Quédate... Hasta que ya no haya hendidura alguna, que deje envolver los rayos del sol languideciendo lentamente en el horizonte.
Quédate... Hasta que ya no exista más el rojo en los colores del arco iris, y la luna deje de acudir al encuentro de su amado.
Quédate... Hasta que de una imposición se ahogue este amor agreste nacido del precipicio que inefablemente, se perfecciona en silencio.
