El VINO

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CAPÍTULO 1


CASANDRA

Hoy no era un día como cualquier otro. Hoy era la fiesta de presentación de mi nuevo vino y todo tenía que ser perfecto.

Mis padres venían junto a mi hermana Jimena, quien días atrás me había llamado para decirme que quería pasar sus vacaciones aquí junto a su mejor amiga, a lo cual no tuve ningún problema.

Mis padres fueron los primeros en llegar.

Yo estaba en el despacho junto a Gabriela, mi mejor amiga y mano derecha. Nos conocíamos desde pequeñas; nuestros padres eran mejores amigos. Gabriela, al igual que yo, es agrónoma. Estudiamos lo mismo porque nos apasiona el campo.

Estábamos arreglando algunas cosas de la fiesta cuando tocaron suavemente la puerta.

—Adelante —dije.

Era Clara, mi nana de toda la vida y quien se encargaba de todo en la hacienda.

—Mi niña, tus padres llegaron.

—Voy —respondí mientras me levantaba del asiento.

Salí del despacho.

—Hija —dijo mi padre.

—Padre —respondí con una leve sonrisa.

—Mi amor —dijo mi madre.

—Madre —dije, dándole un pequeño abrazo.

—¿Y Jimena? —pregunté.

—Viene en camino. Dijo que se retrasó un poco —contestó mi padre.

Asentí.

—Pónganse cómodos.

Gabriela los saludó cordialmente y salimos hacia el jardín, donde estaban terminando las decoraciones.

Así pasó un rato.

Mientras intentaba regresar adentro, venía mirando mi celular cuando, de pronto, choqué con una joven hermosa.

Cabello negro. Ojos color miel. Un poco más baja que yo.

Nos miramos fijamente; una mirada que decía todo y nada al mismo tiempo.

—Perdón —dijo la chica—. No me fijé.

—Fíjate para la próxima —contesté antes de seguir mi camino.

Pero mientras regresaba al interior de la casa, recordé su mirada y una leve sonrisa se formó en mis labios.

Sacudí la cabeza inmediatamente.

Una voz chillona me sacó de mis pensamientos.

—¡Fea, hola!

—Hermanita querida —dije con sarcasmo.

—¿Cómo estás? —preguntó Jimena.

—Bien, ¿y tú?

Seguimos charlando en la sala junto a mamá y papá. Después de unos minutos, Jimena habló nuevamente.

—Mira, hermana... ahí viene mi amiga.

—Hola —dijo una voz suave y tierna.

Me giré lentamente.

Y ahí estaba ella.

La chica con quien minutos antes me había tropezado.

Ella me miró con algo de pena.

—Olivia Mendoza —dijo mientras extendía la mano.

—Casandra Montenegro —respondí saludándola.

En el momento en que nuestras manos se tocaron, una pequeña chispa eléctrica recorrió mi cuerpo, haciendo que ambas nos separáramos al instante.

Nos miramos durante un breve segundo.

La tarde transcurrió tranquila mientras me aseguraba de que todo estuviera perfecto para la presentación.

Sin embargo, por más que intentaba concentrarme...

La mirada de Olivia rondaba constantemente mis pensamientos.

ENTRE BESOS Y VINOHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora