Hola a todos. Aquí está mi nueva historia espero que la disfruten tanto como yo 😊. La historia tiene algo de +18 así que por favor a los que no le gusten no la lean o simplemente salten esas partes. ☺️☺️
En la jerarquía del mundo moderno, las leyes de la biología jamás se han podido disfrazar con dinero.
Los Alfas nacían para liderar las grandes corporaciones y gobernar la política; los Omegas, rodeados de cuidados y perfumes caros, garantizaban la pureza de los linajes más influyentes; y los Betas sostenían el engranaje de la sociedad. En la prestigiosa Universidad de Liones, el campus privado más exclusivo del país, esta regla no solo se cumplía: era el pilar invisible sobre el que todos caminaban.
Las familias de la élite enviaban a sus herederos allí no solo por educación, sino para asegurar alianzas casta por casta. Y en la cumbre de esa pirámide social se encontraba Tristán.
Hijo de una de las dinastías Alfas más antiguas y respetadas, Tristán era la definición viviente de la perfección. De porte elegante, modales impecables y una sonrisa serena que transmitía autoridad sin necesidad de alzar la voz, su presencia en los pasillos de la facultad nunca pasaba desapercibida. Su aroma nativo -una mezcla refinada de sándalo, té blanco y notas de cedro- era suave pero inconfundible, el sello distintivo de un Alfa puro de cuna de oro.
Para Tristán, la universidad era un entorno predecible, un tablero donde todos conocían su lugar.
Hasta la llegada del nuevo semestre y de las becas de excelencia.
El aire en el aula magna del edificio de Economía y Ciencias Políticas se sentía pesado esa mañana. Faltaban diez minutos para que iniciara la primera clase magistral y el lugar ya estaba repleto. Tristán ocupaba su lugar habitual en la tercera fila, rodeado de su círculo de compañeros de estatus, respondiendo con cortesía a los saludos de varios betas y omegas que buscaban llamar su atención.
Entonces, la puerta pesada de madera al fondo del aula se abrió.
No fue un ruido estruendoso, pero el ambiente cambió de inmediato. Una corriente de aire frío pareció colarse en la estancia, trayendo consigo un aroma denso, áspero y abrumador: cuero, menta silvestre y humo de lluvia. Era un aroma de Alfa terrenal, salvaje, sin los filtros ni los perfumes neutralizadores que la alta sociedad usaba para suavizar su presencia.
Tristán se tensó casi por instinto, su lado Alfa reaccionando de inmediato ante la intrusión territorial. Giró la cabeza.
Caminando por el pasillo central iba el nuevo estudiante becado. Lancelot.
Llevaba una chaqueta de cuero gastada sobre una camiseta oscura, la mochila colgada de un solo hombro y los audífonos descansando sobre su cuello. Tenía el cabello algo desordenado y una expresión de profundo aburrimiento mezclada con una arrogancia natural. No necesitaba trajes a la medida ni un apellido de renombre para destacar; su sola estructura física, su mirada fiera y la pesadez de sus feromonas hacían que la gente a su alrededor se apartara instintivamente a su paso. Murmullos ahogados de Omegas fascinados y miradas celosas de otros Alfas siguieron cada uno de sus pasos.
Lancelot ni siquiera se molestó en mirar a nadie. Pasó de largo, buscando un asiento libre en la última fila, lo más lejos posible de la multitud.
Tristán lo observó, frunciendo ligeramente el ceño. Sabía de él por los boletines de la facultad: Lancelot había obtenido la única beca de excelencia completa de la promoción, superando las calificaciones de ingreso de todos los estudiantes de la élite.
Un Alfa de clase baja compitiendo en el terreno de los señores de la ciudad.
Para Tristán, aquello no era una amenaza, sino una oportunidad. Pensaba que la universidad debía ser un lugar de integración y que un Alfa con semejante talento merecía ser guiado para no quedar relegado por su origen humilde. Tristán, con su habitual espíritu benevolente, decidió que se encargaría personalmente de hacerlo encajar.
