Louis abrió los ojos.
No sabía cuánto tiempo había pasado.
No había cielo. No había suelo. No había paredes.
Solo oscuridad.
Durante unos segundos no pudo recordar nada. Después llegaron los recuerdos.
Harry.
La Ouija.
Su casa.
Niall.
Su padre.
Texas.
Las noches en las que había intentado convencerse de que todo aquello no era real.
Y finalmente...
La última noche.
Louis intentó respirar, aunque no estaba seguro de necesitar hacerlo.
—¿Harry?
Su voz desapareció en la oscuridad.
No obtuvo respuesta.
Por primera vez desde que había conocido a Harry, estaba completamente solo.
Louis se levantó lentamente.
Debajo de sus pies apareció una superficie negra, parecida al agua, pero no se movía.
Dio un paso.
Luego otro.
A lo lejos apareció una pequeña luz.
Louis comenzó a caminar hacia ella.
Cuanto más se acercaba, más fuerte escuchaba una voz.
Una voz que conocía perfectamente.
—Louis.
Se detuvo.
—¿Harry?
La voz volvió a escucharse.
—No debiste venir.
Louis sintió que algo se congelaba dentro de él.
—¿Dónde estás?
Silencio.
Después, una respuesta.
—Yo no te traje aquí.
Louis miró alrededor.
—¿Entonces quién?
La luz frente a él se apagó.
Y una segunda voz respondió desde detrás.
—Nosotros.
Louis se giró.
No había nadie.
Pero en la oscuridad comenzaron a aparecer cientos de ojos.
Y todos estaban mirándolo.
