Entre clases y silencios

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Entre clases y silencios...

En una escuela tranquila, donde los días pasaban entre tareas y risas de estudiantes, había dos profesores muy distintos.

Fabián, el de biología, era delgado, siempre impecable, con sus lentes que le daban un aire serio. Sus clases eran ordenadas, llenas de explicaciones precisas... aunque a veces se perdía mirando por la ventana, como si pensara en algo más.

Damián, en cambio, era todo lo contrario. Daba taller de comunicación, era más alto, rellenito y con una sonrisa fácil. Su salón siempre estaba lleno de risas, debates y creatividad.

Nadie entendía cómo, pero poco a poco, sus caminos empezaron a cruzarse.

Todo comenzó con algo simple: Damián se quedaba después de clases a platicar con Fabián.

-Oye, Fabi... ¿no te cansas de ser tan serio? -le decía con una sonrisa.

Fabián ajustaba sus lentes, algo incómodo.

-Y tú, ¿no te cansas de hablar tanto?

Damián soltaba una risa.

-No... pero contigo sí me gusta escuchar.

Ese tipo de comentarios dejaban a Fabián sin saber qué decir.

Con el tiempo, esas charlas se volvieron rutina. Compartían café en la sala de maestros, caminaban juntos por los pasillos vacíos, y a veces, sin darse cuenta, se quedaban en silencio... pero un silencio cómodo.

Una tarde, mientras llovía, la escuela quedó casi vacía.

Fabián estaba en su salón revisando cuadernos cuando escuchó la puerta abrirse.

Era Damián, empapado y sonriendo.

-Se me olvidó el paraguas... ¿puedo quedarme aquí un rato?

Fabián asintió.

El sonido de la lluvia llenó el salón. Damián se sentó cerca, más cerca de lo normal.

-Fabi... -dijo en voz baja-. ¿Alguna vez te has dado cuenta de que siempre estoy aquí contigo?

Fabián lo miró, confundido.

-Sí... supongo.

Damián bajó la mirada un segundo y luego sonrió, pero diferente... más nervioso.

-No es casualidad.

El corazón de Fabián empezó a latir más rápido.

-¿Qué quieres decir?

Damián lo miró directo a los ojos.

-Que me gustas.

El silencio fue inmediato. Solo la lluvia seguía cayendo.

Fabián sintió mil cosas al mismo tiempo. Nunca había pensado en eso... o tal vez sí, pero nunca lo había aceptado.

-Yo... -intentó hablar, pero no le salían las palabras.

Damián se levantó un poco, nervioso.

-Está bien si no sientes lo mismo. Solo... quería que lo supieras.

Pero antes de que pudiera irse, Fabián tomó suavemente su brazo.

-No... espera.

Damián se detuvo.

Fabián respiró hondo.

-No soy bueno con esto... pero... creo que también me gustas.

Damián se quedó quieto unos segundos... y luego sonrió, como nunca antes.

-¿En serio?

Fabián asintió, un poco sonrojado.

Damián se acercó un poco más, con cuidado.

-Entonces... ¿puedo quedarme... no solo hoy?

Fabián lo miró, y por primera vez, sonrió sin reservas.

-Sí.

Afuera, la lluvia seguía cayendo... pero dentro del salón, algo nuevo comenzaba.

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⏰ Última actualización: Sep 18 ⏰

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