Dia 18 de septiembre de 1889
Caminaba sola por las calles de Caen, no traía nada encima, solo un proposito; ayudar.
Uno de los niños del orfanato me informó sobre la situación de aquel horrible lugar, que lastimosamente era la que me esperaba. No les daban de comer ni se molestaban en cuidar a los niños, igual que cuando yo vivía allí.
Por eso mismo salgo yo a hacer el trabajo sucio por ellos, les consigo comida. Comida que no me puedo permitir.
Los niños del orfanato no son familiares míos ni mis mejores amigos, pero los amo con mi alma y los trato como alguna vez me hubiese gustado ser tratada, sobre todo a Jules, el pequeño niño que fue lo suficientemente valiente para pedirme ayuda.
Observo y analizo los puestos de comida, no le robo al mas vulnerable, sino al mas malo.
Tengo muy buen oido y vista, y sé perfectamente quienes están metidos en trabajos feos. Como el vendedor del puesto color rojo, por ejemplo.
—Buenos días.— le digo.
—Buenos días, niña.— Responde viéndome de arriba abajo.
Su puesto es bastante conocido, se supone que es comida de calidad, por eso muchos sabemos quien es. Lo vi siéndole infiel a su esposa, de hecho se que él no esta al tanto de eso.
—¿A cuanto el pan?—
—20 francos—
¿Perdon? ¿20 francos? Que caro, incluso para mi que lo voy a robar.
—¿Y la fruta?—
—50 francos—
—Muy caro ¿no?—
—Vaya a otra tienda a comprar entonces, no me hagas perder mi tiempo, mocosa— contesta de mala gana.
Hijo de puta.
Me hago la que sigo mirando, y cuando se distrae ¡ZAS! Hecho a correr. Con pan debajo de mi abaya, por supuesto.
—¡Parenla! ¡Me acaba de robar!— grita con todas sus fuerzas.
Que llorón, los hombres van a la guerra.
Varias personas me miran correr, algunas intentan detenerme, y cuando me doy cuenta, estoy en un callejón. Sin salida.
Por mi raza, que estúpida soy a veces.
Doy la vuelta y corro otra vez rezando internamente para no encontrarme con ningún de los gardiens que suele haber por aquí vigilando la zona. Pero me encuentro algo peor.
Veo a lo lejos a los guardias del palacio, y no tardan en correr tras de mi.
Corro hasta que mis piernas se cansa, sin rumbo, cruzo calles, tiendas, personas, pero no logro distraerlos y siento que no doy para mas.
En un momento me choco con un duro pecho, es uno de los guardias del palacio. Me agarra y por mucho que peleo no logro escaparme de él. El vendedor esta a lo lejos y se acerca.
—¡Te voy a mandar a la carcel por robarme! ¡Loca!—
—Vete a la mierda, puto infiel.— contesto
Veo como se queda estático un segundo, para después seguir con sus amenazas, ni me inmuto, no quiero darle la satisfacción de verme preocupada por mi futuro, aunque en realidad lo estoy.
El guardia que me tenia agarrada me sube a la carroza para llevarme al calabozo, pero el vendedor les grita y les exije que me lleven a donde el rey, y lo peor es que le hacen caso.
...
Llevo 20 minutos en la carroza, y aún no suelto ni una palabra. Se que me llevaran donde el rey, y se que el decidirá que hacer conmigo.
De repente frenan, y sin ninguna delicadeza me sacan los guardias de la carroza.
—¡Con cuidado, joder!— les grito.
Me arrastran adentro del palacio, al salón de trono para ser especifica, y pasamos por los pasillos y otras salas. Todo es bonito y grande, el interior desborda drama mediante formas curvas, espirales y relieves dinámicos combinados con colores profundos y oro, es barroco por supuesto.
Llegamos y sin pudor me lanzan, donde caigo de cara al suelo.
—Hijos de puta.— comento.
—Respeto.— escucho a alguien decir.
Levanto mi mirada y hago contacto visual con un señor, a mi alrededor esta el vendedor y en el trono sentado el rey. Mirándome fijamente.
Y yo tirada en el suelo como una imbécil, genial.
El señor se presenta como acompañante del rey, y será el que llevara a cabo la solución de este "inconveniente".
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LIBERTAD LIMITADA
RomanceSabrine no era una mala mujer, no estaba ni cerca de ser una, pero a veces pasan cosas inesperadas... Despues de intentar ayudar a los pequeños del orfanato, acaba arrodillada delante del rey, indispuesta a cumplir con su absurdo castigo.
