El frío metal del escenario de Alien Stage vibraba bajo los pies de Mizi. Frente a ella, los ojos oscuros y profundos de Sua la miraban con una fijeza que le helaba la sangre. Los miles de alienígenas en las gradas vitoreaban, sedientos de entretenimiento, esperando el clímax de la Ronda 1.Mizi cantaba con el alma, sosteniendo el micrófono con fuerza, creyendo ingenuamente que si ambas daban su mejor esfuerzo, los amos encontrarían una forma de salvarlas a las dos. Pero Sua sabía la verdad. Sua miraba el marcador digital arriba de sus cabezas.Mizi: 92. Sua: 91.
Sua bajó lentamente el micrófono. Quedaba un último verso de "MY CLEMATIS". Si dejaba de cantar ahora, el marcador se cerraría. Mizi ganaría. Y ella... ella sería ejecutada en ese mismo instante. Sua sonrió con una tristeza infinita, preparándose para cerrar los ojos y dejarle a Mizi su recuerdo más preciado «Es la única forma de que vivas...», pensó Sua. Pero el destino, esta vez, tenía otros planes.
Detrás de las pantallas gigantes, escondidos en los conductos de ventilación del estadio, unos dedos rápidos tecleaban en una computadora portátil. Ivan, con su habitual sonrisa fría pero la mirada llena de una determinación feroz, asintió hacia la silueta que estaba a su lado.—El sistema de collares está en bucle. Tienes exactamente sesenta segundos, Hyuna —susurró Ivan a través del comunicador.En el escenario, justo cuando el dedo del verdugo alienígena se posaba sobre el botón de ejecución, las luces del estadio se apagaron por completo.
Un silencio sepulcral, seguido de un rugido de pánico entre la audiencia extraterrestre, inundó el lugar. Las pantallas gigantes chisporrotearon y se tiñeron de estática. Los collares de Mizi y Sua emitieron un pitido sordo y se abrieron, cayendo al suelo con un tintineo metálico.
—¿Sua? ¡¿Sua, dónde estás?! —gritó Mizi en la oscuridad total, entrando en pánico, extendiendo las manos a ciegas.De repente, una mano firme, cálida y de dedos largos la sujetó de la muñeca. Pero no era Sua.—Cállense y corran si quieren vivir —ordenó la voz rasposa y segura de Hyuna.
Con un movimiento rápido, Hyuna jaló a Mizi, mientras que con el otro brazo rodeaba la cintura de Sua, quien miraba la escena en completo shock. Su plan de sacrificio pacífico se había desmoronado en un segundo.
—¡Espera! ¡Till! ¡Ivan! —exclamó Mizi mientras eran arrastradas hacia la parte trasera del escenario.
—Ellos ya van en camino al transporte. Muévanse —respondió Hyuna, disparando su arma de pulsos contra las compuertas de seguridad para forzar la salida.
En los pasillos subterráneos, el caos era absoluto. Alarmas rojas parpadeaban iluminando las paredes de metal gris. Corriendo unos metros más adelante, Till maldecía entre dientes mientras arrastraba a un exhausto Luka, a quien Ivan había liberado a la fuerza de su celda premium solo unos minutos antes.
—¡Te dije que no podíamos dejarlo! —gritaba Ivan, empujando a Till para que no disminuyera el paso, a pesar de que los guardias alienígenas ya les pisaban los talones —¡Cállate y sigue corriendo, idiota! —le devolvió Till, aunque en su rostro se notaba el alivio puro al ver que, a lo lejos, Hyuna aparecía escoltando a Mizi y a Sua intactas.
El grupo completo corrió hacia las compuertas de carga pesada, donde una enorme nave de la resistencia humana los esperaba con los motores rugiendo. Saltaron al interior justo cuando las compuertas blindadas de la fortaleza alienígena empezaban a cerrarse.
Hyuna golpeó el botón de despegue y la nave salió disparada hacia la atmósfera, dejando atrás las luces parpadeantes y la tiranía del Anakt Garden.Dentro de la cabina, el silencio se apoderó del grupo. El peligro inmediato había pasado.
Mizi, temblando de la cabeza a los pies, se giró lentamente hacia Sua. Sua la miraba con los ojos muy abiertos, aún asimilando que estaba viva, que el plan de morir por Mizi no había sido necesario.
—Sua... —susurró Mizi, con la voz rota por las lagrimas.
Sin importarle la presencia de Till, Ivan o los rebeldes, Mizi se lanzó hacia adelante y envolvió a Sua en el abrazo más fuerte de su vida. Sollozó contra su cuello, escondiendo el rostro en su cabello oscuro.
—Estoy aquí, Mizi. Estamos aquí —susurró Sua, permitiéndose por primera vez en su vida llorar de alivio verdadero.
A unos metros, Till se sentó en el suelo, exhausto, apoyando la cabeza contra la pared de la nave. Ivan se sentó a su lado, estirando las piernas y mirándolo con una sonrisa de medio lado, ganándose un empujón fastidiado (pero suave) de parte de Till. Al fondo, Luka miraba sus manos libres de cadenas, respirando el aire puro de la libertad por primera vez.
La nave de la resistencia se perdió en el espacio profundo, guiada por Hyuna hacia un planeta Tierra oculto, donde la música ya no se cantaría para sobrevivir, sino para celebrar que, contra todo pronóstico, todos habían logrado salvarse.
