Me desperte sobresaltada, todo había sido un sueño de mis últimos momentos con mamá.
Me levante de la cama rápido, pues se me había hecho muy tarde para ir a entregar el té.
Me mire al espejo después de salir de la ducha, tenía 16 años en ese entonces, ahora 5 años después muchas cosas habían cambiado, tanto en el país, como en el palacio, como en mi vida.
Salí apresurada de mi habitación para ir a la cocina y después al despacho de la reina.
Mientras caminaba hacia el despacho de la reina recordé al príncipe Natan, la última vez que lo había visto fue en el funeral de mi mamá, a veces lo encontraba en los pasillos del palacio, pero ya nada era lo mismo, antes eramos amigos inseparables, hasta que el cumplió 16 años -en nuestro país, Cilia, la ley decía que a esa edad los hijos de los reyes se convertían oficialmente en príncipes y princesas asumiendo los diferentes deberes del reino- siempre estaba ocupado, eso hacia que nos viéramos cada vez menos, al ir creciendo las cosas fueron cambiando, ya no nos gustaba hacer lo mismo que antes, nosotros habíamos cambiado.
-Ten cuidado- era él.
-Lo siento, iba pensando...- no termine la frase sólo seguí balbuceando.
-Maia, no hay problema- me dijo tomándose por los hombros.
Yo sólo baje la cabeza dispuesta a seguir caminando.
-Espera, porfavor dile a mi madre que mi padre la esta esperando en su oficina lo antes posible- sus manos habían soltado mis hombros pero seguía sintiendo su calor.
Él siguió su camino o yo el mío lo más rápido que mis tacones me permitían.
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La Royauté
FantasyMaia ha vivido siempre en el palacio real, no como reina, no como princesa, sino como la doncella real. Después de la muerte de su mamá tuvo que asumir ese importante cargo que la involucra con las personas de mas alta alcurnia.
