Mudarse a mitad de año tendría que ser ilegal. O al menos debería venir con un manual de instrucciones para sobrevivir al primer día sin querer desaparecer.
Mi mamá insistía en que venirnos a vivir cerca de la zona entre Villarrica y Pucón era lo mejor que nos podía pasar, que la paz del sur y el paisaje nos iban a encantar. Y sí, la vista del lago con el volcán al fondo es increíble, sobre todo en las mañanas cuando todo está lleno de neblina y huele a leña quemada. Pero sentada en la cocina con las cajas todavía sin desempacar, con el frío filtrándose por las ventanas, a mí no me importaba mucho la postal turística. Solo quería que fuera lunes para sacarme este nudo en el estomago.
El instituto me recibió con un cielo gris y una llovizna finita que te arruinaba el pelo en dos segundos. Me ajusté la mochila, respiré hondo y entré con la única meta de pasar desapercibida.
Claro que los planes perfectos duran exactamente dos minutos.
Iba tan pendiente de no tropezarme con mis propios cordones que choqué contra alguien en medio del pasillo. Unos papeles volaron por el aire y cayeron al suelo con un golpe seco.
-Ay, perdón, iba en mi mundo -dije agachándome rapidísimo a juntarlos.
-Tranqui, los pisos de este lugar son una pista de hielo los lunes -respondió una voz con una risa floja.
Al levantar la vista, me encontré con un chico de ojos claros y una sonrisa súper relajada, de esas que te desarman la vergüenza al instante. Me tendió la mano para ayudarme con el último cuaderno.
-Soy Lucas, por cierto. ¿Y tú eres Lía, la nueva de cuarto, no?
Me quedé con el cuaderno a medio agarrar, parpadeando.
-¿Cómo sabes mi nombre si recién puse un pie acá?
Lucas se rio despacio y se acomodó la chaqueta.
-Acá nos conocemos todos, en dos segundos se entera todo el mundo. Ven, te acompaño a secretaría antes de que te pierdas en este laberinto.
Esa charla corta cambió por completo mi semana. Lucas resultó ser de esos tipos que te hacen la vida fácil desde el primer día. En los recreos no me dejó sola ni un rato, me mostró dónde comprar las mejores empanadas y se burló de mi cara de susto con los profes más pesados.
Para el viernes, la idea de empezar de cero ya no daba tanta fiaca. Tenía una rutina, un lugar seguro y, sobre todo, a un amigo con el que las risas salían solas.
Y así, entre cuadernos compartidos, chistes en los pasillos y caminatas bajo los árboles al salir, los días pasaron volando.
Hasta que llegó la tarde en que Lucas me invitó a su casa.
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Crecer Duele
RomanceLía Montenegro llega a un nuevo lugar pensando que empezar de cero será fácil. Nueva casa, nuevo instituto y una vida que todavía no siente suya. Hasta que conoce a Lucas Alcázar, un chico que rápidamente se convierte en su mejor amigo y en la perso...
