di la vuelta, no quería hacerla sentir más triste de lo que estaba, hablar iba a empeorar todo.
—Adiós mamá, te amo — dije dándole la espalda rápidamente para que no me viera llorar, mientras salía por la gran puerta de madera en mi humilde casa y cargaba conmigo la culpa de todo esto.
Como vivía en el bosque, en una casa de paja, muy humilde, salía todas las tardes a jugar con mi hermano al bosque, jugábamos a las escondidas, el rayuelo, hacíamos carreras, etc. Hasta que se hacia de noche y mi madre nos llamaba para que nos bañáramos por estar tan sucios al jugar todo el día. Por esa zona no vivía nadie, eramos los únicos, aunque a unos kilómetros se encontraba el pueblo, allí teniamos que ir casi siempre para poder comprar comida, ropa o cualquier cosa que necesitemos, eso si que no sea tan costoso.
Mi hermano tenía 17, mi madre 48, yo 19.
Mi madre siempre fue una mujer con la cabeza en alto a pesar de que nuestro padre nos dejó ella salió adelante conmigo y mi hermano. Consiguió un trabajo, humilde, pero aquí los trabajos son escasos para las mujeres, pues los hacen los hombres. Se compró la humilde casa en la que vivo, o vivía, con toda la plata que tenía. Mi familia paterna nunca estuvo en mi vida, al igual que la materna, ellos estaban enojados con mi madre supongo. Ella los había dejado al irse con mi padre y eso los desilusionó mucho, hasta hicieron que se cambie el apellido y abandonara el pueblo en el que vivía.
Salí de mis pensamientos y me concentré en el camino, estaba a unos cuantos metros de mi casa, cuando creí que habían pasado ya horas, sólo pasaron cinco minutos. Me faltaba mucho para llegar al pueblo, no sabía hacia donde ir, me sentía cansada y desorientada, mis ojos empezaban a cerrarse, intenté abrirlos pero no pude. Me apoyé en un árbol y puse mi mano sobre el para detener el mareo, no sabía que era lo que me pasaba hasta que ¡Bingo! No había comido en todo el día, mi cuerpo necesita ingerir algo.
Después de unos minutos, el mareo ya había cesado, me paré erguida y empecé a distinguir los árboles, podía ver mi casa a lo lejos, por lo que sabía a donde ir, tenía que ir hacía el norte, unos cuantos kilómetros y ya estaría en el pueblo. Pero necesita comer, no podría volver a mi casa, se desataría la tercera guerra mundial. Decidí buscar comida por el bosque, podría encontrar algo para cazar o mejor no, no me gustaría matar un animal indefenso, opté por buscar alguna planta o fruta que encuentre.
Ya estaba atardeciendo, estuve toda la tarde buscando algo para comer, mi estómago pedía comida cada minuto y yo no se la daba, a propósito el estómago es nuestro segundo cerebro, oh entonces debo tener un estómago muy inteligente, reí, aveces soy muy graciosa, me dije a mi misma. Mierda, ya me estoy volviendo loca, lo único que faltaba hablar conmigo misma, me sentía sola, eso no me gustaba así que empecé a hablar conmigo misma.
Estaba anocheciendo el cielo se ponía de un azul muy oscuro, casi negro, o negro, no lo sé, el punto es que ya es de noche y todavía no he comido, me pregunto como es que no me he desmayado de nuevo.
A lo lejos veo una figura negra, que no puedo distinguir por la poca luz que me ofrece la luna, acelero mi paso para llegar hasta ahí.
Al llegar veo que es un pozo, uno de esos en los que puedes sacar agua, agua no me haría mal, pienso. Busco por los alrededores si hay alguna cubeta, veo una con algas, agua marrón, vieja, y oxidada, me causaba asco, de todos modos la limpiaría.
Cuando logré poner la cubeta para poder llenar un poco el balde con agua, y así limpiarlo escuche algo.
Era de noche, el cielo estaba negro, con miles de estrellas, con la poca luz que entraba por los huecos que dejaban los árboles, podía ver lo que hacia y ahora creo que me estoy volviendo loca.
Sigo bajando la cubeta y escucho de nuevo eso, es como un grito, o gemido, no lo sé, no logró distinguirlo.
De pronto la cubeta se mueve y cae, pude sentir como alguien la tiró, me paré en seco.
—¿Hay alguien?— pregunté con una voz desconfiada
—Ayudame — escuché casi en un susurro inaudible, antes de que mi vista se nuble y me desmaye.
KAMU SEDANG MEMBACA
El Pozo del Bosque
FantasiLeah es echada de su casa, en su trayecto se encuentra con alguien o algo y desde ahí toda su vida cambia por completo ¿Qué pasará con Leah?
