cap 1

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El sonido de la lluvia golpeando los ventanales altos del edificio de Humanidades era lo único que lograba competir con el murmullo monótono del profesor de Literatura Contemporánea. Min Yoongi mantenía la mirada fija en su cuaderno, aunque el papel permanecía casi en blanco, salvo por un par de líneas de un pentagrama que había dibujado distraídamente en el margen superior. Para Yoongi, la universidad no era un lienzo en blanco de promesas idílicas; era un refugio. Venía huyendo del ruido de su ciudad natal, de las expectativas familiares y de un cansancio crónico que parecía haberse instalado en sus huesos desde hacía años. Su único objetivo real en la facultad de Música era pasar desapercibido, graduarse y encontrar un rincón silencioso donde componer.
La puerta de madera del aula crujió, interrumpiendo la lectura del profesor.
-Llega tarde, señor Kim -dijo el docente, sin levantar la vista de sus hojas.
-Lo siento, doctor. El tráfico cerca de la facultad de Artes estaba imposible -respondió una voz profunda, ligeramente ronca, que arrastraba las palabras con una seguridad casi perezosa.
Yoongi no levantó la cabeza, esperando que el recién llegado ocupara cualquiera de los asientos vacíos de las primeras filas. Sin embargo, escuchó unos pasos firmes avanzar hacia el fondo del salón. El olor a tabaco mentolado y lluvia fresca se instaló a su lado justo un segundo antes de que una mochila de cuero gastado golpeara la mesa contigua.
-¿Está ocupado? -preguntó el chico.
Yoongi parpádeo y finalmente lo miró. Kim Taehyung lo observaba con una media sonrisa arqueada en los labios. Tenía el cabello castaño sutilmente alborotado por el viento y unos ojos oscuros, almendrados, que parecía analizar todo a una velocidad vertiginosa. Vestía una chaqueta de mezclilla demasiado grande y varios anillos de plata que tintinearon cuando apoyó las manos en el pupitre.
-No -respondió Yoongi, volviendo la vista a su cuaderno de inmediato.
-Genial.
Taehyung se dejó caer en la silla con una familiaridad exagerada, como si conociera a Yoongi de toda la vida. Durante la siguiente hora, Yoongi intentó ignorar la presencia a su lado, pero era difícil. Taehyung no paraba de moverse tamborileaba los dedos sobre la madera, suspiraba dramáticamente cada vez que el profesor extendía una explicación y, de vez en cuando Yoongi sentía la fijación de su mirada sobre su perfil. Casi al final de la clase, el profesor anotó tres títulos en la pizarra.
Necesito que formen parejas para el análisis del próximo martes. No quiero trabajos individuales -sentenció el maestro antes de empezar a guardar sus libros.
Yoongi suspiró con frustración. Detestaba los trabajos grupales. Estaba dispuesto a esperar a que el aula se vaciara para pedirle al profesor una excepción, cuando una sombra se interpuso entre él y la pizarra.
-Parece que el destino insiste en que seamos tú y yo, vecino -dijo Taehyung, recostándose contra el borde del pupitre de Yoongi.
-Puedo hacerlo solo. Le pediré permiso al profesor -replicó Yoongi, ordenando sus bolígrafos con lentitud deliberada.
Taehyung soltó una risa baja, un sonido vibrante que pareció resonar directamente en el pecho de Yoongi.
-Es un viejo amargado no te va a dejar. Además, te aseguro que soy buen compañero Consigo buen café y se escribir cosas bonitas cuando me lo propongo. Soy Kim Taehyung por cierto. De tercer año de Artes Visuales.
Yoongi miró la mano tendida del menor. Tenía los dedos largos y las uñas ligeramente manchadas de pintura acrílica azul en los bordes. Dudó un segundo antes de estrecharla. La piel de Taehyung estaba inusualmente cálida.
-Min Yoongi. Primer año de Música.
-Música -repitió Taehyung, ensanchando su sonrisa y modulando el nombre como si lo estuviera probando en su boca- Me gusta. Nos vemos el viernes en la cafetería central a las cuatro para empezar, ¿te parece bien, Yoongi-hyung?
Yoongi se tensó sutilmente ante el honorífico tan repentino, pero antes de que pudiera replicar, Taehyung ya se había colgado la mochila al hombro. Caminó hacia la salida con una zancada elegante, despidiéndose del profesor con una reverencia perfecta que contrastaba con su actitud rebelde. Yoongi se quedó sentado unos minutos más, mirando el asiento vacío a su lado, con una extraña sensación de que el silencio que tanto había buscado empezaba a agrietarse.

acordes desafinados Stories to obsess over. Discover now