Desrutinado.

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Era un día como todos los otros, apretado, agotador y rutinariamente aburrido.

Yo, soy una persona a la cual la rutina lo ahoga, lo sofoca y lo estresa. Por este motivo, vivo todos los días como si no tuvieran importancia. Todo lo hago casi automáticamente, no necesito estar despierto, ya que mi mente sabe que tiene que hacer, cuándo y cómo hacerlo.

Este día, que empezó como todos los otros, tuvo un cambio. Un cambio tan pequeño para ese día pero al mismo tiempo tan grande para todos los que vendrían luego.

Era mediodía y el horario de clases acababa de terminar teníamos media hora para almorzar y llegar a tiempo a la clase de educación física, la cual quedaba a veinte minutos caminando. Siempre llegábamos a tiempo, a veces sin comer o a veces comiendo. En fin, la clase al fin terminó. Agotadísimos volvimos al colegio donde nos esperaba una última clase de taller. Llegamos y nos alegramos al oír que el profesor a cargo no vendría y por ese motivo la clase no se iba a dictar.

De igual manera yo y mi amigo subimos a la biblioteca. Él buscaba a alguien y yo solo le hacia compañía. Entonces veo, en uno de los asientos, a un compañero de clase con un libro y unas hojas. Me dirijo hacia él y le pregunto:

- ¿Qué haces?
- Él voltea respondiendo:
- Lo de historia.
- Yo, olvidando responderle, noto a una chica con un cabello hermoso, una mirada tan dulce y una personalidad tan transparente como el agua cristalina.

Yo, soy una persona muy tímida. Jamás he podido iniciar una conversación con alguien que no conozco. Como mucho si alcanzo a saludarlo de lejos. Pero, con ella, con ella todo fue diferente, en el mismo instante en que la ví y ella se volteo hacia mi un automático e inesperado "Hola" salió de mi interior.

- ¡Hola!
-Ella sonrió, de la manera más hermosa, me miró y respondió:
- ¡Hola! ¿Cómo estás?
- Yo, ya no sabia por dónde estaba mi amigo y mucho menos si mi compañero de curso seguía allí. En ese momento solo le hablaba a ella. Mi atención estaba puesta en su voz, sus gestos y sus palabras.

En un momento dado ella debía volver a sus clases, entonces, nos levantamos y la acompañé hasta su curso. Cuando se fue, me quedé viéndola sintiendo, de nuevo, que estaba vivo.

Claro, al principio, creí que solo era la emoción de al fin salir de la tan abrumadora rutina pero, días después comprendería que no es solo eso.

Al día siguiente, comencé con una energía diferente, no quería ir a la escuela (uno nunca quiere eso) pero por el simple hecho de saber que ella estaría allá ya valía la pena. Todo lo hice diferente esa mañana, no quería lucir como siempre, quería lucir diferente. Tenía que llamar su atención.

Llegué al colegio. Todo parecía igual, pero claro que no lo estaba, yo no iría directo al curso como todas las otras veces, yo, esta vez, me quedaría fuera buscándola y esperando a saludarla. La estuve esperando fuera hasta que tuve que entrar a clases y entonces recordé que ella pertenecía al turno tarde.

Pensaba "que tonto soy", y al mismo tiempo me sorprendía ya que no soy una persona despistada, y muchos menos olvidadiza, pero estaba tan entusiasmado con verla otra vez que algo tan obvio se me pasó.

Escucho el timbre del último recreo. Yo no tenia interés en salir debido a que ella no estaría allí afuera. Levanto la vista, con la ciega esperanza de verla y nada. Entonces, me doy por vencido y saco el celular para distraerme cuando de repente uno de mis compañeros me llama a los gritos. Volteo a mirarlo y me dice: - Te buscan.

Me sorprendió, a mi nadie me conoce ¿quién podría ser? ¿Mi madre? ¿Mi padre? ¿Qué hacen aquí? Entonces me levanto y voy. Era ella. No se como encontró mi aula, pero ella, estaba ahí. Nos saludamos y le pregunté como estaba. Ella me respondió que bien, pero su respuesta no me terminaba de convencer. Se lo hice saber. Y ella asustada me pregunto si era un brujo o algo así y riendo le respondí que no.

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