Los Guardianes

5 0 0
                                        

En una época en la que los seres con habilidades extraordinarias comenzaban a integrarse poco a poco en la sociedad, el miedo seguía aferrado al corazón de millones. La existencia de personas capaces de volar, alterar la materia, manipular fuerzas naturales o resistir daños imposibles ya no pertenecía únicamente a rumores y titulares sensacionalistas; formaba parte de la realidad cotidiana. Aun así, aquella nueva normalidad estaba lejos de ser tranquila. La criminalidad aumentaba en distintas regiones del planeta y, con ella, también aparecían individuos capaces de utilizar esos dones para sembrar caos, extorsionar ciudades enteras o convertir un simple robo en una amenaza que la policía convencional no podía contener.

Por fortuna, no todos utilizaban sus capacidades para destruir. También existían quienes estaban dispuestos a ponerse entre el peligro y los inocentes, hombres y mujeres que arriesgaban la vida enfrentándose a amenazas que superaban cualquier protocolo militar conocido. Para organizar a esos individuos y evitar que cada héroe actuara por cuenta propia, nació Laboratory, una empresa dedicada a reunirlos, entrenarlos, asignarles misiones y proporcionarles los recursos necesarios para que pudieran vivir de aquello que hacían.

Con el tiempo, Laboratory dejó de ser simplemente una organización para convertirse en una institución internacional. Sus héroes aparecían en transmisiones televisivas, periódicos, campañas públicas y zonas de conflicto. Para muchos eran símbolos de esperanza; para otros, armas humanas bajo el control de una empresa demasiado poderosa. Sin embargo, incluso dentro de una estructura tan grande, no todos ocupaban el mismo lugar.

Por encima del resto estaba un nombre que casi cualquier persona reconocía.

Los Guardianes.

Eran el rostro de Laboratory, su equipo de élite y, para buena parte del mundo, la primera línea de defensa frente a cualquier amenaza que superara las capacidades de las autoridades convencionales. Cada uno de sus integrantes había construido una reputación propia antes de convertirse en parte del grupo.

Burst, considerado el hombre más rápido con vida.

Heather, un alienígena que había encontrado un hogar en la Tierra y jurado utilizar sus capacidades para protegerla.

Frost, una guerrera capaz de someter el hielo a su voluntad.

Gravitón, dueño de una de las habilidades más peligrosas conocidas: la capacidad de alterar la gravedad.

Y Atom Beam o Peter Lewis para quienes tenían suficiente confianza para llamarlo por su nombre.

Un hombre cuyo poder atómico podía cambiar por sí solo el curso de una batalla.

México, 1986.

El exterior del Banco Nacional de México parecía una zona de guerra.

Patrullas policiales bloqueaban las calles en ambos sentidos mientras camionetas antidisturbios terminaban de cerrar el perímetro. Los agentes habían obligado a los curiosos a retroceder varias cuadras, aunque eso no impedía que decenas de personas se amontonaran detrás de las barricadas intentando ver algo entre hombros, cascos y vehículos.

Del interior del banco no llegaban negociaciones.

Solo amenazas.

Y disparos.

—¿Cuál es la situación? —preguntó el sargento mientras se acercaba a uno de los oficiales apostados detrás de una patrulla.

El hombre mantenía el arma apoyada contra el capó, sin apartar la vista de las ventanas del edificio.

—Son agresivos y tienen rehenes. No sabemos cuántos. —Hizo una pausa y miró al sargento—. ¿Cuál es el plan?

—Esperamos a los negociadores. Nadie entra hasta entonces.

Laboratory 1 - La Caída de un Dios (2026)Stories to obsess over. Discover now