Ese deseo continuo de encontrarte cuando no quiero, de amarte cuando no debo, de llamarte cuando sé que no quiero que estés. Y, aun así, apareces. Persistes. Te quedas.
Fluyes dentro de mí como un extraño flagelo que altera mi hemoglobina, como una sustancia imposible de eliminar del torrente sanguíneo; el caudal perfecto para transportarme hasta ese hipnotismo antagónico del que no quiero salir, pero del que tampoco sé cómo escapar.
Te amo como un país ama a su cultura: con una pertenencia que no necesita explicación. Te amo como la mentira que, después de repetirse demasiadas veces, termina pareciéndose a una verdad. Te amo incluso en el rechazo, incluso en la contradicción, incluso cuando intento convencerme de que ya no debería hacerlo.
Te amo como se ama de verdad.
Porque amarte no es solamente desearte. Es reconocer en vos un vínculo que me transforma, una fuerza extraña que nos une y que, cuando nos encontramos, parece hacernos más fuertes. Es sentir que entre tu existencia y la mía existe una reacción que todavía no comprendo, pero cuyo resultado siempre termina siendo el mismo: vos dentro de mí.
No quiero que exista un punto final. No quiero un desenlace que determine cuándo termina este juego, ni una última página que nos obligue a aceptar que todo aquello que sentimos tuvo fecha de vencimiento.
Quiero amarte hasta donde alcance la eternidad.
Y, si la eternidad resulta ser demasiado grande para nosotros, entonces quiero inventar una propia.
Como desafío analitico, quiero analizarte sin terminar de comprenderte. Quiero descubrir cada parte de vos, no para reducirte a una explicación, sino para maravillarme cada vez que encuentre algo nuevo. Quiero descubrir en tu aroma cada fragancia escondida, en tu voz cada frecuencia que todavía no conozco, en tus gestos aquellas pequeñas particularidades que hacen que nadie pueda confundirte con otra persona.
Quiero hacer de nuestro amor un lugar único. Un lugar al que podamos volver incluso cuando el mundo nos expulse de todas partes. Un refugio construido con palabras, silencios, miradas y recuerdos; un sitio tan nuestro que, aunque intentáramos desaparecer de él, siempre quedara alguna molécula de nosotros flotando en el aire.
Quiero amanecer junto a vos alguna vez y descubrir que la noche no fue suficiente para separarnos.
Quiero mirarte y pensar que, entre todas las posibilidades que pudo haber producido este universo, de alguna manera terminamos encontrándonos.
Y quizá eso sea lo más absurdo de todo.
Que dos personas puedan existir durante tanto tiempo en un universo inmenso, atravesar millones de caminos, años, decisiones, errores y casualidades, y aun así terminar encontrándose.
Por eso no quiero que este sea el final del juego.
Quiero seguir descubriéndote.
Quiero convertir cada una de tus cualidades en palabras, cada una de tus imperfecciones en poesía y cada recuerdo nuestro en una pequeña evidencia de que alguna vez estuvimos aquí.
Quiero hacer de tu existencia mi musa, no para encerrarte en mis palabras, sino para dejarte vivir dentro de ellas.
Y si algún día alguien pregunta qué fue aquello que sentimos, no quiero responder que fue simplemente deseo.
Quiero decir que fue algo más extraño.
Más profundo.
Algo que no supimos nombrar.
Algo parecido al infinito.
Quiero ser la envidia de los envidiosos y la contradicción de los absurdistas; quiero que nuestro amor sea esa anomalía que nadie consigue explicar, esa pequeña irregularidad en las leyes del universo que demuestra que incluso aquello que parece improbable puede suceder.
Porque quizá amar sea eso: aceptar que no todo puede medirse, demostrarse o explicarse.
Y aun así, intentarlo.
Analizarte como si fueras un fenómeno irrepetible, observarte como si cada movimiento escondiera una nueva variable, estudiarte sin pretender obtener nunca una respuesta definitiva.
Porque no quiero descubrirte por completo.
Quiero tener siempre algo nuevo que descubrir.
Así que, si alguna vez me preguntaras por qué todavía te busco cuando intento olvidarte, por qué apareces incluso cuando no quiero encontrarte, o por qué sigo escribiendo sobre vos cuando prometí dejar de hacerlo, probablemente no tendría una respuesta científica.
Solo podría decirte:
Te amo.
Y quizá esa esta sea la única hipótesis que jamás necesite una demostración...
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ANDRÓMEDA
PoetryAndrómeda es una poesía descriptiva que refleja el sentimiento perfecto y constante de aquello que podemos llegar a sentir cuando nos enamoramos. Como reactivo de ese sentimiento, nace esta hermosa hipótesis, resolvida por mi mente como producto y t...
