A la mañana siguiente desperté por un rayo de sol que se filtraba por la ventana. Me di la vuelta y lo observé, allí, dormido. Tenía el pelo perfectamente despeinado. Miré sus facciones. Nariz perfecta, mentón perfecto, mejillas coloradas y hermosas. No podía encontrar error alguno en él. Estiré un dedo y le acaricié un mechón de pelo. Era suave cual seda. Él se movió un poco, haciendo que dé un salto sobre la bolsa de dormir, luego de retirar la mano. Me levanté y fui hacia la cocina, decidida a hacer el desayuno.
Hice dos cafés y un submarino para Thomas. Tomé el mío con tranquilidad, ya que eran apenas las diez de la mañana, y recién a la una debería estar en el aeropuerto. Al terminar de tomar el café, me dirigí a la pieza de Julian para despertar al pequeño diablillo. Entré y me acerqué a él.
-Thom, vamos, hay que levantarse.-El se movió un poco
-¡Nah, es temprano! -Dijo dándose la vuelta, reí pero intente parecer seria.
- Mira que te voy a hacer cosquillas si no te levantas.- Le dije lo mas seria que pude, cosa que no pude, ya que me estaba muriendo de la risa.
- Mentira- me respondió.
- Ah, ¿si?- comencé a hacerle cosquillas por todo el cuerpo, haciendo que él grite.
- ¡Ya basta! Ya, enserio... ¡Basta! -rió -¡Basta! ¡Me rindo!- Dijo riéndose aún más. Le ayude a levantarse y me alejé de él. Caminamos hacia la cocina, y él se sentó en la mesada.
- ¿Qué hay de desayuno?- preguntó moviendo las piernas.
- Te hice un submarino, espero que te guste.- dije dándole el gran tazón.
- ¡Gracias! Me encanta, es mi favorito.- dijo tomándoselo rápidamente.
Caminé hacia la versión de Julian dormido, me agache y me acerque a su oido.
- Levántate ya dormilón, que en unas pocas horas hay que ir al aeropuerto, y tienes que desayunar. -Le susurre. Él se dio la vuelta para "mirarme", ya que tenía los ojos cerrados, y me sonrió con los labios sellados. Se estiró un poco.
-Hola -Me dijo con una voz ronca y malditamente sexy.
Y así fue como prácticamente casi me caigo para atrás. No puedo creer que este hombre me afecte tanto.
-Ho-ola- le respondí, tartamudeando. No podía ser más tarada. El sonrió mostrando sus hermosos dientes
- ¿Cómo dormiste? -Me pregunto.
- Bien.- le respondí cortamente. Si me zafaba un poco, me iba a descontrolar.- bueno. Levántate, tienes que desayunar. Ya te preparé el café.- le dije dándole unas palmaditas en el estómago. Me levanté y fui hacia la cocina, donde estaba Thomas.
- ¡Qué rico submarino! Me tienes que hacer uno de esos más seguidos.- me dijo la pulguita. Yo le sonreí y le peiné un poco el pelo.
- Anda, ve a vestirte. En media hora salimos hacia el aeropuerto.
- Está bien.- me respondió, con su voz sumamente dulce.
Tomé el café del castaño y me dirigí hacia él, que estaba sentado en la silla de madera, al lado de la pequeña mesa de la cocina, mientras él se refregaba los ojos. Dios, ese chico me podía.
- Aquí tienes un café, así puedes despertarte.- le dije apoyándole la taza en la mesa.
- Gracias.- me respondió, con su voz que lo caracterizaba.
Terminó de tomar su café y le dije que vaya por sus valijas y que se cambie, ya que en poco tiempo deberíamos estar en el aeropuerto.
A los diez minutos, los dos chicos irlandeses estaban listos, peinados y listos para salir.
***
-Abrochen sus cinturones pasajeros, que el vuelo está por despegar- dijo la azafata en inglés, seguidos por otros idiomas.
Pero yo sólo podía pensar que rubia artificial estaba casi ARRIBA del regazo Julian. ¿¡Por qué el personal del aeropuerto estaba en contra mío!? Esa estúpida zorra lo miraba muy seguido, charlaba con él y se le acercaba. Juro que si le llega a tocar un pelo, literalmente, me tiro encima de ella.
*Por dios Oriana, no puedes ser tan posesiva, apenas conociéndolo hace menos de veinticuatro horas.*
Pero yo era así. Y no pensaba cambiar.
Una suave voz me arrastró hacia la realidad, alejándome de mis pensamientos.
- Ori, ¿te sientes bien?- me preguntó Thomas, con cara de preocupación. No, no estaba bien. Su primo, QUE ERA MÍO, por más que apenas lo conozca, estaba sentado con una rubia taxi. Se le notaban las raíces color negras azabache a quinientos kilómetros de distancia.
-Si, pequeño. Estoy bien.- le decía, mientras creaba una sonrisa falsa.
- A mí no me engañas. Te estás muriendo de celos porque Julian se sienta con esa chica.- dijo señalando, disimuladamente, a ellos.
-Pff, no Thomi.- le dije haciendo un gesto de "no me importa" con las manos -Estoy perfecta.
-Él me miró con una sonrisa pícara, se levantó del asiento y se dirigió al irlandés. Intenté detenerlo, pero fue en vano. Pude escuchar su conversación con él, ya que estaban bastante cerca.
- ¡Julian! ¡Julian!- dijo Thomas acercándose a él, pasado por alto a la teñida. Si le llegaba a decir que estaba "celosa" por su pequeña amiga, a ese niño no le hago más un submarino. -¿Cuándo vas a llamar a tu novia?- le preguntó el niño. Julian, la teñida y yo lo miramos con el ceño fruncido.
-¿Qué novia?- preguntó Julian,
-Si, ¿qué novia?, nene- le dijo la inquilina, con tono despreciativo a Thomas, haciendo que él, Julian y yo la fulminemos con la mirada.
- Mira- dijo Juli acomodándose en el asiento -o tratas bien a mi primo, o te voy a pedir que te cambies de asiento.- le replicó respetuosamente.
- Escucha- dijo la desagradable mujer, con voz chillona -no es necesario que me lo digas. Ya me voy. Adiós mocoso, adiós castaño.
Fue la chica a decirle a la azafata que le cambie el lugar; haciendo que ésta vaya a la otra punta del avión, junto a un baboso que babeaba por ella todo el vuelo, mientras que al lado de Julian, se sentó una anciana, muy amable.
- De nada.- dijo Thomas cuando se sentó al lado mío, de regreso.
- Gracias- le dije sonriéndo.
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Wonder word (ADAPTADA) Orian.
FanfictionCambiar de hogar, cambiar de Universidad... y quizás de país. Sería lindo conocer otras culturas e idiomas. Pagina: Novelas Leonetta. Adapto: July <3 Todos los créditos a sus respectivos autores.
