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El frio piso era lo unico que podia calmar el ardor en sus piernas, las cuales estaban pintadas de muchos golpes, de diferentes colores, unos moretones antiguos, otros empezando a sanar, y otros muchos mas frescos, ya no se veian como esos muslos de piel envidiable, sin ninguna marca, esas piernas lindas que muchas chicas envidiaban, muchos chicos fantaseaban, sus pantorrillas definidas, las rodillas sin ningún rastro de resequedad, ya no existían, ni una sola pizca de ellas.
Le dolían, le ardían, quemaban como el infierno, el frío piso podía calmar un poco esa sensación, o quizá solo era producto de su mente.
Sus brazos al igual que sus piernas, llenas de hematomas grandes, dedos marcados, muñecas ceñidas, no podía moverlos con facilidad, su pómulo inflamado haciendo que su ojo casi se cierre, sus labio reventado y dejando una marca de sangre qué llegaba hasta abajo de su mandíbula, su raíz antes rubia ahora se pintaba de rojo, mechones completos teñidos de rojo aun fresco. Su mirada ida, profundamente ida, sumido en un agujero oscuro y profundo del cual no podía salir, estaba vivo, su cuerpo estaba ahí, sin embargo su interior moría lenta y tortuosamente, le dolia respirar, le ardían el pasar del aire por sus fosas nasales, estaba hecho un bulto de carne el cual solo esperaba el día de su oportuna muerte, por que no anhelaba vivir, ya no, pero no podía quitarse la vida el mismo, era algo que le aterrada a pesar de vivir lo que estaba viviendo, solo pensaba en cuando se acabaría, en cuando le dolería demasiado inhalar qué sería imposible seguir respirando. Anhelaba, eso lo deseaba más que nada.

...

‐ Si, estoy a nada de salir de mi casa... no se preocupe, el contrato esta a nada de cerrarse y cuando eso pase celebraremos señor Kang... si, ahg... no, todo bien no se preocupe, estoy por salir.

Sus oscuros ojos, esos enormes orbes negros lo miraba con seriedad mientras finalizaba la llamada, dejó el móvil con un golpe seco sobre el mesón el cual resonó en esa cocina moderna, con electrodomésticos de colores neutros que costaban demasiado, la isla blanca ahora manchada de color naranja y el vaso moviéndose de un lado a otro.
Dio un pequeño brinco cuando escucho el golpe del teléfono, su mirada permanecía hacia el piso, sus manos temblaban porque sabía que era lo podría suceder.

- ¿Que es lo que sucede contigo?

‐ Lo siento, perdóname por favor, voy a limpiarlo de inmed...

Cerro los ojos con fuerza cuando esa mano grande agarro su caballo con fuerza, le dolia la cabeza horrible, y el agarre hizo su cabeza moverse con fuerza, sintiendo que le explotaría en cualquier momento.

‐ ¿No puedes ser más cuidadoso? Estoy a minutos de irme a trabajar y tú no puedes nisiquiera servir un vaso con jugo... eh~

‐ Perdóname por favor-- su voz era débil, un susurro horrorizado--

Esperaba por el golpe, esperaba sentir ese ardor quemando su mejilla, o la falta de aire al recibir un golpe en el estómago, pero lo único que sintió fue una suave caricia en su mejillas morada por los golpes anteriores, abrió los ojos viendo hacia la nada y llevando su mirada con lentitud hacia el rostro de ese hombre de cabello negro, que lo veía como si el fuera una joya hermosa y muy valiosa.

‐ No quiero golpearte más... no lo haré te lo prometí ¿cierto? ¿Lo recuerdas?

El agarre se hizo más fuerte, sus palabras eran suaves pero su acciones eran todo lo contrarío, sentía que podría arrancarle el mechón en cualquier momento.

‐ ¿Lo recuerdas?

‐S...si~

‐Bien... --sus dedos se aflojaron aventandolo un poco haciendo que el débil cuerpo del rubio se topara con la orilla de la isla-- Entonces procura no ser tan tonto... ¿Me entiendes mi amor?

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