Hola...
Soy Amelia. Amelia Kennet.
Hace poco más de tres meses terminé la secundaria y, mientras escribo esto, voy camino a la que será mi nueva vida.
Westbridge, Massachusetts.
Queda bastante lejos de Savannah, Georgia, la ciudad en la que crecí y donde absolutamente todo me resulta familiar. Así que sí... el cambio es enorme. Una ciudad nueva, un clima completamente distinto, un campus que no conozco, personas que jamás he visto y la maravillosa tarea de empezar prácticamente desde cero.
Nada aterrador.
Para nada.
Voy a estudiar Ingeniería Civil Industrial en Westbridge University. Y, aunque decirlo en voz alta suena bastante presumido, siempre he sido lo que muchos llamarían una cerebrito. Durante la escuela recibía premios por mis notas, reconocimientos académicos y todas esas cosas que hacen felices a los profesores y que, en ocasiones, consiguen que tus compañeros te miren como si pasaras tus noches leyendo enciclopedias.
No era exactamente así.
Bueno... quizá un poco.
La única persona que viene conmigo es mi mamá.
Ella es mi mayor confidente, mi lugar seguro y, probablemente, la responsable de que hoy esté metida en esta aventura. Fue ella quien me convenció de postular a Westbridge. También estudió aquí hace años y, gracias a su orientación, logré conseguir varias becas.
Aunque eso no significa que seamos solo nosotras dos.
También está mi papá. Lo quiero muchísimo, pero trabaja bastante y casi siempre tiene horarios imposibles, así que no pudo acompañarnos en este viaje. Aun así, sé que está pendiente de mí incluso cuando no lo demuestra demasiado.
Y después está mi hermano, que es dos años mayor que yo. Como todo hermano mayor, puede ser insoportable cuando quiere, pero también es de esas personas que siempre terminan estando cuando realmente las necesitas.
Mis becas
Para conservarlas tengo dos condiciones bastante claras: mantener un excelente rendimiento académico y formar parte de algún equipo deportivo de la universidad.
Las buenas notas no me preocupan demasiado.
El deporte... ese es otro tema.
Digamos que nunca he sido precisamente una atleta. En toda mi vida solo he practicado dos deportes: gimnasia artística y esquí. Así que, cuando llegue al campus, tendré que revisar qué opciones existen y rezar para encontrar algo en lo que no haga el ridículo durante mi primera semana.
Además de todo eso, no conozco absolutamente a nadie.
Y quizá eso sea lo que más me inquieta.
Quiero hacer amigos rápido, encontrar mi lugar y evitar convertirme en esa chica extraña que se sienta sola al fondo de la sala y almuerza mirando el teléfono para fingir que está ocupada.
En la escuela nunca fui de las que llamaban demasiado la atención. Tampoco era invisible. Simplemente... estaba ahí. Tenía mis amigos, buenas notas y una vida bastante tranquila.
Algún chico intentó coquetear conmigo de vez en cuando, pero nunca pasó de eso.
Y sinceramente, no tengo planes de llegar a la universidad para terminar sufriendo por un hombre.
Tengo una beca que conservar, una carrera que sacar adelante y una vida completamente nueva por construir.
Los chicos pueden esperar.
Al menos, eso pensaba antes de llegar a Westbridge.
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Bajo las luces del estadio
FantasíaLlegue a la universidad me hice amigos y no sabía que apenas entrar me toparía con el chico más guapo de la universidad y así también al Chico guapo de la otra universidad cercana, no sé qué pasará pero lo único que sé es que nada será igual
