En un mundo en el que los seres humanos no existen -o al menos no como los conocemos-, los habitantes de la sociedad son condones.
En ese lugar vivía un pequeño condón llamado Durex. Era considerado un poco "rarito" porque tenía un sentido del humor peculiar y jamás encajaba con los estándares establecidos. Durex apenas tenía cuatro amigos, y tanto ellos como todos a su alrededor disfrutaban de una relación amorosa; todos excepto él. Nadie lo quería porque la mayoría ni siquiera se daba el tiempo de conocerlo. Las demás personas se espantaban al ver que nunca se quedaba callado ante una injusticia, que siempre luchaba por la igualdad y que hacía todo lo posible por no excluir a nadie.
Durex era infinitamente compasivo, pero estaba "roto": tenía una pequeña imperfección física que lo hacía lucir horrible a los ojos de los demás. Esa era, quizás, una de las razones más evidentes de su rechazo.
Cansado de la soledad, Durex decidió unirse a una aplicación de citas, pero pasaron los meses y no logró hacer match con nadie. Un día, profundamente deprimido, fue a una cafetería. Allí solo podía observar a las parejitas felices mientras él continuaba completamente solo. Se había enamorado incontables veces, pero siempre lo dejaban con el corazón hecho pedazos, por lo que terminó perdiendo la fe en el amor.
Pasaron tres años hasta que conoció a alguien. Pensó, de forma ilusa, que esta vez sería diferente; sin embargo, aquella persona solo lo usó y lo desechó como si fuera basura. Dejó al pobre Durex roto emocionalmente. Definitivamente no volvería a creer en el amor: lo habían utilizado como a un juguete para luego abandonarlo sin contemplación.
Con el pasar del tiempo, y a pesar de todo el dolor que le causó su ex, aún la extrañaba. Cada maldita vez que veía a una pareja feliz, no podía evitar pensar en que, tal vez, las cosas pudieron haber sido diferentes.
Lamentablemente, Durex enfermó gravemente del corazón y no le quedaba mucho tiempo de vida. Su último deseo era ser feliz; no quería irse siendo un condón triste, solo quería ser un condón enamorado de la persona a la que amaba. Pero la duda lo carcomía en sus últimos días: ¿quién lo amaría a él?
