Ojos color sapo

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     —Talvez nunca me quizo, y yo me ilucioné sola. ¡Vamos! Nunca me dió indicios de que yo le gustara mientras yo.... ¡Diablos!

     Y las lágrimas se resbalaban de sus mejillas respresentando el dolor contenido en sus palabras. Le sabían salado, amargo; cómo el amor, porque para ella eso era ahora: amargura y pérdida de tiempo.

      Hermione se encontraba sentada en un salón en desuso del colegio. Había corrido hasta ahí después de ver a Ron fundirse en un inesperado  beso con Lavender.

      —Hermione...

      —Harry— dijo tratando de ocultar su voz ronca por el llanto y  unas evidentes lágrimas que caían sobre su rostro que trataba de secarse.

     Harry la había seguido hasta esa habitación desde que la vio correr. Él ya sospechaba de algo entre ellos porque, bueno, siempre la incomodidad entre ellos era evidente y no era necesario ser un especialista para darse cuenta que tanto su preocupación, su aprecio y cariño era mutuo.

Ahora Harry estaba situado al lado de Hermione, los dos sentados en un escalón admirando los pequeños pájaros producto del hechizo de Hermione y de su derroche de emociones, y él tratando de decir algo coherente y tranquilizarla, pues su fin era que ella ya no este triste, ya que como amiga había una conexión entre los dos que los hacia sentir lo del el otro.

      —Hermione... Yo, Yo sé que... Sé que es lo que te pasa con Ron...

      —Estoy bien, Harry.

      —Hermione, no trates de ocultar algo tan evidente.

      —No es evidente Harry, si lo fuera él  al menos se habría dado cuenta, y no estaría besándose con Lavender, ¿no?

      —Sí, bueno, al parecer era algo entre los dos, pero... ¡Vamos Hermione! Ron es un idiota—. Estas últimas palabras hicieron reír a la leona, pues ella bien sabía que eso era cierto.

      —Es demasiado idiota aveces— dijo recostando su cabeza en el hombro de Harry con una sonrisa, luego, su semblanza cambió al recordar el porqué ella lo llamaba idiota esta vez.

      —Harry, ¿cómo van las cosas con Ginny?

      Aunque esta pregunta lo tomó inesperado, no era sorpresa que ella supiera que él había sentido algo por ella.

      —Lo de Ginny... Ella está con Dean.

      —Oh, lo siento Harry.

      —No tienes porque hacerlo, Mione. Simplemente fue un gusto y... no pasó de eso.

      —Bueno, en ese caso, ella se lo pierde.

      Y ahora una sonrisa iba perfectamente enfrascada en el rostro de ojiverde, que, ya  como tantas veces, agradecía por tenerla a su lado.

      —¿Qué piensas hacer con Ron?

      —Con Ron no pienso hacer nada, Harry, que se ocupe de él Lavender— dijo en un tono frío.

      —¡Vamos Hermione! No vas a perder una amistad de tantos años ¿no?

      —No, Harry —dijo secándose las últimas lágrimas, que a Harry más le pareció una señal de valentía y decisión, lo que le gustó mucho—. Esto ya depende de él, Harry. Ya mis sentimientos hacia él se han bloqueado y no pienso estar demostrándolos haciéndome ver tan desesperada como el beso que le dió Lavender.

      —¿Estás segura, Mione?

      Hermione no dudó mucho, pero, en cuanto iba a responder la puerta se abrió en el momento más inoportuno, con las personas más inoportunas, diciendo lo más inoportuno.

      Harry notó lo que pasaba, y la actitud de Hermione de volverse piedra como reacción a este suceso. Y no lo pensó más.

      De la vista de un pelirrojo y una rubia desde esa posición, luego la acción de algo borroso acercandosa la obligó a cerrar los ojos involuntariamente,  Hermione pasó a ver simplemente nada.
No veía nada, pero si podía sentir algo húmedo. Humedad que se juntaba con humedad, suavidad con suavidad y cariño de por medio, ternura y protección en sus brazos, eso sintió: un beso.

      Volvió a escuchar el ruido de la puerta y reaccionó. Abrió los ojos al tiempo que él abría los suyos y se separaban. Pero, sus ojos... Nunca los había visto con tanta claridad y tan de cerca, y así se veían aún más hermosos. La luz que se filtraba por las ventanas le favorecía. Sus ojos eran esos dos pequeños destellos que ahora la miraban con algo de confusión y aturdimiento, dos pequeños destellos esmeralda, dos pequeños destellos que brillaban cada vez más, dos pequeños destellos que no paraban de observarla haciéndola incomodar. Y ella se sentía la más afortunada al tener esos ojos, y a la persona que los posee tan cerca de ella. Pero, algo estaba mal, algo había pasado, algo que tenía que solucionar, algo que la sacó de su fascinación: aquel beso.

      —Ya se fueron Hermione— dijo Harry tartamudeando.

      —Harry...

      —Déjame explicarlo, Mione.

Hermione asintió.

      —Ví a Ron y Lavender entrar, luego tu rostro y... Sabía que si no lo hacía terminarías tirándoles los pájaros en la cara.

      —Gracias... Pero... no lo vuelvas a hacer, Harry.

      —¿Beso mal?— dijo en una sonrisa entre incomodidad y broma.

      —Tus labios saben bien— dijo mirando al suelo más pensando en voz alta que queriendo decírselo, pero muy tarde se dio cuenta.

      —Los tuyos también, Hermione— le dijo levantándole la cabeza.

      Tal vez Hermione se sentía demasiado sola, tal vez solo quería asegurarse de que en realidad supieran bien o tal vez simplemente quería besarlo, entonces, lo hizo. Lo besó. Este beso le sabía más dulce, más tierno, más placentero. Era un beso donde había un poco de necesidad pero primaba el cariño. Un cariño de amigos, un cariño de hermanos, ¿o de algo más?

      —Creo que ese estuvo mejor— dijo Harry sonriendo cuando se separaron de aquel ósculo.

      Esto le gustaba. Aunque él no lo haya aceptado, sabía que había algo especial dentro de sí que lo impulsaba hacía ella, algo que le hacía disfrutar cada momento a su lado, algo que le hacía no querer perderla, e infinidad de cosas más representaban ese «algo». Un algo, una emoción, un sentimiento, un deseo, o simplemente amor.

      Hermione, tal vez sin querer había besado a su mejor amigo y esto le había gustado. El beso — o los besos— le habían sabido dulce ¿y acaso no debería de ser así el sabor si besas a alguien que quieres? 

Y, luego pasó algo extraño en sus ojos. Los ojos de Harry la habían maravillado más que nunca. Es como se podría llamar «Amor a primera vista».

      ¿Y es que cuándo se ha parecido tanto una piedra preciosa y un anfibio? El color de su mirada transmitía un misterio que ella quería — y sería— capaz de resolver. Todo en esos ojos color sapo.

Espero que les guste :)
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FF&IC
GJ

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