HÉCTOR EN LOS INFIERNOS
escrito por Juan García
PERSONAJES:
Por orden de incorporación
HÉCTOR...
ELIA...
PAU...
ULISES...
JORNALERO...
ACTO PRIMERO
(La escena transcurre en la plaza principal del pueblo. Un espacio rodeado de muros de piedra. No hay nada encima del suelo, excepto una silla vieja de madera, colocada en el lateral del escenario. Comienza a sonar una melodía de piano muy sutil. ELIA está sentada en la silla con la mirada perdida en el suelo. Entra HÉCTOR corriendo, aliviado al encontrarla.)
HÉCTOR... Llevo media hora esperándote en la puerta de la iglesia, Elia. Por un momento pensé que hoy no vendrías.
ELIA... (Con la mirada clavada en las piedras) No debería haber venido, Héctor. Cada tarde pienso lo mismo, mientras cruzo la calle.
HÉCTOR... (Acercándose, con suavidad) Pero, por lo que sea, estás aquí. Siempre dices las mismas palabras, y tus pasos te llevan al mismo sitio. ¿Por qué hoy tienes esa cara tan larga?
ELIA... (Se levanta bruscamente, alejando su mirada) ¡Porque cada vez que recorro esta plaza para verte, siento que las piedras me queman el calzado... ¡Siento que los ojos de mi padre me están mirando desde el suelo... (Cae de rodillas, con la mirada perdida en el suelo, de nuevo)
HÉCTOR... Elia, ¡deja ya el pasado! Tu padre falleció en prisión... Entiendo que el dolor no se cura y es eterno, pero nosotros no tenemos que tragarnos la culpa de la mala suerte de los viejos. El destino es el que es.
ELIA... (Se vuelve a levantar, y agarra del hombro a HÉCTOR) ¿Mala suerte, Héctor? ¿Tienes la fortuna de soltar esas palabras por tu boca? Mi padre murió entre rejas, se pudrió en esa maldita cárcel, después de cargar la culpa de aquel robo. ¡Todo el pueblo lo acusó de ladrón en esta misma plaza! Lo encerraron amargamente... y se dejó morir de la vergüenza.
HÉCTOR... (Lentamente, intentando calmarla) Lo sé, soy totalmente consciente de que el pueblo fue así de injusto. Pero mi padre te ha tendido la mano. Ulises os ha permitido vivir en la casa a las traseras del pozo, y no os ha cobrado nada... ¡Os ha dado trabajo... Él es un hombre bueno, intenta ayudaros...
ELIA... ¿Tu padre... ¡Tu padre nos da diariamente las migas de los restos que sobran en la mesa, para limpiar su conciencia ante los vecinos! Pasea por esta misma plaza, como si fuera el rey del mundo, pisando estas magníficas piedras que mi padre picó antes de que le arruinaran la vida.
HÉCTOR... ¡No hables así de él, Elia... ¡No te lo permito... Mi padre levantó todo el patrimonio con el sudor de su frente, y su temerosa astucia. Si estamos juntos en este lugar, es porque te amo, no por lo que sucedió años atrás. Olvida la sombra de tu padre por una tarde, sólo te pido una tarde.
ELIA... ¿Olvidad la sombra, dices? Es muy fácil pedirle al desierto que no tenga sed, Héctor. Tú te despiertas todos los días en tu cama, bajo un techo que no gotea, en unas sábanas limpias, y sientes orgullo al mirar el retrato de tu padre. Yo miro las paredes caídas de mi casa, y escucho el silencio que dejó el mío cuando se lo llevaron esposado.
HÉCTOR... (Agarra del rostro a ELIA, que comienza a temblar pero no aparta la cara) ¡Mírame a los ojos, Elia... ¡Mírame! ¿Ves el patrimonio de mi padre? ¡No! ¡Me ves a mi... Ves a una persona que todas las noches se queda en vela esperando que amanezca el día para recorrer toda la plaza en busca tuya, y comprobar que respiras el mismo aire que yo.
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HÉCTOR EN LOS INFIERNOS
Ficção CientíficaEn un pueblo marcado por el silencio y el miedo, la historia de amor entre Héctor y Elia se sostiene sobre una brecha irreparable: diez años atrás, Saúl, el padre de Elia, murió en prisión tras ser encarcelado injustamente por un robo que jamás come...
