Esta es la historia de una princesa llamada Amia y su humilde corazón. Ella tenía una hermana mayor cuyo nombre era Beatriz pero aunque había crecido en el mismo lugar y con los mismos valores no eran iguales. Beatriz era coqueta y ambiciosa, le encantaba estar dentro del palacio real o estar con sus otras amigas de la realeza. En cambio Amia era bondadosa y le encantaba ayudar a la servidumbre con sus tareas. Tenía un mejor amigo campesino llamado Rafael y siempre estaban juntos. El acompañaba a Amia al pueblo para repartir pan a los pobre. Siempre quería ayudar a los más necesitados en lo que ella pudiera. Las 2 hermanas tenían una madre llamada Adriana y el padre llamado Daniel que era el rey. El rey era como Amia pero la reina era como Beatriz y a ellas no le gustaba ir de paseo al pueblo porque le desagrada la gente de ahí. Daniel tenía una enfermedad muy extraña para esos tiempo no había una cura. Era hereditaria pero no era contagiosa. Te ataca en ciertas edades mediante la vida del enfermo. Tenía niveles de fuerza. La última era inesperada a veces. Pero algunas personas lograban pasar esta etapa. Pero finalmente mataba por completo. Las personas que lo contenían solo llegaban hasta los 30 o 40 años de edad.
Amia tenía la enfermedad pero por alguna extraña razón Beatriz no. Amia desde pequeña se pasaba en el pueblo con su padre. Hablaban y ayudaban a los campesinos. Al final del día volvían a su castillo muy satisfechos y alegres. Cuando Amia estaba joven su papa enfermo gravemente de la enfermedad. Tuvo que dejar a cargo a su esposa. Adriana decía que la enfermedad era por culpa de los campesinos y le prohibió a Amia ir para el pueblo. Pero Amia no le hizo caso a su madre. Cada mañana cuando su madre dormía, Amia se iba al pueblo a repartir pan junto a su mejor amigo Rafael. Aquí empieza la aventura llena de bondad.
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