Lo que Tristán no sabía era que a Lancelot no le interesaba en absoluto su caridad.
Al finalizar la lección de tres horas, el profesor entregó las evaluaciones del ensayo diagnóstico de entrada. Mientras la mayoría protestaba en silencio por las notas moderadas, el profesor hizo una pausa al entregar los dos últimos exámenes.
-Debo felicitar a los dos mejores trabajos de este inicio de curso -anunció el académico con severidad-. El señor Tristán, con una puntuación casi impecable de 19... y el señor Lancelot, quien ha obtenido un 20 perfecto.
Un murmullo recorrió el aula. Que un estudiante becado superara al heredero Alfa en la primera prueba era algo inédito.
Tristán miró su hoja y luego volvió la vista hacia el fondo del aula. Lancelot guardaba su hoja arrugada en la mochila sin darle la menor importancia, levantándose de su asiento para salir antes de que se formara la multitud en la puerta.
Tristán guardó sus cosas con rapidez y se apresuró a salir al pasillo, alcanzándolo justo antes de las escaleras principales.
-¡Lancelot, espera! -llamó Tristán con tono amable, acortando la distancia.
Lancelot se detuvo a regañadientes, girando la cabeza despacio. Su mirada cayó sobre Tristán con una frialdad absoluta.
-¿Qué quieres? -preguntó Lancelot, con una voz profunda que vibraba con una dominancia natural bastante marcada.
Tristán ofreció su mejor sonrisa diplomática, dejando soltar un ligero matiz de su aroma de sándalo para proyectar una aura cálida e integradora.
-Solo quería felicitarte por el examen. Fue un trabajo excelente -dijo Tristán con total sinceridad-. Un grupo de la junta del consejo estudiantil vamos a ir a celebrar el inicio de semestre al club privado del campus esta tarde. Me gustaría que vinieras. Sé que eres nuevo y que el entorno de la universidad puede ser difícil si no tienes los contactos adecuados. Te vendría bien relacionarte con las personas correctas.
Lancelot se quedó en silencio un segundo. Luego, para sorpresa de Tristán, dejó escapar una corta risa amarga, cargada de sarcasmo.
Dio un paso hacia adelante, acortando el espacio personal entre los dos. Al hacerlo, liberó una ráfaga pesada de feromonas de humo y menta que golpeó a Tristán de lleno, haciendo que al Alfa de clase alta se le erizara la piel de la nuca en un claro reflejo biológico de amenaza.
Lancelot inclinó levemente la cabeza, mirando a Tristán de arriba abajo con evidente desdén.
-Ahorrate tu discurso de beneficencia, niño de papá -murmuró Lancelot en voz baja, pero con una firmeza que hizo que un par de estudiantes cercanos se detuvieran a mirar-. No necesito tus contactos, no necesito tu club privado y no necesito que juegues a ser el salvador del 'pobre becado'.
-No lo estoy diciendo por eso, solo intento ser amable... -intentó explicar Tristán, sintiendo por primera vez una molestia instintiva ante la negativa.
-Tu 'amabilidad' huele a lástima y a superioridad -lo interrumpió Lancelot con dureza, volviéndose a poner un audífono en la oreja-. Mantén tu distancia y quédate de tu lado del campus, Alfa. No me molestes más.
Lancelot se dio la vuelta y bajó las escaleras a paso firme, dejando a Tristán parado en medio del pasillo, atónito, con la sangre latiéndole con fuerza en las sienes por la provocación abierta a su autoridad.
Nadie le había hablado así jamás. Y mucho menos un Alfa que acababa de llegar a su mundo.
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Lazos Prohibidos
FanfictionUn heredero impecable. Un estudiante de clase baja con nada que perder. Tristán lo tiene todo para cumplir las altas expectativas de su linaje aristocrático: un futuro brillante, el respeto de su familia y un compromiso arreglado con Isolda. Sin emb...
