Hace mucho, mucho tiempo en Kósforening. Sí, ya sé. La forma más cliché posible de empezar una historia. Pero dame un segundo, todos vivían en paz, hasta que algo atroz sucedió; exactamente no sé qué fue lo que pasó. En mi pueblo dicen que fueron las hadas quienes comenzaron todo. Fueron en contra de nuestros pueblos y devastaron todo, mataron a casi todos los animales y arruinaron la fauna de los tres continentes; a mi pueblo le costó décadas arreglar los daños y, aun así, nada pudo ser como antes.
Yo soy Gray, un elfo. ¿Van a creer que soy un adolescente de 16 años como los protagonistas de todos los libros actuales? Pues no, tengo 24 años. Desde que tengo memoria me he dedicado a cuidar de las plantas, aunque sea realmente malo en eso, pero me defiendo. Ahora estarás pensando: "¿Hadas?, ¿elfos?, ¿qué más sigue, sirenas?" ¡DIN DIN DIN, le atinaste! Y si pensaste en vampiros u hombres lobo, libro equivocado, vete a leer Twilight o no sé. Bueno, pues, además de hadas y sirenas, también hay vaezkas, gigantes y tieflings, y tal vez estás pensando qué mier- son los vaezkas; son mitad vacas y mitad eeh, ¿ustedes? ¿Cómo se llamaban? Mmmm, ¿Hominis? Bueno, ellos se encargan de cuidar a los animales de cada lugar del planeta. ¡Son muy buena onda! Yo tengo cuatro amigos y los únicos que son vaezkas, pero después llegaremos a eso; luego están los tieflings, para los que conocen ese juego de mesa popular de ustedes sabrán lo que son y para los que no, ellos son algo tipo demonios, cuentan con cuernos, dos o más pares de alas negras y lo típico de demonios; al creador de este libro no se le ocurrió otra cosa.
Volviendo al tema, cuando era niño mis papás siempre me dijeron que me alejara de las costas y playas, ya que ahí hay criaturas malas; siempre creí que se referían a los tiburones o cosas así. Luego, a los 13 años, me enteré existían sirenas y no crean que son como las de los cuentos, mujeres bellas con cola de pez y de canto glorioso; oh, no, aquí son muy diferentes, son criaturas espantosas con un chillido que vuelve Loco a cualquiera, no sé cómo ustedes piensan que son atractivas, nunca vi una, pero sí las vi en las reliquias y pinturas antiguas de mi pueblo; lo que no sabemos es qué hacen ellas en el mar, no sabemos cómo viven ni por qué viven. Desde aquel incidente con las hadas nunca más volvimos a saber de las sirenas...
Se escuchó la voz de una chica a lo lejos gritando con un tono de molestia en su voz-¡GRAY, APÚRATE! -
Agh, esa es mi estúpida hermana mayor, Mirah... NO LA SOPORTO, pero bueno, es lo que toca vivir, desgraciadamente.
-¡YA VOY! -respondí con otro grito-. No quiero ir a Vaizakia de nuevo. Me cambié rápido y bajé las escaleras. -¿Ahora para qué quieres que vaya a Vaizakia, Mirah?
-Papá logró hacer un negocio con una granja de ovejas y quiero que lleves todo ese heno para los compradores. -Apuntó a una ventana donde se podía ver tres carretones de heno.
Miren, yo sabía que iríamos a Vaizakia, pero no pensé que sería para eso; normalmente solo vamos a traer cosas personales, rara vez es por negocios.
-¡¿QUÉ, TODO ESO?! -Me quedé callado un rato... hasta que volví a abrir mi hocico. -¿Iré solo? -Aunque no me guste la idea de ir con Mirah, no quiero ir solo; siempre fui en compañía de alguien, pero cuando ella dijo "quiero que lleves", me dio a pensar que sí iré solo.
-Sí, solo y agradece que no fueron más carretas de heno.- Corrección: nunca fui solo, hasta ahora. -Y apúrate, porque hay una fecha límite para llevar eso. -Mirah se enojó por mi reacción, SE ENOJÓ, o sea, ¿cómo pretende que lleve todo eso solo? Es un viaje de una semana.
-Bueno, generala, pero me vas a tener que esperar-
Obviamente, no pienso viajar solo; voy a preguntarle a uno de mis amigos si me quiere acompañar; ojalá alguno quiera. Ah, sí, como les decía, mis cuatro y únicos amigos son vaezkas, me caen súper bien, los conozco desde chiquito; lo malo es que no los veo mucho porque tengo que trabajar, en realidad me obligan a cuidar plantas, o sea, son plantas, no se van a raspar las rodillas.
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Kósforening: Strofieh
FantasíaA veces no deberíamos hacerle caso a nuestra curiosidad
