Séptimo día sin ti.
He salido a comprar el pan, y por suerte o por desgracia te he visto. Llevabas esos vaqueros negros que tanto me gustaban y la camiseta rosa chicle que yo usaba de pijama cuando dormíamos juntos, y que según tú, a mi me quedaba mejor por que iba a juego con el color de mi risa.
He estado un minuto y dieciséis segundos mirándote, parecías pensativo, pensativo y tranquilo. Mataría por saber en que pensabas, mejor dicho, mataría por saber si pensabas en mí. Y si, estoy casi segura de que pensabas en mí, por que mirabas al suelo de la misma forma que me mirabas a mi cuando te preguntaba entre carcajadas si mi risa seguía siendo del mismo color de tu camiseta.
