*Capítulo 1 - La princesa equivocada*
*Aveline POV*
Desde que tengo memoria aprendí que en el palacio solo hay dos maneras de ser princesa: ser hermosa, o ser yo.
Caminaba por los pasillos con mi libro pegado al pecho. Los sirvientes se apartaban a mi paso, algunos ni siquiera se atrevían a mirarme. Ya estaba acostumbrada.
La cicatriz de mi rostro había sido tema de conversación desde que era niña. Para unos me hacía ver desagradable, para otros era razón suficiente para no mirarme.
Y luego estaba Celine.
Mi hermana podía entrar a cualquier salón y todas las miradas se iban con ella. Cabello dorado, ojos claros, sonrisa perfecta. Ella sí era la clase de princesa que los reinos querían. La perfecta. La hija perfecta. La futura reina perfecta.
Yo solo era Aveline. La segunda. La de la cicatriz. La que nadie elige primero.
-¡Aveline!
Me detuve. Era mi madre. La reina Isadora estaba al final del corredor con dos doncellas.
-Ven conmigo.
No pregunté. Cerré el libro y la seguí hasta el salón privado de mis padres. Mi padre, el rey Edmund, estaba frente a la ventana con las manos detrás de la espalda. Celine también estaba ahí, y por su cara supe que algo no andaba bien.
-Siéntate -ordenó mi padre.
Obedecí. Celine se sentó a mi lado y mi madre frente a nosotras.
-Hoy recibimos carta de Valthera -dijo mi padre.
Mi corazón dio un vuelco. Valthera. El reino de las montañas, uno de los cinco grandes, con uno de los ejércitos más poderosos del continente. Con el que llevaban meses intentando una alianza.
-El rey Alaric aceptó formalizar la propuesta de matrimonio -continuó.
Miré a Celine. Ella palideció por un segundo y luego recuperó la compostura.
-¿Matrimonio? -pregunté.
Mi padre me miró como si fuera obvio.
-El príncipe Kael.
El nombre quedó flotando en el salón. Kael Draven. Nunca había visto su rostro, pero había escuchado historias. Decían que era el heredero de Valthera, que una enfermedad había arruinado su salud hace años, que había perdido la vista, que ya no podía caminar, que apenas salía de sus aposentos. Pero seguía siendo el heredero legítimo.
-¿Y quién...? -no terminé la pregunta. Sabía quién sería la elegida.
-Celine -dijo mi madre.
Claro. ¿Quién más? Ella era la princesa hermosa, la que podía convertir una alianza política en un matrimonio perfecto.
Celine bajó la mirada.
-No quiero hacerlo.
Mi padre frunció el ceño.
-No estamos hablando de lo que quieres.
-Padre...
-Celine. -Con ese tono la hizo callar.
Yo me quedé en silencio. Entonces mi madre agregó:
-Han llegado rumores preocupantes desde Valthera.
-Se dice que el príncipe Kael está completamente incapacitado -dijo mi padre-. Ciego. Y, según algunos informes, incapaz de caminar.
El silencio se hizo más pesado. Ahora entendía por qué Celine no quería casarse con un hombre al que nunca había visto.
-Debe haber una forma de cancelar el compromiso -susurró ella.
-No -respondió mi padre-. La alianza con Valthera es demasiado importante.
Celine apretó las manos contra su vestido y entonces me miró. Fue un segundo, pero vi algo en sus ojos. Una idea.
-Padre -dijo lentamente-. ¿Y si no fuera necesario cancelar el compromiso?
-¿Qué propones? -preguntó mi madre.
Celine se giró hacia mí y mi corazón empezó a latir más rápido.
-Aveline podría ocupar mi lugar.
Sentí que el aire se me iba.
-¿Qué?
Mis padres no respondieron enseguida. Solo me miraron, como si por primera vez estuvieran considerando algo que jamás habían pensado.
-Aveline también es una princesa de Elaria. El matrimonio seguiría siendo válido -insistió Celine.
-Celine... -la miré.
-Tú no quieres casarte con él. Y yo tampoco -dijo suave.
Mentira. No sé cómo lo supe, pero lo supe. Había algo más que no estaba diciendo.
-¿Por qué yo?
Inclinó la cabeza.
-Porque tú no tienes nada que perder.
Me dolió más de lo que debería.
Mi padre se quedó callado unos segundos y finalmente habló.
-Aveline. ¿Aceptarías casarte con el príncipe Kael Draven?
No pude responder. De repente entendí algo. Toda mi vida pensé que ser la segunda princesa significaba que nunca sería elegida. Y ahora, por primera vez, alguien me había elegido. Solo que no porque me quisiera, sino porque nadie quería estar en mi lugar.
Bajé la mirada a mis manos.
-¿Y si digo que no?
Mi padre no respondió. No hizo falta. No era una pregunta, era una orden disfrazada.
Tragué saliva y, después de unos segundos que parecieron eternos, dije las palabras que cambiarían mi vida para siempre.
-Acepto.
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LA PROMETIDA QUE EL NO ELIGIO
Ficción HistóricaEn el Reino de Elaria existen dos princesas. Celine, la hija perfecta. Hermosa, adorada por todos y destinada a convertirse en la futura reina. Y Aveline, su hermana menor, marcada por una cicatriz en el rostro y acostumbrada a vivir a la sombra de...
